Anatole France fue sin duda uno de los pilares fundamentales de la literatura de carácter social. Ubicado en la bisagra entre los siglos XIX y XX, cultivó en sus novelas un estilo irónico e iconoclasta respecto de las instituciones en que se sostiene la dominación de las clases privilegiadas. Combatió con singular vigor contra las imposturas políticas, religiosas, contra el fanatismo nacionalista y el militarismo chauvinista. Alzó su voz de intelectual comprometido con las nobles causas y la lucha de las clases desposeídas.
Las novelas de France conservan la vitalidad de las obras de análisis de la condición humana en las más diversas circunstancias y de una esmerada atención para captar la dinámica de las emociones en lo diversos avatares de la existencia.
Esbozo biográfico
Nacido bajo el nombre y apellido de Anatole François Thibault, pero popularmente por seudónimo de Anatole France, nació el 16 de abril de 1844, en la ciudad de París, capital de Francia. Según expresa uno de sus biógrafos de France: “Heredó de su padre el interés por la Revolución Francesa de 1789, su familia poseía una librería en la que se vendían tanto libros como panfletos y otros materiales editados durante la Revolución.
De ahí, el joven Anatole sacó parte de sus ideas y primeras lecturas. Años más tarde, en 1912, publicaría una novela acerca del período del Terror de la citada Revolución, Los dioses tienen sed. Trabajó inicialmente como bibliotecario en el Senado, y fue elegido para la Academia Francesa en 1896. En 1921 recibió el Premio Nobel de Literatura por el conjunto de su obra”.
Actividad política y periodística
Anatole France apoyó a Émile Zola en el caso Dreyfus, el infame proceso contra un oficial francés acusado de espía por el Estado y desterrado y encarcelado. Al día siguiente de la publicación del Yo acuso en el periódico La Aurora, France firmó la petición que exigía la revisión del proceso. Devolvió al gobierno de Francia la Legión de Honor que le habían otorgado cuando le fue retirada a Zola. Fundó la Liga de los Derechos del Hombre.
También bregó por la separación de la Iglesia y el Estado, y se manifestó a favor de los derechos sindicales de los trabajadores y contra los contra los presidios militares.
A propósito del fusilamiento por parte del Estado español del pedagogo anarquista Francisco Ferrer Guardia en Barcelona el 13 de octubre de 1909, acusado de instigar la insurrección obrera y popular conocida como La Semana Trágica, Anatole France escribió y dio a publicidad una carta abierta, verdadero alegato de denuncia contra la alianza entre capitalistas, clérigos, militares y terratenientes. El señalamiento implacable contra el régimen monárquico ibérico y la dictadura militar-clerical del general Miguel Primo de Rivera.Un llamado a la conciencia universal contra las injusticias sociales.
Colaboró con artículos de opinión en el diario L’Humanité. A modo de ejemplo cabe citar que se opuso firmemente al Tratado de Versailles, que imponía feroces condiciones de vida para el pueblo alemán luego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El folleto se titula: Contra una paz injusta, y se publicó en L’Humanité el 22 de julio de 1919. Se presentó a diputado en las elecciones legislativas de 1914.
Simpatizante de la Sección Francesa de la Internacional Obrera, futuro Partido Socialista Francés, estuvo un breve lapso cerca del Partido Comunista Francés, aunque más adelante se mostró crítico por su seguidismo de las políticas de Moscú y la evolución contrarrevolucionaria de la Revolución Rusa iniciada en 1917.
Opiniones sobre France
En un artículo publicado por el diario español El País, el escritor mexicano Carlos Fuentes opina, acerca de la importancia de Anatole France y de una de sus novelas, Los dioses tienen sed, para Milan Kundera: “France, estima Kundera, ha caído en la lista negra, ¿quién lo lee? Yo recuerdo que para mi padre y mi abuelo era un autor fundamental y yo me uní al universal desprecio que condujo a los surrealistas a considerarle como «un hombre degradado» (Aragon), «un cadáver» (el grupo entero)”.
Kundera se ocupa de la novela de France ubicada en tiempos de la Revolución Francesa, Los dioses tienen sed, como un examen de lo cotidiano en la época de la guillotina. El personaje Gamelin es un hombre honrado que esconde a un monstruo. Su secreto para sobrevivir consiste en saberse en un tiempo desierto de humor que crea un desierto de la seriedad. No le basta. Se contradice. Gamelin es un hombre que puede saber sin darse cuenta que el conocimiento auténtico no se refiere ni a la política ni a la historia. Y es que el tiempo del destino individual jamás debe –o puede– coincidir con el destino de la historia. Historia, política e individuo se entremezclan pero jamás coinciden plenamente.
Por los resquicios se cuelan la novela y el novelista. France, concluye Kundera, no escribe para «condenar» la Revolución, sino para examinar el misterio de sus actores. El misterio de una nación que se regocija viendo cortar cabezas.
Obras
Autor prolífico si los hay, se pueden citar entre otras obras de Anatole France: Les Légions de Varus, poema publicado en la Gazette rimée (1867), Alfred de Vigny (1869), El Parnaso contemporáneo (1871) (algunos poemas), Poemas áureos (1873), Las bodas corintias (1876), drama en verso. Yocasta (1879), El gato escuálido (1879), El crimen de Sylvestre Bonnard (1881), premio de la Academia francesa, Los deseos de Jean Servien (1882), Abeille (1883), El libro de mi amigo (1885), Thaïs (1890), El estuche de nácar (1892), (cuentos). El jardín de Epicuro (1895). El pozo de Santa Clara (1895), Historia contemporánea (cuatro volúmenes de 1897 a 1901) I. El olmo del paseo (1897), II. El maniquí de mimbre (1897), III. El anillo de amatista (1899), IV. El señor Bergeret en París (1901), El asunto Crainquebille (1901), Opiniones sociales (1902), Crainquebille (1903), La isla de los pingüinos (1908), La rebelión de los ángeles (1914), La vida en flor (1922).
Se apagó su talento creador y espíritu batallador de tribuno libertario el 12 de octubre de 1924 en Saint-Cyr-sur loire. Sus obras y acción trascienden las modas y conservan su vigor literario otorgándole plena vigencia.
