No hay caso con Central Córdoba, que sigue sin encontrar el rumbo y se aleja de la lucha por el ascenso. Ayer apenas si le alcanzó para rescatar un punto en su propio estadio ante un Argentino de Quilmes que, al igual que la mayoría de los equipos que visitaron el Gabino Sosa últimamente, con muy poco casi se termina llevando mucho.
El clima frío y lluvioso que dominó la escena durante toda la tarde fue el mejor reflejo de lo que sucedió dentro del terreno de juego. Es que el Charrúa volvió a jugar pésimo y no perdió de casualidad tras el certero cabezazo de Valenti en el inicio del segundo tiempo.
Guido Gardeano se la sacó de encima con tanta fortuna que su remate, con destino a las manos del arquero, se desvió en el ingresado Ferrari y fue a morir en la red.
El regreso con gol del talentoso volante tras casi 10 meses de inactividad por una lesión fue lo único positivo que dejó el duelo de ayer. Lo demás es para agarrase la cabeza de preocupación.
La falta de actitud, de vértigo, de ideas. No por nada se encuentra en el fondo de la tabla, ya lejos de cualquier posibilidad de pelear por el único boleto a la B Metropolitana.
