Un nuevo desprendimiento de mampostería causó conmoción en el centro. Esta vez el “regalo del cielo” se vino abajo en Córdoba al 1800, de nuevo en una cuadra muy transitada por peatones, aunque la suerte, clave para que nadie saliera lastimado, fue el momento en que ocurrió: a las 5.50 de la mañana. Según testigos un considerable segmento de moldura se desprendió de la fachada del edificio donde funciona una sucursal del banco Galicia, y cayó desde una altura aproximada de 7 metros hasta impactar contra el alero que protege la entrada de la sucursal, romperlo, y así llegar al suelo. El caso es el segundo que ocurre en un lapso de diez días –la semana pasada una mujer que esperaba el colectivo en la parada de Mitre y Córdoba terminó hospitalizada– y volvió a poner en agenda urgente la preservación de construcciones de valor histórico. En ese marco desde el Colegio de Arquitectos de Santa Fe –el hecho ocurrió apenas unas pocas horas antes de que se inaugurara el Congreso Internacional Cial 2010 (ver página 5– recordaron que venían trabajando sobre el tema: la idea es una línea de créditos “blandos” para que los propietarios de construcciones antiguas puedan afrontar trabajos de mantenimiento y restauración. Es que muchos enfrentan una disyuntiva compleja: por el valor patrimonial no pueden “picar” los frentes, pero tampoco disponen de los recursos para dejarlos restaurados.
Desde el municipio adjudican los desprendimientos a la “falta de mantenimiento” de los frentes, molduras y balcones antiguos, que en algunos casos se evidencia a simple vista, pero en otros ni siquiera se sospecha. Pero también sostuvieron ante este diario que el “cambio climático” juega un papel: lluvias como la de marzo de 2007 y granizo como el de octubre de 2006 resultan devastadores para la infraestructura urbana, aunque los efectos no se verifiquen en forma inmediata.
De igual modo, desde la Dirección de Obras Particulares de la Municipalidad recordaron que, según el Código Civil, los propietarios son los responsables de los hechos que se puedan producir. Y allí se inscribe, precisamente, el pedido del titular del Colegio de Arquitectos de Santa Fe, Aureliano Saruá.
La noticia en casa
Quienes estuvieron ayer cerca del hecho fueron un grupo de periodistas, aunque en este caso lo paradójico fue que no fueron ellos precisamente quienes corrieron “detrás de la noticia”, como se suele decir en la profesión, sino que ésta fue hacia ellos y los tomó por sorpresa. Es que lindero con el banco se encuentra el estudio de LT8. Y a la hora que se produjo el desprendimiento ingresaba a realizar sus tareas periodísticas un grupo de cronistas, que también por segundos no sufrieron heridas. Según precisó Beatriz Priotti, una de las movileras de la radio en horario matutino, estaban por ingresar al lugar y, cuando pasaban cerca del banco Galicia, escucharon un estruendo. “Pensamos que habían arrojado una piedra contra los vidrios”, dijo. No había sido así.
Priotti aseguró que apenas unos segundos antes dos compañeros habían pasado por allí mientras que ella junto con una compañera pudieron ver toda la situación como si fuese un mal sueño. “Estamos vivos de milagro porque por cuestión de segundos no estábamos ahí cuando impactaron esos trozos de material en el suelo”, observó. En instantes, personal de Defensa Civil llegó al lugar para establecer un perímetro de protección alrededor del banco.
Con el correr de las horas, el hecho cobró relevancia y se asoció con el caso anterior, que ocurrió el 28 de septiembre y en el que una mujer sufrió traumatismo de cráneo al caérsele encima un trozo de moldura que se desprendió de una vieja casona de Mitre al 800.
Investigar hacia arriba
“Este tipo de frente o fachada data de 1900 y se han construido para decorar los frentes con un estilo que embellece la ciudad pero con el transcurso del tiempo y la falta de mantenimiento y preservación han cedido”, explicó a El Ciudadano el inspector de la Dirección General de Obras que quedó a cargo de la confección del informe “técnico” sobre lo ocurrido, Carlos Hyon.
“En este caso –agregó– los cambios climáticos y las lluvias generaron filtraciones que fueron deteriorando las molduras hasta que un segmento se cayó desde 7 metros sobre el alero que protege la entrada del banco. Por suerte, no lastimó a nadie”.
De acuerdo con el testimonio del inspector, las molduras y decoraciones no tenían funciones estructurales en el inmueble, salvo su estética, que se ha ido perdiendo en las nuevas construcciones, sobre todo en la mayor parte de los edificios construidos en el casco céntrico y en la costa tras demoler por completo lo que había antes. Por ello es que, precisamente, “constituyen el patrimonio histórico de la ciudad”.
De acuerdo con lo que indica el Código Civil y las distintas ordenanzas sancionadas a nivel municipal, si los inmuebles no tienen el mantenimiento debido la responsabilidad del hecho corre por cuenta del propietario del inmueble. “Los propietarios de inmuebles con cierto patrimonio histórico deben realizar de forma periódica –cada año– una revisión de la estructura para comprobar el estado de estabilidad”, señaló el inspector.
¿Solución a la vista?
Desde el municipio detallaron que el propio Departamento Ejecutivo dispuso un fondo específico y tiene subsidios disponibles para asistir a los propietarios en el arreglo de frentes deteriorados. Por ello le quitaron dramatismo a la imagen que genera el estado de algunas construcciones de cierta antigüedad, ya que –dicen– a veces dan una impresión a la vista aunque eso no siempre responde a problemas estructurales. “Muchas edificaciones fueron hechas con técnicas y materiales nobles”, recordaron.
En sintonía con Hyon, el presidente del Colegio de Arquitectos de Santa Fe, Aureliano Saruá, explicó a El Ciudadano que el mantenimiento es la clave.
“Generalmente son obras patrimoniales y los desprendimientos corresponden a falta de mantenimiento. Esto es, una ramita, una semilla que germina en planta hace ceder la mampostería y ocasiona el desprendimiento”.
En ese marco, Saruá reflexionó: “Hacer un mantenimiento tiene su costo, que lo tiene que afrontar los propietarios. Hay personas que no lo pueden afrontar ni quitar la moldura porque les hacen una multa”.
Por estas razones, desde el Colegio de Arquitectos confirmaron que desde antes del nuevo desprendimiento estaban ya en tratativas para articular una línea de crédito blando junto con un banco privado y la Municipalidad, para que los propietarios puedan realizar las obras de mantenimiento. Al respecto Saruá apuntó que la iniciativa, aunque todavía está en fase de planificación, se venía trabajando al margen de los “accidentes”. La idea involucra informes municipales sobre los inmuebles a restaurar y a los propios colegios profesionales en los trabajos necesarios para ello. La tercera pata es la entidad crediticia que se encargaría del financiamiento, y la cuarta los propietarios, que verían revalorizados sus inmuebles.
Con todo, y al margen de las explicaciones oficiales, el hecho ocurrido ayer despertó no poca preocupación: es el segundo caso sucedido en menos de 10 días y quien ha recorrido por algunos sectores del centro de la ciudad observará una postal que al menos genera cierta inquietud. En algunos tramos de calle Maipú, Zeballos, Buenos Aires y San Luis los balcones o cornisas tienen un grado de deterioro notorio. Lo mismo sucede en ciertos sectores de Córdoba, Laprida, Rioja, Santa Fe y Entre Ríos.