Los vecinos de Puente Gallego estaban seguros de que al Rana lo habían confundido; él no tenía problemas con nadie y se ganaba la vida en una forma honesta, con un oficio. Ayer por la mañana, todos los vecinos de su cuadra estaban consternados, porque al Rana lo acribillaron un par de muchachos en moto anteanoche, en un ataque con tintes mafiosos, pero él se dedicaba a criar perros. Eso era lo que se contaba en el barrio, lo único que se conoce sobre el homicidio; porque los investigadores, que responden al fiscal Adrián Spelta, declinaron aportar datos sobre lo ocurrido.
Marcelo Alejandro Ojeda tenía 38 años y vivía en una casa de Mar Chiquita al 2800, una calle que corta Ovidio Lagos a la altura del 7600, en barrio Puente Gallego. Es una zona de casas humildes, con veredas de tierra y zanjas que la dividen de la calle. Ahí a Marcelo todos lo conocían como Rana y era un vecino muy querido. “Era de los tipos que se ganaban el mango. Siempre hablando de su laburo, planeando, preparando cosas. No se explica lo que le pasó”, aseguró un muchacho que vive en la misma cuadra y solía charlar con él.
El Rana criaba galgos para caza. Tenía algunas hembras para reproducción y educaba a los animales desde cachorros, para después venderlos. Según sus allegados, ayer por la tarde estaba haciendo preparativos, porque esperaba tener mucho trabajo en la temporada de invierno.
Según lo que contó la gente de Puente Gallego, el viernes por la tarde dos muchachos recorrieron varias veces la cuadra donde vivía el Rana. Pasaban primero con dirección oeste y luego volvían sobre sus pasos. Los nenes de la zona aseguran que se movían en una moto Honda Tornado negra, encapuchados, con gorrita, mirando para todos lados, buscando. Pero nadie llamó a la Policía: este tipo de movimientos es bastante común en el barrio.
Un rato antes de las 8, el Rana salió de su casa y caminó por Mar Chiquita para el este. Cruzó Ovidio Lagos y siguió su trayecto por calle Piamonte. “Iba a resolver unas cosas de los perros. Tenía que hablar con un socio”, contó uno de sus amigos; pero nunca llegó. Unos metros después de la avenida, mientras pasaba por un enorme descampado donde hay una canchita de fútbol, los muchachos de la Tornado pasaron junto a él y lo acribillaron.
Un hombre que tiene su casa justo enfrente del lugar del ataque salió a la vereda al escuchar los ruidos y vio cómo los asesinos se escapaban a toda velocidad en la moto negra. Él avisó a los parientes del Rana, que fueron hasta el lugar, lo cargaron en un auto y lo llevaron hasta el hospital Roque Sáenz Peña.
El Rana Ojeda no sobrevivió al viaje. Cuando los médicos del centro de salud lo revisaron, establecieron que al hombre le habían dado ocho tiros: en el muslo izquierdo, el tórax, brazo derecho, antebrazo derecho; dos en muslo derecho, uno en el testículo y el restante en el pecho. A su vez le encontraron una herida punzocortante en el abdomen.
