Camila Reciuto / Especial para El Ciudadano – Fotos: Juan José García
Bajo la consigna central de exigir la aplicación «efectiva e inmediata» de la Ley de Financiamiento Universitario, se llevó a cabo la quinta Marcha Federal Universitaria. Este jueves 15, una multitud marchó desde la plaza San Martín hasta el Monumento Nacional a la Bandera, con un reclamo recurrente registrado en infinidad de pancartas: “Milei, cumplí la ley”
Estudiantes, docentes, no docentes y graduados se movilizaron masivamente en todo el país para visibilizar un paquete de reclamos urgente: la recomposición salarial para el personal académico y administrativo, el incremento en el monto y la cantidad de becas estudiantiles, la restitución de fondos para ciencia y tecnología, y un Presupuesto 2027 que garantice el funcionamiento básico de las casas de altos estudios.
A la movilización se sumaron distintas organizaciones políticas y gremiales, como las dos CTA (Trabajadores y Autónoma), la CGT Rosario, el Frente de Izquierda de los Trabajadores, La Cámpora, entre muchísimos otros.
La jornada contó con un condimento político clave: el intento de oposición en el Congreso para derogar el DNU 70/2023, que firmado en diciembre de 2023 modificó regulaciones económicas, laborales y sociales. Entre ellas, derogó la Ley de Alquileres, desreguló la medicina prepaga, liberó condiciones de financiamiento y tasas de interés y la Ley de Tierras Rurales. Finalmente, en la jornada de la marcha universitaria el oficialismo logró evitar el tratamiento del DNU en Diputados al abroquelarse con sus aliados y la oposición friendly, como la de Provincias Unidas.

Tengo razones para seguir
Las razones para marchar fueron tan diversas como sus asistentes. A través de historias personales y familiares, emergió un consenso unánime: la defensa de la universidad pública como un derecho social fundamental y un motor central para el desarrollo nacional.
Para las y los jóvenes que colmaron las avenidas y las plazas de todo el país, la educación pública es una herramienta innegociable de transformación personal y social.
“Vine a marchar porque siento que hay que defender lo nuestro, porque la educación pública es nuestra. Porque mis viejos no pudieron estudiar y la universidad pública me acoge, me abraza, me acompaña siendo de otra ciudad. Si no fuera por la universidad pública yo hoy no estaría acá”, afirmó una estudiante.
Frente a un contexto de aislamiento, individualismo y represión, la marcha se transformó en trinchera y refugio. Fue el espacio para la lucha, pero también el punto de encuentro entre amigos y vecinos: un territorio de diálogo y debate intelectual para ejercer el pensamiento crítico por encima de los discursos de odio.
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Sin salud ni educación pública no hay nada
En la misma línea, otra joven destacó el valor democratizador del sistema universitario: “Siendo de la comunidad, siendo parte de la universidad pública, el compromiso de venir a marchar es muy importante, no tenemos que dar a la universidad pública por sentado. La educación pública permite el ascenso social, nos da una libertad muy importante. La palabra libertad, en este sentido, está bien utilizada”, reflexionó una estudiante.
Tras la sanción de la Ley de Financiamiento Universitario en el Congreso en el 2025, el Poder Ejecutivo dispuso su veto bajo el argumento de resguardar el equilibrio fiscal. Ante esta situación, las universidades acudieron a los tribunales, y obtuvieron fallos favorables que ordenan al gobierno aplicar los aumentos salariales correspondientes y restituir las becas. Sin embargo, en los hechos, la ley continúa sin ejecutarse.
La quita de presupuesto impacta de manera directa en el día a día de los alumnos y en las posibilidades de desarrollo futuro. Así lo expresaba una de las estudiantes: “Me parece una vergüenza tener que marchar por algo tan simple y tan básico, como un derecho, el derecho a la educación. Quitar recursos, quitar computadoras, quitar becas, les cierra las puertas a muchas personas que no pueden acceder a otra cosa que no sea la educación pública; y por supuesto que arruina el futuro de muchos de los que estamos estudiando hoy en día y de los que puedan estudiar más adelante”.
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Hacer docencia en las calles
Para el cuerpo docente, la falta de respaldo estatal amenaza con transformar el clima escolar y universitario en un entorno cada vez más hostil. Sin embargo, lejos de la resignación, la comunidad académica sostiene la convicción de no bajar los brazos.
“Estas políticas de ajuste ya no se pueden soportar más. Estoy a punto de jubilarme, soy docente y madre de un joven que está a punto de comenzar la universidad. Vamos a defender siempre la universidad pública que es nuestro orgullo nacional. Estoy acá por mí y por todas y todos”, señaló una de las profesoras presentes en la marcha.
Además, la crisis presupuestaria golpea de manera crítica a sectores especialmente vulnerables, como la atención e inclusión en discapacidad. “Soy docente y esta realidad nos está matando lentamente. Yo laburo en discapacidad, esa área se ve bastante afectada, los recortes están siendo cada vez mayores. Es una situación muy angustiante, pero no queda otra que seguir reclamando por nuestros derechos, que justamente son constitucionales y tienen que estar garantizados”, relató otra docente.
La entrega y los entreguistas
La movilización demostró que el reclamo supera los límites de los claustros académicos y se consolida como una causa popular que abraza a diversos sectores de trabajadoras y trabajadores.
“La marcha es algo que nos vuelve a convocar como sociedad argentina. Como estudiante considero que trasciende al movimiento estudiantil, trasciende al movimiento universitario. Es una lucha del pueblo contra los cipayos entreguistas del gobierno de Milei. Venimos a resistir”, afirmó un intengrante del Centro de Estudiantes de la Facultad de Humanidades y Arte.
Así, la quinta Marcha Federal Universitaria no sólo dejó en evidencia la profundidad del conflicto presupuestario y la firmeza del reclamo institucional. Demostró, sobre todo, que la educación pública sigue siendo una de las fibras más sensibles de la identidad argentina: una causa colectiva que, lejos de apagarse frente a los recortes y el desinterés estatal, encuentra en las calles su trinchera más sólida para seguir construyendo futuro.



