Nadie lo imaginó así, ni los más pesimistas canallas, ni los más optimistas leprosos. El empate en cero contra el limitadísimo Defensa y Justicia no estaba en los planes previos. Pero no es el fin del mundo, aunque se le parezca bastante. Los directivos aportaron esfuerzo e ingenio para incorporar a Jesús Méndez, Germán Rivarola, Santiago Biglieri y Federico Vismara, salvo el último, todos jugadores de primera. Un exceso para la categoría. Sin embargo su juego no prevaleció ante Defensa, un equipo de voluntariosos futbolistas que llegaron a Rosario con la intención de defender como sea, un término tan ordinario como precario. Y en esa precariedad hasta se puede justificar la violencia empleada en su juego a partir de un árbitro demasiado tolerante.
Lo que no tiene justificación es el llanto de Rivarola y Rivoira cargando contra Luis Álvarez, el árbitro, que dirigió mal y dejó pegar más de la cuenta, ya está mencionado. Pero utilizar como excusa la actuación de Álvarez y no hacer un análisis profundo del por qué Central no pudo ante un rival tan malo, es de mediocres. Rivarola y Rivoira no son mediocres. Acaso quedaron atrapados en la encrucijada de las razones, por qué un equipo que por nombres es inmensamente superior al otro, no pudo vencerlo. «Esto es fútbol», diría Miguel Russo en una frase que es su sello y no sirve de mucho pero alcanza para no decir nada y pasar a otra cosa.
Es posible que el marco le juegue en contra a un equipo que luce perturbado, la cancha a reventar comienza siendo un espectáculo hermoso para la vista. Pero con el correr de los minutos el murmullo (idioma universal del descontento) les traba las piernas a los jugadores y los anula. A tal punto que Rivarola con 31 años y 11 en primera se hizo expulsar con el partido terminado, inaceptable para un profesional serio. Entendible por la sensación de frustración que seguro sintió en ese momento.
El Kily peleando con los rivales, de igual a igual, es otra muestra inequívoca de la falta de personalidad que hoy tiene Central como conjunto, y que Rivoira debe modelar. El Kily, por trayectoria, es mucho más que cualquier jugador del pobre Defensa, y no lo pudo demostrar desde el juego. Pretendió hacerlo de prepo, eligió transitar por la banquina cuando Central debió imponerse yendo por la autopista.
En suma, jugó mal. Así de simple, erró un penal bien atajado por Perafán y mal pateado (anunciado y débil) por Figueroa. Central no fue ese torrente arrollador de la pretemporada, Medina chocó todo el tiempo, Biglieri insinuó más de lo que produjo y encima se lesionó, Zarif estuvo parecido al de 2010 (de regular para abajo), Figueroa fue controlado por defensores rivales, y la desesperación terminó siendo el eje del juego.
Es verdad, Álvarez dirigió mal, el equipo de Varela apeló a la falta como sistema y eso contó con la permisividad del árbitro. Pero no sirven como excusas, Rivarola y Rivoira lo saben. El camino es el buen juego, deprimir al rival en base a toques y profundidad. Central no pateó al arco, y el penal fue una falta contra un jugador que se alejaba del área. El grande en nombres fue chiquito en ideas y juego, y ése fue pecado original. El resto es puro cuento.