Su primera aparición “popular” fue en el país durante los Panamericanos de Mar del Plata 1995. Si bien fu debut había sido ese año unos meses antes en el Champions Trophy, aquella primera participación con la albicelete despertó los primeros comentarios de una ciudad balnearia que con su figura se volvió más “Feliz”.
A partir de allí empezaría un recorrido lleno de triunfos y reconocimientos. Magui fue una de las “fundadoras” de las Leonas. Una de las que vivió la transformación física que las jugadoras experimentaron en ese trayecto (basta con ver una foto de los años 96-2000 a la actualidad para darse cuenta del cambio). Pero lo que la defensora nunca cambió fue esa forma detallista de mostrarse en la cancha.
Si ya en Atlanta 1996 despertó la admiración de más de uno con sus trenzas y vincha roja que tanto la caracterizaba que después quedarían en el recuerdo únicamente fotográfico. Lo que no pasaría a formar parte del pasado sería la “coquetería” y el cuidado que Magui le daba a su imagen.
Poco a poco lo que se veía en el campo de juego se trasladaría fuera de él. La nacida en Capital Federal se fue animando a más fotos, empezó a ser la cara de diferentes marcas y su prodigiosa figura despertó aún más admiración entre los seguidores del hockey y aquellos que la descubrían en las revistas de esos días.
Sobre el final de su carrera en el seleccionado más relajada, segura de si misma se animó a más y realizó producciones fotográficas más jugadas que dejaron boquiabierto a aquellos que aún no la habían descubierto.
Ya retirada y madre de un hijo, mientras trabaja en su nueva faceta de periodista deportiva sigue y vive palmo a palmo el Mundial junto a las Leonas. Siempre con ese cuidado de la imagen tan propio que la llevó a ser la “dama” del hockey.



