Cuando algunos empezaban a preguntarse qué había sido de aquellos cambios prometidos durante la campaña electoral de mayo-junio pasados, Mónica Fein cerró el armado del gabinete que moverá los hilos de su segundo mandato. Los nombres dados a conocer cumplen la premisa de recambio generacional (todos sub-50) y perfil frentista.
Si bien habrá más cambios de nombres y funcionamiento, el núcleo duro de la próxima gestión sintetiza los consensos alcanzados dentro del Frente y la renovación a la que obligó el terremoto electoral de abril pasado.
Javkin en la Secretaría General, Leone en Gobierno, Pablo Seghezzo en la delicada Secretaría de Control y Convivencia Ciudadana, y María Eugenia Schmuck y Horacio Ghirardi atendiendo en el Concejo, fuente permanente de dolores de cabeza para Fein.
Lo que en apariencia es continuidad, en la práctica está destinado a ser otro gobierno liderado por la misma persona.
Plataforma 2019
Pablo Javkin (CC-ARI) se hará cargo de la Secretaría General, un área que le permite trato directo con múltiples interlocutores de la vida institucional (ONGs, organizaciones sociales, confesiones religiosas, vecinales) y al mismo tiempo llegada a todos los rincones geográficos de la ciudad. Es el despacho desde el cual se puede monitorear la intervención del gobierno en cada distrito. Una plataforma inmejorable para pelear por el objetivo de suceder a Fein en 2019.
Javkin debió poner en la balanza los pro y contra de dejar su banca de diputado nacional y “volver a la ciudad”. Hay que tener presente que cuando tenga la próxima oportunidad de disputar la intendencia, dentro de 4 años, el socialismo estará cumpliendo 30 en el poder.
Quedarse en la Cámara de Diputados de la Nación aparentaba una apuesta segura. El único riesgo era que las cosas no le fuera bien a Fein y 2019 se lleve puesto no sólo al socialismo sino a todo el Frente Progresista. En ese caso él se habría quedado mirando a la distancia cómo la historia daba vuelta la página para entregarle el Palacio de los Leones al PRO o el justicialismo.
Además, hay una potencial competidora de Javkin en el camino de sucesión. María Eugenia Schmuck también recibió el ofrecimiento de Fein para incorporarse al gabinete, pero ella prefirió cumplir el mandato de concejala para el que acaba de ser reelegida. La ex Franja Morada, principal figura de la UCR rosarina después de que Jorge Boasso dejó la silla vacía para mudarse al PRO, se llevó el compromiso de que el oficialismo la postulará para la presidencia del Palacio Vasallo. No es una plataforma con el roce de la Secretaría General, pero sí una vidriera desde la cual proyectarse.
Un Leone de la galera
La novedad que sacó de la galera la intendenta fue la designación de Gustavo Leone al frente de la Secretaría de Gobierno. Es el segundo puesto en jerarquía política de la ciudad, y hoy tiene la impronta de Fernando Asegurado, que viene en el cargo desde los tiempos de Lifschitz e hizo de puente cuando lo relevó Fein.
El traslado de Leone al estratégico cargo de secretario de Gobierno es una apuesta de la intendenta en particular y del socialismo en general, sobre todo si se tiene en cuenta que su origen no está ni en el Movimiento Nacional Reformista ni en la raíz del PS.
Es parte, al igual que la secretaria de Producción Eleonora Scagliotti, de los alumnos destacados que Ángel Sciara reclutó en la Facultad de Ciencias Económicas cuando a mediados de los 90 armó los equipos de Hacienda.
En la medida que crecieron como cuadros técnicos y se capacitaron les tocó asumir nuevas responsabilidades. Leone pasó de Hacienda a las segundas líneas de la Secretaría de Gobierno y luego Lifschitz lo puso al frente de Servicios Públicos. En 2012 Bonfatti lo pidió desde la provincia para armar la Secretaría de Hábitat. Ahora el salto es mayúsculo, porque si bien cumplía altas responsabilidades, siempre predominó su perfil técnico, mientras que ahora se ocupará de una tarea ciento por ciento política.
Otro rollo
Como se dijo al principio, Fein dio las pinceladas decisivas de un segundo gobierno protagonizado por hombres y mujeres sub-50 y de carácter frentista. Este último es el dato esencial: no es que desaparecieron las tensiones internas en el Frente Progresista, pero atrasa el analista que siga mirando la película de hace tres meses. La coalición atraviesa uno de sus mejores momentos, más que por los resultados por las expectativas.
Fein leyó bien cuál era la prioridad e hizo lo que tenía que hacer: garantizar la continuidad del Frente y asegurarse gobernabilidad al construir un escenario en el que los aliados se quedan ya no porque no tienen otro lugar donde ir, sino porque hay expectativas de poder y garantía de protagonismo. Ese es el combustible de la política.
Marche una clausura
El hecho de que los tiempos políticos posterguen hasta diciembre el recambio de funcionarios y en consecuencia las reformas en el funcionamiento del gobierno, expone al Ejecutivo a problemas como los que enfrentó esta semana con la habilitación e inspección de locales de diversión nocturna.
Se trata de áreas con dificultades sobrediagnosticadas, lo cual no evitó que el Ejecutivo termine remando desde atrás, con apenas margen para un desprolijo contraataque, que es de lo que se trató la veloz resolución para anticiparse al Concejo en la clausura del after La Tienda, que venía con el agregado de un pedido de comparecencia de Fernando Asegurado y Pablo Seghezzo motorizado por el Frente para la Victoria. Es probable que al final uno o los dos vayan a poner la cara con los concejales, pero al menos será desde una posición menos desventajosa.
Lifschitz puso primera
Mientras Mónica Fein cerraba su equipo para diciembre, con más aplomo y menos apretado por las circunstancias, Miguel Lifschitz comenzó a delinear su futuro gobierno con socialistas y radicales.
Al convite asistieron representantes de los tres sectores de la UCR santafesina (MAR, Escarapela y NEO). Por el socialismo se sentaron, además de Lifschitz, Eduardo Di Pollina como “representante orgánico del partido”, el diputado electo Joaquín “Popi” Blanco y José “Chino” Garibay, cuya presencia confirma lo escrito hace siete días en cuanto a que cumplirá un rol importante en la administración Lifschitz, más allá del cargo ejecutivo que finalmente ocupe.
Funcionario de confianza del gobernador electo desde su primera intendencia, Garibay está llamado a ser sus ojos y oídos de ahora en más, en particular en esta fase de negociación de largo aliento, en la que se negociarán los espacios que cada aliado ocupará en el gobierno.
En ese primer diálogo, Lifschitz invitó a acercar propuestas y repasó algunas ideas centrales. Sobrevoló el tema de energía (la EPE saldría del Ministerio de Aguas, que dejará de ser un megaministerio, para pasar a la órbita de esa Secretaría), infraestructura y el futuro de Vialidad. Describió Seguridad Pública como el área crítica en la que requiere cambios y señales a la sociedad desde un principio (se mencionó la necesidad de mejorar la Justicia penal). No se barajaron nombres ni medidas concretas, pero todo indica que el esquema para el área seguridad es el de un ministro de carácter político y un secretario de Seguridad (responsable de la instrumentación operativa de las decisiones) que conozca de adentro el funcionamiento de la fuerza policial. En teoría esa disposición no difiere de la Nación, que tiene a un ex militar a cargo de la Secretaría de Seguridad. O el de esta última etapa de Bonfatti, con un ex gendarme en el segundo lugar del Ministerio.
Claro que los nombres propios dicen mucho y en este caso aún no se dieron a conocer.
