Dos buques petroleros fueron atacados con proyectiles no identificados en las inmediaciones del estratégico estrecho de Ormuz, según un reporte oficial emitido por la agencia de seguridad marítima del Reino Unido (UKMTO).
Los incidentes, que hasta el momento no reportaron fallecidos, volvieron a encender las alarmas en una de las rutas de suministro energético más importantes y disputadas del planeta.
Incendio por misil
El primero de los incidentes fue mientras la embarcación abandonaba el canal marítimo. De acuerdo con las precisiones brindadas por la autoridad británica, el impacto del proyectil desencadenó un principio de incendio y un posterior apagón eléctrico generalizado dentro de las instalaciones del navío. A pesar de la gravedad de la situación inicial, las autoridades confirmaron que la tripulación logró controlar y extinguir las llamas.
El reporte oficial indica que en este caso no hubo pérdidas humanas ni heridos entre el personal a bordo. Las evaluaciones técnicas preliminares descartaron cualquier tipo de derrame de crudo o impacto ambiental negativo en las aguas circundantes. Tras subsanar los inconvenientes técnicos provocados por el estallido, el buque cisterna, cuya bandera, procedencia y destino final no fueron revelados por razones de seguridad, logró estabilizarse y continuar con su ruta planificada.
Segundo, cerca de Omán
Pocas horas después, las alarmas de la UKMTO volvieron a sonar al detectarse una segunda ofensiva aérea a unos 7,4 kilómetros al este de las costas de Omán. En esta oportunidad, otro buque cisterna que circulaba por la periferia del estrecho fue alcanzado por un artefacto explosivo de origen desconocido que impactó de lleno contra el costado de babor del casco.
Al igual que en el suceso anterior, los equipos de emergencia informaron un saldo blanco en cuanto a víctimas y sin contaminación ecológica en la zona.
Fragilidad geopolítica de un paso clave
Estos ataques se producen en un contexto de extrema fragilidad geopolítica para el estrecho de Ormuz, un paso fluvial que históricamente canalizaba cerca del 20% del comercio global de hidrocarburos antes del estallido bélico iniciado el 28 de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Esas operaciones militares transformaron el área en un teatro de operaciones de alta intensidad.
A raíz de la intervención militar aliada, el régimen de Teherán endureció su postura diplomática y militar, reclamando el dominio absoluto sobre la navegación de estas aguas compartidas. Como contraofensiva a las presiones externas, las fuerzas navales iraníes han logrado paralizar de forma sustancial el libre tránsito de barcos comerciales y de carga, obstruyendo una de las arterias económicas fundamentales del esquema energético global.
Por su parte, la administración de Washington respondió a los movimientos de la república islámica mediante la implementación de un estricto bloqueo naval sobre las principales terminales portuarias de Irán. La combinación de estas medidas de fuerza bilaterales mantiene en vilo al comercio internacional, mientras la comunidad marítima internacional observa con preocupación cómo los barcos comerciales se han convertido en el blanco principal de un conflicto que no da señales de tregua.