Camila Reciuto / Especial para El Ciudadano
«Deriva en marcha» es una obra en la que las fotografías dialogan con textos que profundizan y expanden la narrativa construida desde las imágenes. Su autora, Paula Alfonsina Sarkissian, es fotógrafa, educomunicadora y militante feminista. Su práctica fotográfica se desarrolla en diálogo con los movimientos sociales de la ciudad de Rosario, acompañando y documentando sus luchas, sus formas de organización y las maneras en que ocupan y transforman el espacio público.
El libro forma parte de la Colección Derivaciones, una propuesta de UNR Editora producida por #DCMteam y la Maestría en Comunicación Digital Interactiva de la Universidad Nacional de Rosario. La colección propone ampliar las posibilidades del libro fotográfico mediante la articulación de imágenes y textos con recursos audiovisuales, sonoros y geolocalizados.
A tan sólo unos días de la presentación, Paula dialogó con El Ciudadano sobre los desafíos de concretar el libro, su visión sobre el oficio del fotógrafo y la importancia de sostener la presencia en las calles en el actual contexto social y político.
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-¿Cómo surgió la idea de llevar adelante este proyecto?
–Empezó con la convocatoria de Fernando Irigaray, que es el compilador de la colección, una colección que promueve la dirección de comunicación multimedial y que es parte de un gran proyecto y concepto, que es pensar a la ciudad como un espacio de expresión, de transformación y también de ejercicio político. Es un proyecto que tiene un montón de extensiones y una de estas extensiones es este libro. La colección ya tuvo una primera presentación, que es una deriva por bares de la ciudad, estuvo justamente en manos de los textos y de la cámara de Fernando Irigaray. Este segundo libro es una deriva por las marchas y los movimientos sociales. Después de un año de muchísima conflictividad social, principalmente desde el 2025 hasta ahora, terminar de cerrar el libro y darle todo el tiempo editorial que tuvo, postergó los tiempos que teníamos previstos, pero finalmente acá estamos.
-¿Cómo fue el proceso de construcción del libro?
-Fue muy complicado. Primero, porque creo que esto le debe pasar a cualquier artista, creador o persona que se pone a sí misma frente a un registro, te pone como en autoescala, en autocomparación. A lo largo de todo el proceso de selección empezaron a pasar cosas muy performáticas en la ciudad de Rosario, que fueron plataforma de un movimiento permanente de rechazo a las políticas de Milei. Fue muy picante la producción de fotografías, fue una producción permanente y darle un cierre a eso también era una decisión. También puso en evidencia mi relación con los feminismos, incluso en la búsqueda de que estén presentes distintas luchas y distintos registros que yo fui haciendo, mi relación con el feminismo es lo que encuadra todo el resto de mi participación y de mi mirada fotográfica. Creo que a veces la fotografía se trata de permanecer, de insistir en algo, de estar ahí. Hay que tener esa presencia, esa disponibilidad de sacar la foto. Ese compromiso para mí es un lazo afectivo, es un lazo que tiene que ver con una perspectiva, con mi historia, que tiene que ver con las personas y lo que a mí me generan esas personas en la calle. Esas fueron las experiencias que tuve a lo largo de esa selección fotográfica.
-¿Hay una posibilidad de la fotógrafo y el fotógrafo de separarse del objeto, de la situación que está fotografiando?
-Creo que en un punto hay una necesidad de separarte, de tomar una perspectiva que pueda ser propia y por otro lado, que pueda superar esa situación de la escena. Vos también te estás separando porque sabés que cuando otro mire la fotografía, más allá de todo el sentido que vos hayas querido darle, el otro le va a dar su interpretación. Ese anclaje de sentido que vos querés que tenga, lo dejas liberado a cierto azar, a cierta manipulación y eso implica una separación de todo eso que estás haciendo. Por otro lado, implica un compromiso, cómo pones tu mirada, me parece que es como estar adentro y afuera muchas veces. Quizás la fotografía también te permite eso con el tiempo, estar adentro y afuera de esa situación temporal que estás aparentemente congelando.

-¿Dónde termina esta obra?
