Parece una obviedad que sobre una herramienta diseñada por el hombre se haga foco, precisamente, en el «factor humano». Pero no lo es, porque cualquier extensión de las capacidades del cuerpo o la mente, a la vez, modifica a su creador. Todavía más pertinente es indagar en ese aspecto si la herramienta en cuestión es Inteligencia Artificial. Sobre eso, y justo cuando la IA está en agenda global, Rosario será uno de los dos epicentros del XXIV Congreso Internacional en Innovación Tecnológica Informática 2026 (CIITI). La actividad inaugural será este jueves 17 de septiembre: una conferencia con el lema «Humanware 5.0, el factor humano de la inteligencia artificial». Nada menos.
A la conferencia se podrá asistir en forma presencial o seguir de manera virtual, para lo cual hay que inscribirse a través de un formulario online.
El lugar físico de ese puntapié inicial es la sede de la Facultad de Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), en avenida Pellegrini 1620. La actividad comenzará a las 10 y se extenderá hasta las 13. Se trata de varias ponencias cuyo objetivo es introducir a los interesados de la comunidad académica, el ámbito empresarial y el científico las líneas, proyectos de investigación y demostraciones tecnológicas que se van a desplegar en el CIITI el 1° de octubre.
La conferencia de este jueves será abierta por el doctor Marcelo De Vincenzi, decano de la Facultad de Tecnología Informática de la UAI y presidente del CIITI. Él expondrá sobre el contexto integrador del congreso.
La famosa frase «La guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los militares», que se atribuye al estadista y primer ministro francés Georges Clemenceau, bien puede actualizarse en torno a las actuales tecnologías de frontera. Algo así como «La inteligencia artificial es demasiado importante como para dejarla en manos de ingenieros y programadores». Enumeración en la que podrían sumarse las pocas grandes corporaciones que dominan hoy esa industria estratégica.
En diálogo con El Ciudadano, auspiciante de esta edición del CIITI, De Vincenzi enfatizó que, por eso, la convocatoria del congreso se abre a profesionales de varias disciplinas, porque todos pueden aportar un enfoque que sume al entendimiento de las transformaciones que desencadena esta tecnología. También, de las oportunidades y riesgos que dispara y del posicionamiento del país en el contexto global que está dibujando.
El presidente del congreso puso un ejemplo, que por sí solo expone la potencia transformadora de la IA: su noción de «verdad» está construida estadísticamente con el insumo de las grandes bases de datos que permiten los avances de las tecnologías informáticas y de comunicación. Y eso contrasta con el sentido común, determinista, al que ya comenzó a cuestionar. Impacta, nada menos, en cómo se construye la noción de realidad. Y es imposible obviar.
Una lupa sobre lo nuevo
Una escena emblemática de la película «2001, Odisea del Espacio», de Stanley Kubrick y guión del escritor Arthur Clarke, muestra a un simio, antepasado del hombre, cuando descubre que el hueso de un animal puede ser una herramienta. Más precisamente, un arma con la que enseguida entiende que pude imponer su tribu sobre otras o cazar. Ese grupo ya no es el mismo: la herramienta lo transforma aunque no alcance a entender cómo.
Eso mismo es lo que está ahora bajo debate con las recientes alertas sobre los peligros de la IA y las lecturas sobre lo que se esconde detrás de escena en esos avisos linderos con lo apocalíptico. Es el momento, preciso, para introducir el «factor humano» que oficia como centralizador de la conferencia y el posterior congreso en Rosario.
De Vincenzi otra vez lo grafica con lo concreto: los automóviles inteligentes. ¿Hay que dejar que su algoritmo, como salida de sus cotejos de probabilidades de daños, costos y otras variables sobre una enorme colección de información, decida si guiar el auto para que atropelle a un niño, un animal o choque contra un camión ante una instancia crítica en el tránsito que incluya esas opciones? Su respuesta es contundente: no. Es imprescindible la supervisión humana, que incorpore valores y otros parámetros a la toma de decisiones. Y que tenga la última palabra.
El presidente del CIITI señala que esta última edición del congreso, iniciado en 2003, es una oportunidad para compartir aportes y preguntas como esa alrededor del nuevo paisaje que se instala globalmente con la IA.
De Vincenzi sostiene que la Argentina, pese a estar en la periferia de los desarrollos de estos grandes lenguajes, ya presentes desde los electrodomésticos y los negocios hasta la guerra, tiene buenas posibilidades para subirse al tren. Debe ponerse de acuerdo, completa, si es en alguno de los vagones privilegiados o en el último.
Sobre lo anterior, el referente del congreso estima que el país tiene, desde su vastedad y diversidad geográfica hasta la alta calificación de sus profesionales, investigadores y especialistas, una oportunidad para habitar este mundo nuevo, disruptor, que se expande con vértigo.
Por eso, confía que en octubre la propuesta convoque a entre 5.000 y 6.000 interesados. Del país y del extranjero y de todos los ámbitos. Porque, insiste, nadie sobra para agudizar la mirada en torno a una tecnología cuyos efectos aún son en gran medida desconocidos.
El antecedente del año pasado
El CIITI 2025 llevó por consigna «Hacia la integración natural de la Inteligencia Artificial»
Hubo un total de 3199 inscriptos. Y durante el evento se registraron un total de 4997 conexiones con 2255 asistentes únicos.
El pico de asistentes simultáneos fue 1070 (considerando la transmisión en vivo por Youtube), con un promedio de 600 asistentes por bloque.
El involucramiento también fue notable: alrededor de 1673 preguntas utilizando la función de la plataforma Q&A y Chat. Muchas fueron respondidas durante las disertaciones, con la intervención del moderador. Otras, desde la misma plataforma.