El reconocido psicodeportólogo Guillermo Cavagnaro pasó por los micrófonos del programa Saque y Volea, donde ofreció una clase magistral sobre la importancia de las variables emocionales y cognitivas en la alta competencia y en el deporte amateur.
Con un recorrido que incluye el trabajo con figuras del circuito profesional como los hermanos Nicolás y Giovanni Lapentti y Eduardo Schwank en certámenes de la talla de Roland Garros, Cavagnaro destacó que la exigencia mental debe entrenarse a la par de la técnica y la física.
La presión y la gestión de las emociones
Para el especialista, el punto de partida en la preparación psicodeportológica consiste en asumir la exigencia de la competencia como un factor inherente a la disciplina: «La presión es un extra; muchos de estos deportistas ya están habituados a jugar con presión. No se puede entender un deporte sin presión, como ninguna cosa de la vida. Negarla sería no poder aceptarla o desarrollarla», sostuvo Cavagnaro.
Explicó además que cuando las emociones no se gestionan adecuadamente, terminan alterando la toma de decisiones y la ejecución técnica: «El problema de la presión es que desarrolla cuestiones emocionales en los deportistas que perturban el pensamiento, y eso se remite a la acción. Los cuerpos técnicos deben entrenar bajo presión, porque la presión debe ser entrenada».
¿Qué pasa cuando «se encoge el brazo»?
Durante la entrevista se abordó una frase recurrente en el ámbito tenístico: la sensación de que el brazo se acorta o se congela en momentos clave, como al ejecutar un saque decisivo o cometer dobles faltas consecutivas. Cavagnaro aclaró que se trata de un fenómeno de origen estrictamente mental y neurológico: «Es un hecho mental. Ante el error aparece una emoción displacentera, como la ansiedad o el enojo. El problema no es la emoción, sino el pensamiento asociado: ‘no sirvo’, ‘pierdo el set’, ‘se me cortó el brazo’. En los 12 o 13 segundos entre un saque y otro, el jugador que entra en ese rulo neurótico va a errar el segundo saque porque pierde confianza».
Y agregó respecto a la expresión física del problema: «Cuando el deportista dice ‘se me acortó el brazo’, es una situación imaginaria interna. Es una expresión simbólica de que lo mental y la interpretación neurológica afectaron la imagen del esquema corporal».
El trabajo de campo y la confidencialidad
Sobre la dinámica de trabajo con tenistas de elite, Cavagnaro enfatizó la necesidad de abordar al sujeto de manera integral y fuera de las paredes de un consultorio tradicional: «Yo no trabajo en consultorio con deportistas hace muchos años; trabajo en un bar, en la cancha, en la casa. Al deportista lo agarrás por todo su ser biopsicosocial. Si no tiene un bienestar paralelo en su entorno, en lo afectivo o en su vida diaria, en algún momento esa presión se va a ver reflejada en la cancha».
La intolerancia a la frustración y el apuro moderno
Finalmente, al analizar los principales desafíos que observa en las nuevas generaciones de deportistas, el psicólogo apuntó al impacto del contexto actual y a la búsqueda de resultados inmediatos: «Hoy hay un síndrome bastante marcado de intolerancia a la frustración y de apuro por no entender los procesos. El deportista está apurado por lograr objetivos que en el alto rendimiento llevan disciplina, entrenamiento, sacrificio y resiliencia», concluyó.