-No me había preguntado cuándo termina esta obra en particular. Para mí, implica pensar no solamente en las fotografías, sino también en qué pasa a nivel del territorio. Toda la transformación visual, toda la transformación social, sonora, performática que hay en la ciudad, al momento en el que emergen las manifestaciones. Todo ese fenómeno que es muy intenso y que aparece en un momento más o menos planificado, rompe absolutamente la estructura de la ciudad. Para mí, hay una mirada crítica, de análisis en lo que escribo. Es un frente de investigación que encontró acá algunos bordes para empezar a decir: “Esto es lo que yo siento”. Ahora lo puedo empezar a escribir, a poner en palabras, a lo mejor más bonitas, pero también pensarlo también en términos de narrativas transmedia, de pensarlo anclado como parte de la comunicación interactiva y de los fenómenos territoriales. El libro tiene una capa interactiva, tiene tres Qrs, de los cuales uno de ellos es un mapa interactivo que permite ubicar las fotos, el lugar donde fueron tomadas y la página del libro. Es como seguir pensando en distintas formas y plataformas, para visualizar algunos contextos, algunos fenómenos como en este caso, el de las marchas. Estas son semillas de inicio. Quizás el proceso curatorial de las fotografías sí tuvo un cierre acá, pero después todo lo otro es de sembrado recién.
¿Cómo se logra el equilibrio entre la imagen, el texto, los recursos audiovisuales, sonoros y geolocalizados?
-No sé si hay un equilibrio. A mí me gusta mucho la idea del desorden. Yo pienso que vamos en general a un caos, que las cosas tienden más o menos a ese desorden. Más que un equilibrio, hay una cuestión deseante de querer decir y de buscar distintas estrategias para mostrar y para decir. Yo vengo de la fotografía, el libro fue la posibilidad de decir: “Puedo sentarme a escribir, puedo hacer cosas de otra textura, de otros lenguajes”. Además, lo pude finalizar con una clínica de cierre de escritura que hice con Gaby Dicicco, que me parece fue otra semilla, que terminó de instalar algunas preguntas que fueron súper valiosas para mí en el proceso de escritura del libro.
-¿Cómo convive el caos entre lo estético y el compromiso político?
-Me parece que eso es el resultado de lo que vemos, qué es lo que consideramos lindo, en dónde lo estamos viendo. Eso es absolutamente del orden de los discursos, de los discursos que prevalecen, de los espacios, de dónde podemos insertar y poner en circulación determinadas imágenes, que ahora nos parecen que pueden circular, pero que a lo mejor antes nos parecían absolutamente extrañas. Cambió mucho la forma en la que nosotros aceptamos ver determinadas cosas. No sé si estoy en búsqueda de una estética, creo que uno va armando algo que tiene que ver con lo que te gusta, con tu estilo propio, estoy más bien en una necesidad de decir. Aparte, muchas veces me siento bastante lejos de la técnica, siento que lo que hago utiliza la técnica como un recurso y pone en juego el lugar situado de dónde estoy haciendo la fotografía.
-En una época saturada de imágenes, especialmente en las redes sociales, ¿qué importancia tiene la materialidad de este libro en papel?
-Para mí, esa es la parte más amorosa de todo este proceso, porque cuando uno concreta un proyecto, cuando la fotografía la podés volver material, es hermoso. El libro aparte tiene otras capas, en los Qrs por ejemplo. La verdad, me parece mágico.
-Cuando estás en la movilización, ¿cómo decidís qué foto sacar? Tal vez ni siquiera es una decisión consciente.
-En la fotografía me parece que siempre está en disputa un sentido testimonial y por otro lado, cuestiones que tienen que ver más con lo connotativo, con poder decir sin ser tan literal, con cuestiones que tienen que ver más con la plasticidad y el arte. Me parece que uno se va como debatiendo en eso, en todo ese camino plástico. Entre ser explícito en lo que querés mostrar y poder ofrecer, a lo mejor, una perspectiva más propia, que esté ahí como más connotada con el contexto. Tiene muchísimo que ver con cuál es el espacio en el que van a circular esas fotografías. No es lo mismo si se van a publicar en un medio, que si lo vas a publicar en tu propio perfil o si no lo vas a publicar. Me parece que también, de mi parte, hay una inmersión en el proceso fotográfico, en el que pierdo un poco el contexto de todo eso y me dejo llevar justamente en ese estadío de deriva, en el que querés sacarle fotos al sonido y sabés perfectamente que no va a pasar. Sin embargo, buscás la manera de encontrar el bombo que está sonando en la marcha. El 2 de octubre voy a presentar una ponencia en el Red Com y no había terminado de notar que este fenómeno de inmersividad que se produce, tiene estas características en la marcha. Me parece que el lenguaje de la fotografía cuando nosotros somos los productores, nos da como esa sensación de que nos metimos adentro. De hecho, a veces vemos el recital desde el teléfono mientras lo estamos filmando, me parece que ahí hay un proceso bastante interesante de pérdida de control del entorno, del contexto.
