El miércoles 14 de octubre, a las 19, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Rosario (FilRos), el escritor y coordinador de talleres literarios Javier Núñez presenta su quinta novela, Principio de identidad (Editorial La Pollera, 2026). Será en la sala Beatriz Guido, del primer piso, y estará acompañado los también escritores Paula Turina y Federico Ferroggiaro.
En la sinopsis que describe algo la trama de Principio de identidad, puede leerse. “El nombre de Javier Núñez es tan común que hay un psiquiatra, un futbolista, uno buscado por Interpol y dos escritores más. Durante un viaje a un encuentro literario en Boston, es confundido de nuevo y llevado al hotel equivocado. Pero esta vez conversa con el otro Núñez y deciden cambiar: en su lugar, irá unos días a una localidad costera a cerrar la casa de una tía que murió. Es casi una humorada hasta que el otro Núñez se convierte en una de las víctimas de un atentado terrorista. Entonces Javier queda atrapado en una vida que no es la suya: en Pinerock, con sus nuevos –o viejos– amigos, una posible pareja y el misterio de la muerte de la tía que se comienza a desenredar. «Después de tanto tiempo de sentir que siempre he sido doble de algún modo, de toda una vida siendo yo y otro al mismo tiempo, me toca ser uno de esos dos. Y elijo al otro». Con una escritura envolvente, uno de los Javier Núñez de esta novela busca refugio en la impostura. Y eso es precisamente lo que no hay”.
El rosarino Javier Núñez es autor de más de una decena de libros entre novelas, libros de cuentos y otras obras narrativas. Publicó los libros de cuentos La risa de los pájaros (2009), Praga de noche (2012), La feroz belleza del mundo (2019) y Cuando todo se rompe (2020); las novelas Después del fuego (2017) y La música de las cosas perdidas (2022); y otras obras narrativas como Tríptico (2013), Postales de un mapa imposible (2021) y El pulso secreto de las cosas (2022). Con su novela La doble ausencia obtuvo en 2012 el Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo, otorgado por la Universidad Veracruzana de México. Hija de nadie ganó en 2022 el Premio Casa de las Américas de Novela en La Habana, Cuba. Algunos de sus libros han sido publicados en Italia, México, Uruguay y Estados Unidos.
Antes de la presentación en la Feria del Libro, Núñez paso por A Puro Click, el magazine en streaming de este medio para hablar de su reciente novela. A poco de comenzar la conversa que se produce en el programa, Núñez dijo que se trataba de una novela extraña donde fusiona varias cuestiones. “Me uso a mí mismo como personaje, una especie de variante de Javier Núñez (risas). Escribí textos en primera persona pero nunca me había utilizado como personaje de ficción y en este caso además tenía que ver con un episodio particular que me pasó en un viaje que hice a una feria del libro en Lima (Perú) y me detuvieron en migraciones, porque había un Javier Núñez que era buscado por Interpol. Entonces juego con eso en la novela y juego con que los dos personajes se encuentran y deciden intercambiar identidades; uno se va en reemplazo del otro a una feria del libro y el otro, el escritor, se va a un pueblito de Maine, en Estados Unidos, llamado Pinerock, a liquidar las cosas de la casa de una tía que había muerto. El otro Javier Núñez termina muriendo en un atentado y entonces el otro queda atrapado en la posibilidad o no de la vida ajena, ya que no puede volver a ser el que era porque supuestamente ha muerto y tampoco puede ser del todo el que trata de ser o el que finge ser”, explicó, y agrega: “Aprende y se va inventado a sí mismo en el trayecto, en la medida que se narra, que se cuenta ante los demás, a medida que se involucra en ese proceso, que ocurre ahí en ese pueblo; porque todo empieza a devenir en trama de thriller, van pasando un montón de cosas que lo configuran y que abren a la vez una serie de preguntas que tienen que ver con qué es lo que sobrevive de su verdadera personalidad original, de lo que lo constituía como la persona que era y en qué punto se empieza a inventar y crear una personalidad nueva”.
