Rosario, viernes 23 de octubre de 2026
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Rosario, viernes 23 de octubre de 2026

La política santafesina entra en máxima tensión

Tramo final de la campaña, se inicia la cuenta regresiva. Hoy mismo comienza el sprint final al cumplirse el plazo legal que prohíbe los actos institucionales e inauguraciones.

Tramo final de la campaña, se inicia la cuenta regresiva. Hoy mismo comienza el sprint final al cumplirse el plazo legal que prohíbe los actos institucionales e inauguraciones.

Por lo tanto, al menos en lo formal, los gobiernos se retiran de la cancha y sólo quedan los candidatos a la caza del voto.

Abre hoy una semana de debates en medios. Los candidatos a intendente se van a cruzar esta noche; los que pelean la Gobernación tendrán dos rounds, el miércoles en un canal porteño y dentro de siete días en Rosario.

Carlos Reutemann reapareció en escena para apoyar a Miguel del Sel. El diputado provincial Eduardo Toniolli le dio la bienvenida con una propuesta para expulsarlo del Partido Justicialista. La cosa no pasa tanto por las posibilidades de que prospere, sino por el mensaje: “Ya te llevaste mucho, basta de saquear al peronismo de votos para regalárselos a Macri”. Reutemann, a pesar de doce años calentando la banca con un trabajo legislativo paupérrimo, concentra adhesiones en una porción nada despreciable del electorado provincial. Rápidamente se victimizó: se comparó con un mártir a punto de ser fusilado. Acto seguido, habló de un pacto socialista-kirchnerista, artilugio discursivo para pintar una especie de “el mundo contra el PRO” o “ellos o nosotros”.

El gobernador Antonio Bonfatti clausuró su agenda institucional. Él mismo es candidato a diputado y en las primarias le fue muy bien. Por lo tanto es un activo que el Frente Progresista va a explotar a full. Desde mañana sale con Miguel Lifschitz a caminar la provincia, con prioridad en la capital provincial y Rosario. Ambas ciudades vuelven a ser decisivas tanto para sacar como para achicar diferencias.

Después de muchos años, el comité departamental de la UCR volvió a ser escenario protagónico de una elección. En este caso para el expreso respaldo, además de sus candidatos a concejales, a la reelección de Mónica Fein, que llegó acompañada por Horacio Ghirardi y María Eugenia Schmuck. La “piba rubia de la universidad” pasó de ser considerada una figura “del montón” en el partido a convertirse en la Cenicienta del radicalismo rosarino. Su protagonismo junto a la intendenta, sumado a los de Pablo Javkin de la CC-ARI y Ghirardi (el más votado en la categoría concejal, que esquivó el voto bronca), indican que, si logra retener el poder, el Frente Progresista rosarino está a las puertas de una profunda renovación generacional y de equilibrios internos.

El Frente Justicialista para la Victoria pone sus esfuerzos en defender un escenario electoral de tres tercios. El riesgo de la fórmula Perotti-Ramos es el mismo del primer día: que el PRO y el Frente Progresista polaricen las preferencias. Las cosas se complican porque Miguel del Sel es de esos candidatos que pueden reunir tanto apoyos como rechazos. Y sabiendo eso, el Frente Progresista apuesta a concentrar en Miguel Lifschitz a los que no quieren saber nada con que el Midachi en primer lugar, y el PRO de Macri en segundo, se queden con la provincia.

En Rosario se abre un escenario similar con Roberto Sukerman. En lo personal, y para el sector político al que pertenece, el piso de votos que obtuvo en primarias es muy útil para cualquier discusión puertas adentro del peronismo rosarino. Pero para la general el desafío es de otra escala. Una polarización entre las dos candidatas mujeres podría volverlo el pato de la boda.

No termina de quedar claro cómo jugó la candidatura de Alejandro Grandinetti, del Frente Renovador. ¿El 6,6% de las primarias son votos peronistas que en comicios anteriores fueron para Héctor Cavallero? ¿O capturó votantes que si no tuvieran esa opción optarían por sumarse al PRO? Quizás haya sido un poco de las dos. Es una de las incógnitas abiertas.

En el Palacio Municipal siguen de cerca los movimientos de Marcelo Pipi Andrada, mandamás del Sindicato de Recolectores de Rosario. Algunos dirigentes y funcionarios socialistas dicen que es llamativo que en el último mes se suscitaran problemas de recolección puntuales, en especial en barrios de sectores medios. Puede ser una “travesura”, paranoia o prevención. Quizás un poco de todo. A eso se agrega que Rosario no tendrá recolección de residuos el jueves próximo y el martes 9, en ambos casos por medidas de fuerza nacionales. No son contra las autoridades locales, pero, obvio, a ningún gobierno municipal le gusta un paisaje de contenedores desbordados días antes de las elecciones. Más allá de las especulaciones que hace el oficialismo, hay datos objetivos. Como candidato por el partido de Hugo Moyano, a Pipi Andrada le fue espantoso. Pocos días después de las primarias el jefe de Camioneros le ordenó trabajar para Del Sel, lo cual se oficializó con la participación del Midachi en el locro del Sindicato de Recolectores. Y es, a la vez, otra señal del acuerdo nacional que negocian Moyano y Macri.

“Final abierto”, “números muy parejos”, es todo lo que dicen los consultores. Devuelven casi intactas las dudas que se les presentaron. Las pocas encuestas que llegaron a manos de periodistas, que obvio que no son todas y por eso no se citan acá, hablan de diferencias que se encuadran como empate técnico entre PRO y el Frente Progresista, pero sin que se pueda hablar aún de un escenario polarizado.

Ningún consultor, al menos fuera del círculo de sus clientes, se juega más allá de lo que se puede intuir: que se trata de una carrera en la que Del Sel y Ana Laura Martínez arrancaron adelante y el Frente Progresista tenía que alcanzarlos y superarlos. En su condición de oficialismo, concentra un puñado de figuras taquilleras y un potente despliegue territorial, por lo tanto tiene las herramientas suficientes para dar la pelea. Si lo consigue o no, se sabrá el 14 a la noche.

Estrechar filas, polarizar, hacer correr de eje a Del Sel y Martínez para que muestren flaquezas: he ahí la receta con la que el oficialismo se juega todo.