Por Martina Varela / Especial para El Ciudadano
En la esquina de Avenida Pellegrini y Entre Ríos, entre las placas de bronce que homenajean a los deportistas olímpicos y paralímpicos de la ciudad, hay una que lleva grabado un nombre recién estrenado: Nadia Boggiano. La semana pasada, cuando la judoca de 32 años pasó a verla por primera vez, se le cayeron unas lágrimas. «Nunca me imaginé que la iban a poner. Sé que nací en Formosa, pero yo elegí Rosario y la represento con todo el amor del mundo. Que la ciudad me abrace así es emocionante».
Sin embargo, detrás del reconocimiento en el Paseo de los Olímpicos hay una carrera de alto rendimiento que no da tregua. Tras haber conquistado el diploma paralímpico en París 2024 (donde terminó 7.ª en la categoría J1 de judo adaptado), Boggiano apunta todos sus cañones a la clasificación hacia Los Ángeles 2028. Para no perder terreno en el ranking mundial de la Federación Internacional de Deportes para Ciegos (IBSA), necesita viajar a competir en Egipto, una cita indispensable para sumar puntos que requiere un presupuesto estimado de 7 millones de pesos entre pasajes, inscripciones y logística.

Atravesar la pandemia a pie
Corría octubre de 2020 y, con la pandemia de COVID-19 apretando y el CeNARD cerrado, la deportista llevaba ocho meses parada en Formosa. «Estaba a punto de dejar el judo, tenía todo en contra», recuerda. Fue la rosarina Mariana López —referente de la disciplina— quien le tendió la mano y la animó a que comenzara a entrenar en la ciudad. Al principio, sus padres estaban reticentes a la idea de que viniera a una ciudad desconocida en un contexto de absoluta incertidumbre. Sin embargo, frente a la firme convicción de su hija, decidieron acompañarla: Nadia tomó un remis desde una provincia vecina a Formosa que la dejó en la casa de su compañera de judo.
Desde entonces, no se movió más. Pasó por Tiro Suizo, el Club Provincial y hoy entrena en el Club Don Bosco junto al profesor Sanseri y la coordinación de Gabriel y Leandro Gómez. «En Rosario encontré algo fundamental: la Federación Santafesina de Judo jamás me trató de manera diferente por tener una discapacidad visual. Para ellos soy Nadia, una atleta. Esa es la verdadera inclusión».

Caer, levantarse y el valor del acompañamiento
El camino a París 2024 no estuvo exento de batallas épicas. En 2022 compitió en el Mundial de Turquía con la rodilla rota y se trajo la medalla de bronce. Se operó, hizo una rehabilitación milagrosa con su kinesiólogo y entrenador Sergio de San Martín en Feedback —un gimnasio especializado en la readaptación para el deporte— y, en solo ocho meses de competencia vertiginosa, abrochó la clasificación olímpica como número 5 del ranking mundial.
En París, durante una lucha bravísima, sufrió la luxación del codo y una severa lesión nerviosa que le quitó la movilidad y la fuerza de agarre en la mano. «Caí en una depresión bastante importante después de París, no es fácil superar una lesión así y lidiar con la frustración. Pensé en alejarme, pero me gusta demasiado este deporte», confiesa. Para recuperar la movilidad y el agarre, sumó la práctica de jiu-jitsu brasileño en la academia Satori, combinando un doble turno diario con rutina de fuerza en gimnasio.

El ranking mundial y la meta de los 7 millones
Aunque el escenario general del deporte argentino atraviesa tiempos de presupuestos ajustados, el recorrido de Boggiano cuenta con un sostén ganado a fuerza de medallas y diplomas: «Tengo que contar lo bueno y lo malo. El ENARD y la Secretaría de Deportes me bancaron siempre. Tras la lesión de París no me quitaron la beca, valoraron el esfuerzo y me siguen apoyando», explica, destacando el valor de que no la hayan dejado fuera del sistema durante su etapa de rehabilitación.
La dificultad actual radica en la escala presupuestaria del circuito internacional. Para clasificar a Los Ángeles 2028, los judocas deben sumar puntos en competencias que se disputan en todo el globo. Mientras que sus rivales europeas y asiáticas llegan a los Juegos con 20 torneos acumulados, Nadia compitió en solo seis. Con el presupuesto oficial acotado para cubrir la totalidad del calendario anual, la atleta rosarina necesita salir a buscar apoyos privados y aportes de la comunidad para asegurar su plaza en Egipto.
«Lo que más necesito hoy es el acompañamiento de alguna empresa o sponsor que quiera sumarse a bancar este proyecto», explica Boggiano, cuya familia y equipo de trabajo la contienen en el día a día.
Mientras entrena a doble turno en Don Bosco y Satori, Nadia guarda en su piel una máxima que la define dentro y fuera del tatami: «Nadie se arrepiente de ser valiente». Rosario ya la inmortalizó en el bronce de la avenida Pellegrini; ahora, la comunidad tiene la oportunidad de empujar su valía hacia Egipto y el sueño olímpico.