Sobre si tuviera que definirle un género a esta novela, Núñez señala: “Es difícil porque a mí me gusta jugar con los bordes de los géneros; tiene aspectos del thriller y ciertos elementos del policial negro, pero al mismo tiempo es una novela que usa lo metaficcional, lo documental, porque el mismo escritor empieza a reflexionar sobre impostores famosos, entre ellos cuatro casos de impostores reales, juega un poco con la posibilidad de expandir esos límites, donde conviven distintos géneros. Me gusta mucho que la novela no sea una sola cosa, sino que entre en ese espectro donde puede ser múltiples novelas al mismo tiempo. También abordo la metaficción, porque se habla, dentro de la novela, de la novela que está escribiendo, y lo que registra con fidelidad, es decir lo que el personaje comparte conmigo es mi bibliografía, es decir, las novelas que escribí son novelas de este autor, e incluso en la novela aparece un personaje de mis otras novelas interrelacionándose”.
Sobre cómo fue la construcción de la novela a partir de ese episodio de su vida real con migraciones, el autor describe que “tenía ese disparador y las ganas de novelar a partir de ahí; me parecía un punto de partida muy interesante la idea del cruce de identidades entre los dos personajes, pero al mismo tiempo hacía rato que venía con la idea de escribir sobre los impostores, y había uno que me interesaba mucho, el de Frédéric Bourdin, un impostor francés, que convivió varios años con una familia en Estados Unidos, y que no encontraba la vuelta para convertirlo en ficción; tenía ese caso y un par más en los que me había documentado y quería escribir sobre eso y lo que hice fue empezar a fusionar y poner al escritor que se hace pasar por otro escritor a escribir sobre estos casos, por eso uso el registro documental dentro de la novela. Esa propuesta híbrida fue la que me permitió encontrarle la forma a esta novela”.

Acerca de cuánto tiempo le llevó escribirla, el narrador rosarino apunta: “Es un proyecto en el que llevaba tiempo detrás, quería escribir sobre estas cosas, tenía un montón de anotaciones, pero desde el momento que comienza a tomar forma la idea y empiezo a escribir, son varios meses, creo que esta novela la escribí en dos bloques de cuatro o cinco meses cada uno, porque uso mucho el tiempo que tengo luego de que termino el taller de escritura, que son más los meses de verano”, y ante la pregunta de si mientras trabaja en una novela escribe otras cosas, dice que “puede ser que escriba algunos textos si me piden de alguna revista o diario, incluso no escribo cuentos cuando trabajo en una novela; la novela me gusta porque me da un lugar donde acomodarme y un espacio adonde volver cotidianamente, porque no soy tan riguroso con la escritura, no escribo todos los días y la novela me permite saber todos los días hacia dónde tengo que ir o dónde tengo que adentrarme”.
Núñez lleva con esta nueva cuatro novelas escritas, ¿qué siente que le ha dado a esta altura la construcción de estas novelas? “Creo que me ha dado cierto manejo de algunas cosas que en la primera novela no las tenía y ahora me siento más cómodo, y también que más allá que escriba cuentos, yo me siento más novelista y eso fue un descubrimiento que tuvo que ver con escribirlas. Esta novela me permitió además desafiarme con otras formas que en las otras novelas no había abordado, tengo la sensación de que estos cruces de registros que hice la convierten en una novela más ambiciosa que las que la precedieron, y al mismo tiempo es como un cierre necesario de cierto ciclo de las novelas. Hay una serie de intereses que aparecen en mis últimas novelas que tienen que ver con un personaje que se va y reinventa su vida, pero siempre mirado desde el lado de los que quedan atrás y nunca desde el primer lugar, o puesto en primer plano. Entonces lo que me pasó con esta novela es que me permitió contar la historia de ese personaje en primera persona y siento que es como cerrar un arco que había comenzado en las otras novelas…y al mismo tiempo me abre el abismo de qué viene después (risas)”, dice Núñez.
Finalmente, ante la pregunta de si el autor de Principio de identidad escribe para sí mismo o para un hipotético lector, destaca: “Me parece que muchas veces los autores pensamos en un lector imaginario; a mí me gusta decir que la literatura es de algún modo una especie de conversación permanente; una que empezó cuando comencé a formarme; es una suerte de conversación íntima que uno va teniendo con otros autores y luego se escribe para continuar esa conversación. Creo que mi lector es alguien que está con ganas de continuar esa conversación”.
