Rosario, lunes 28 de septiembre de 2026
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Rosario, lunes 28 de septiembre de 2026

Demorado Nobel al «padre» del bebé de probeta

Más de tres décadas después de que su logro conmoviera al mundo, el Instituto Karolinska de Suecia otorgó ayer el premio Nobel de Medicina al británico Robert Edwards, padre de la fecundación in vitro, quien en 1978 logró el nacimiento del primer bebé de probeta.

Más de tres décadas después de que su logro conmoviera al mundo, el Instituto Karolinska de Suecia otorgó ayer el premio Nobel de Medicina al británico Robert Edwards, padre de la fecundación in vitro, quien en 1978 logró el nacimiento del primer bebé de probeta.

Edwards es pionero de una técnica que tuvo fuertes repercusiones sociales y que a partir del nacimiento de Louise Brown –que entretanto también es madre tras concebir a su hijo de manera natural–, permitió a miles de parejas con problemas de fertilidad tener bebés.

Se calcula que desde entonces unas cuatro millones de personas nacieron gracias a un tratamiento de fecundación asistida.

Sus primeras ideas para realizar una fecundación en el tubo de ensayos son de los primeros años de la década de 1950, según escribió Edwards en la revista Nature Medicine bajo el título El camino lleno de baches hasta la fecundación in vitro (FIV) humana.

Edwards investigó primero en la Universidad de Edimburgo con embriones de ratones y pronto su interés por la ciencia básica cambió hacia la investigación clínica. Así, con muestras de tejido ovárico humano que obtuvo de pacientes de la ginecóloga Molly Rose logró poco a poco determinar durante cuánto tiempo, a qué temperaturas, con qué sustancias nutritivas y en qué valor de pH debían madurar las células.

Con estos conocimientos comenzó su trabajo junto al ginecólogo Patrick Steptoe, experto en laparoscopía. “Trabajamos veinte años juntos, hasta su muerte (en 1988). Me enseñó la medicina”, escribió Edwards, quien en la actualidad vive en un asilo de ancianos por su precario estado de salud, por lo que está en duda si podrá asistir el 10 de diciembre a la ceremonia de entrega del premio dotado con diez millones de coronas suecas (1,48 millón de dólares).

Es posible que Edwards y Steptoe hubiesen compartido el máximo premio de la medicina, pero el Comité Nobel no puede conceder de forma póstuma dinero, medalla y gloria.

Ambos le dieron aplicación clínica al procedimiento experimental. Steptoe “consiguió” los óvulos, Edwards los cultivó y fecundó. Las células se dividieron varias veces y formaron así los embriones, hasta el estadio de ocho células, que fueron observados con fascinación por los investigadores.

“Nunca olvidaré el día en el que miré por el microscopio y descubrí algo raro en el cultivo. Lo que vi fue un blastocisto humano, que me miraba fijamente”, recordó Edwards en 2008. “Es difícil transmitir en palabras lo que significó para mí y nuestro maravilloso equipo este nacimiento”, dijo Edwards.

El hecho revolucionó a la sociedad de entonces. Incluso la comunidad científica consideraba que con la fecundación in vitro nacerían bebés malformados.

“Hubo también una enorme oposición religiosa que opinaban que sólo Dios podía crear vida nueva. Pero cuando nació el primer bebé eso cambió de pronto. Todos consideraban el trabajo de Edwards fantástico”, contó en una entrevista el profesor de pediatría y miembro del jurado de la Asamblea Nobel, Hugo Lagercrantz.

Profesor emérito de la Universidad de Cambridge, Edwards nunca estuvo motivado por la gloria del éxito. Su principal impulso provenía de su fuerte deseo de ayudar a tener hijos a parejas infértiles. “Tener un hijo es lo más importante en la vida”, decía.