Mirar el cielo estrellado –un pasatiempo practicado en la actualidad sólo por románticos impenitentes refractarios a ofertas de la modernidad como la fascinante experiencia de exponer intimidades en Facebook y similares, a comunicarse obsesivamente con las ficciones de ¿humanidad? que pueblan el ciberespacio y a las delicias onanistas del sexo virtual por internet– puede tornarse complicado en el futuro.
Es que la velocidad de la formación de estrellas nuevas en las galaxias espirales se ha dividido por cinco en los últimos tres mil millones de años, según datos recogidos por el telescopio Herschel y revelados el jueves pasado por la Agencia Espacial Europea (ESA).
Hace tres mil millones de años “las galaxias formaban las estrellas a una velocidad cinco veces más elevada que la que conocemos hoy”, indicó a la AFP el científico Steve Eales en los edificios de la ESA situados en Noordwijk, en el oeste de Holanda.
Los científicos sabían ya que la formación de estrellas era más prolífica hace varios miles de millones de años, pero el telescopio Herschel ha sido capaz por primera vez de empezar a medir la velocidad de la disminución, explicó Eales en conferencia de prensa.
El telescopio Herschel, gracias a una tecnología con infrarrojos, permitió a los científicos ver galaxias hasta ahora escondidas por nubes de polvo cósmico. La mayoría tiene forma de espiral, como la Vía Láctea.
Lanzado en mayo de 2009, el Herschel, el mayor telescopio jamás enviado al espacio, gira en órbita a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
“Lo que el Herschel ha sido capaz de hacer gracias a la longitud de onda que observa es ver de repente a numerosas galaxias en el universo vecino” que se encuentran a una distancia de 3.000 a 4.000 millones de años luz, añadió Eales.
La disminución de la formación de estrellas, de la que los científicos desconocen los motivos, sugiere que “en un momento dado, las estrellas ya no se formarán”, salvo si las condiciones solares cambian, según el científico.
Los investigadores también anunciaron que el Herschel había logrado observar una estrella embrionaria que podría convertirse en “una de las más masivas y de las más brillantes de nuestra galaxia” y alcanzar más de ocho veces el tamaño del Sol.
“Las estrellas masivas son poco comunes y efímeras”, explicó la ESA en un comunicado. “Observar una de ellas en el momento en el que se forman representa para los astrónomos una fabulosa ocasión para tratar de resolver una paradoja sobre la que se interrogan desde hace tiempo”, agregó.
Según la científica Anni Zavagno, la luz emitida por estas estrellas gigantes es de tal intensidad que debería impedirles “acumular materia” y seguir desarrollándose.
“Según los conocimientos actuales, la formación de estrellas de una masa superior a ocho veces la del Sol no debería ser posible”, indicó Anni Zavagno.
Entender cómo estas estrellas “imposibles” se han formado es clave, según Zavagno, porque “controlan la evolución dinámica y física de las galaxias”.