Una jornada de entrenamiento habitual se transformó en una noche de angustia para las familias de Newell’s Old Boys. Matías, socio del club y padre de un adolescente de 16 años que entrena waterpolo en el Parque Independencia, relató en diálogo con LT8 el dramático escenario con el que se encontró tras la irrupción de las fuerzas de seguridad en el predio rojinegro.
Alrededor de las 21.30, apenas una hora después de haber dejado a su hijo en el club, Matías recibió un llamado de urgencia pidiéndole que fuera a buscarlo. La notificación advertía que la policía había ingresado a las instalaciones y que la situación se tornaba cada vez más violenta.
“Cuando llegué, el club ya estaba cerrado con la policía en la puerta. Cuando dejamos a los chicos no había un solo móvil policial; a nadie se le ocurrió que autos con hinchas de Central podían pasar por la puerta”, cuestionó Matías al señalar la «falta de criterio» de los responsables del operativo de seguridad.
Escape en el auto del profesor
Ante el avance policial, la prioridad de los entrenadores fue poner a resguardo a los deportistas juveniles. “Por suerte para mi hijo, la policía avanzó hacia el sector de parrilleros. Los pibes de waterpolo pudieron salir escondidos en el auto del profe, que hizo lo que pudo, evacuándolos por el portón lateral que está al lado de la pileta, hacia el Hipódromo”, detalló el socio.
Al reencontrarse con los adolescentes, el impacto de lo sucedido era evidente. “Los chicos estaban aún en shock. No es habitual que alguien vaya a practicar un deporte y se encuentre con eso. El club era una zona de caos, con la policía entrando, gente gritando y corriendo”, describió.
Accionar indiscriminado
Matías criticó duramente la actuación de las fuerzas de seguridad dentro del predio y en los accesos exteriores, donde se concentraban familiares desesperados por retirar a sus hijos.
“Vi a la policía decidida a maltratar a cualquier persona que se acercara. Había gente intentando llegar para buscar a los pibes y no la dejaban pasar, tratándolos a todos como si fueran delincuentes. Mientras tanto, en los parrilleros le pegaban a la gente que estaba comiendo”, concluyó.