-En un momento caracterizado por la violencia que se da cuando uno opina, ¿este libro cobra otro significado?
-Yo creo que estamos viviendo los momentos de mayor violencia política y social que la mayoría de nosotres conocemos. Hay que retraerse a la dictadura para pensar en este momento que estamos viviendo. En ese contexto, pensar que miles de personas, incluso en los momentos en los que más irritables estamos, pueden salir a demostrar su rechazo pacíficamente a, justamente, esas políticas de violencia, me parece un acto de paz y de amor. Estoy pensando en algunas imágenes del libro, de unas compañeras que no sé quiénes son, que les saqué en el río cuando fue el cierre de campaña de Milei. Es una imagen que hasta pudiera parecer violenta porque están gritando, están en pleno acto de repudio, sin embargo, yo las veo desde un lugar de mucho cuidado, de mucho valor, pero no material, ni siquiera de valentía, sino que pienso qué valioso que es que alguien pueda demostrar su rechazo sin volverse loco, sin ejercer la violencia que uno realmente siente que en ese momento se está expresando. Todo lo otro parece tierno, a pesar de todo esto, nosotros seguimos privilegiando el abrazo, el sostenernos entre nosotros, la presencia de los cuerpos, el encuentro en medio de toda la virtualidad, en medio de todo este mirar para el costado. Nosotros seguimos sosteniendo los espacios en la calle, eso implica tanta construcción, tanto de poner el cuerpo en lo que está pasando, tanto de creer en eso. Creer en ese poder y sostenerlo, como lo sostienen algunos compañeros y territorios permanentemente, eso me parece amoroso. Mantenerse en la calle es del orden de la resistencia, de la resiliencia.
-¿Por qué era importante para vos ser parte de este proyecto y visibilizar estas luchas?
-Siempre es hermoso que alguien te llame a ser parte de un proyecto, por lo menos para mí, que soy de las salidas y de las respuestas colectivas. Tengo que reconocer que soy de sumarme, me encantan los proyectos que suman gente. Fernando fue muy generoso cuando me llamó a formar parte de la colección, tiene como una función de mentor, de abrir puertas y gestionar accesos, posibilidades. Después, cuando saco fotos, siempre pienso en que hay una parte del proceso fotográfico que termina cuando esas fotos son resignificadas. Soy bastante opuesta a la propiedad intelectual. Para mí, hay algo fantástico e inevitable en la fotografía y es que venga otro y se lo apropie, más en este momento de hipervisualidad. La posibilidad de darle esta vuelta de la mirada es como reponer el hecho político, el acto político que es la fotografía. Además, que sea en papel, representa esta posibilidad de materializar la cosa, la fotografía tiene esa cosa propia de estar impreso y que el libro sea en blanco y negro fue un recontra desafío porque yo saco fotografías en color. Fotografiar la diversidad tiene como una lógica que viene con el color, que ya te cuenta un montón de cosas. Pasarlas a blanco y negro o pensarlas en blanco y negro, fue pensar en una narrativa absolutamente distinta de la que incluso yo misma venía pensando, en ese sentido, también creo que fue una oportunidad de crecimiento profesional hermosa.
-¿Qué aporte se le quiere dejar a la gente y a la ciudad con este libro?
-No sé si pienso en el libro como un aporte. Creo que es un aporte enorme para mí, porque me ofreció una enorme superficie de crecimiento y de desarrollo. Es una linda experiencia de ver y de leer para cualquiera que lo tenga en las manos. Me gustaría que sea un semillero para pensar en cómo vivimos la ciudad y qué pasa en esos momentos en los que nuestra participación en los debates políticos se vuelve calle, que podamos poner esa mirada y disputarla como ciudadanos, como parte de lo que somos.
Para agendar:
El domingo 27 de septiembre a las 19 el fotolibro se presentará en Bon Scott Bar, Pichincha 131, con entrada libre y gratuita. Contará con la participación de Fernando Irigaray (UNR-Argentina), magíster, docente e investigador, doctor y licenciado en Comunicación Social y coordinador de la colección Derivaciones; Romina Marucco, integrante de H.I.J.O.S. Rosario y de la Asamblea Lesbotransfeminista y autora del prólogo; Majo Poncino, integrante de la Asamblea Lesbotransfeminista; Rocío Pumar, profesora en Ciencias de la Educación y fotógrafa, y More García, poeta y referente travesti y voz del book trailler.