Rosario, viernes 25 de septiembre de 2026
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Rosario, viernes 25 de septiembre de 2026

¿Realmente falta inversión en el país?

Por: María Iglesia

Muchas veces se menciona la falta de inversión en la Argentina. Los empresarios reclaman mayor seguridad jurídica y menos cambios en las reglas de juego para decidir disponer de fondos para ampliar plantas, comprar nueva maquinaria y hasta para contratar a más personal. Sin embargo, los números de inversión no lucen tan desalentadores como parecieran. De hecho, en 2009 representó un 21 por ciento del PBI, un porcentaje superior a todo el período de convertibilidad. “Si bien a partir de 2007 se embarcó en una fuerte contracción, aún se  encuentra en niveles superiores a los máximos de la década pasada”, sostiene un informe de la consultora del economista Federico Muñoz. En ese sentido, en los 90, el máximo ratio al que se llegó de inversión medida en términos del producto fue en 1998, con un 20 por ciento. Y, el mínimo, en plena crisis de fines de 2001 y 2002, cuando tocó el piso de 12 por ciento.

No obstante, cuando se analizan los componentes de la inversión surge que una de las razones por las que la inversión logró sostenerse en niveles relativamente elevados en los últimos años fue el auge del aporte del sector público. En cambio, durante los 90 la formación de capital por parte del sector público fue prácticamente nulo, ya que nunca superó el equivalente a 1,5 por ciento del PBI, y cerró la década en 0,9 por ciento del producto. Sin embargo, luego de la Convertibilidad empezó una etapa de expansión acelerada que, sumada al crecimiento de la inversión concretada por el sector privado, impulsó a que se llegara a un 24,2 por ciento del PBI en 2007, el récord de participación en la economía argentina. “Desde entonces, el aumento de la incertidumbre en el escenario local, más el estallido de la crisis internacional, enfriaron la vocación del sector privado por seguir hundiendo capital en el país. En contrapartida, la Inversión Pública aceleró su dinamismo y compensó parcialmente el menor esfuerzo inversor privado”, explica Muñoz. En ese sentido, en 2009 la formación bruta de capital del sector público creció un 54 por ciento anual hasta representar 4 por ciento del PBI. Con esta expansión, el aporte público alcanzó una participación del 18 por ciento en el total de la inversión, y con duplicó la participación promedio durante la convertibilidad.

Otro factor que incide en que los números de inversión no representen la sensación de falta de ésta es que el componente de la formación bruta de capital fijo concretada desde el sector público es, en su mayoría, construcción. De hecho, según los últimos datos del Indec, que hablan de un aumento de la edificación en agosto de un 7,2 por ciento en la comparación con el mismo mes del año pasado, evidencia que la obra pública registró una expansión de 2,8 por ciento mensual mientras que la privada evidenció una caída de 1,6 por ciento en el mismo período. “Queda en evidencia entonces que el buen momento actual de la construcción se sostiene en buena medida por el aporte del sector público”, razona Muñoz, al tiempo que agrega que “en 2009 la inversión de los gobiernos nacional y provinciales en obras de infraestructura, viales y vivienda trepó al 27 por ciento de la inversión total en Construcción; dos veces y media su participación promedio durante la convertibilidad”. Es así cómo, a pesar de que los números de la inversión luzcan abultados, existen ciertos factores que hacen que este crecimiento no signifique una mayor expansión de la capacidad productiva del país, uno de los grandes temas pendientes de la economía.