Rosario, viernes 30 de octubre de 2026
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Rosario, viernes 30 de octubre de 2026

El revoloteo de lo buitres

Dicen que el juez Griesa es un buen magistrado y un buen demócrata y que los miembros de la Corte de Estados Unidos son brillantes y honorables ¿Quién puede ponerlo en duda? Sin embargo, a la hora de realizar un análisis de la realidad se advierte que una cosa es la fría (a veces demasiado fría) letra de la ley y otra la justicia. El juez Griesa, según lo publicado por diversos medios, habría expresado durante la reunión de ayer en su juzgado a los abogados que representan a la Argentina en el pleito que “aquí hay que encontrar un mecanismo legal para que esto funcione. Argentina en los últimos doce años se ha reído de las sentencias judiciales, no quiero que Argentina se vuelva a reír de una sentencia judicial”.

¡Vaya! Como si durante siglos los poderes del llamado “primer mundo” no se hubieran no sólo reído de la Argentina, sino que la hubieron de pisotear, humillar y someter, como a otros pueblos del mundo (a veces con la complicidad, claro, de algunos connacionales). En el marco de esta disputa, lo dicho por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no admite dudas: comprar bonos a un precio vil aprovechándose de la situación crítica de un pueblo, especular y pretender cobrar luego de un proceso usurario sumas harto engordadas es muy cercano a la piratería, en este caso amparada por estructuras legales. Pero no siempre lo que sostienen las normas es necesariamente justicia. También los diabólicos nazis justificaban que todo lo actuado se hacía en el marco de la ley. Lo que no aclaraban era que la ley se había instrumentado para acabar con millones de personas.

La presidenta ha sostenido, en su reciente discurso al conocerse el fallo de la Corte de los Estados Unidos de Norteamérica, lo siguiente: “Ni en el crimen organizado hay una tasa de retorno del 1.608 por ciento en dólares”. Coincidimos: la especulación y frialdad de los fondos buitres es espeluznante y es el paradigma del enriquecimiento a través de acciones injustas, nada productivas y humillantes para millones de personas.

Tiene razón la presidenta cuando sostiene que “se está convalidando una forma de dominación mundial y de arrodillar a los pueblos” y cuando reafirma que “no es un problema económico, financiero, jurídico ni legal, es la convalidación de un modelo de negocios a escala global, que si se sigue pronunciando va a producir tragedias inimaginables”.

En rigor de verdad, este tipo de negocios hace tiempo que se ha consolidado, y el problema radica esta vez en que un país (en este caso el nuestro) no se avino a satisfacer la voracidad de los buitres, que revolotean sin piedad sobre un posible cadáver.

En esta situación, ha sido plausible que la oposición no hiciera de la situación una grotesca figura política y se haya encolumnado no detrás de un gobierno, con el que se puede estar de acuerdo o no en ciertos aspectos, sino detrás de aquellas acciones que deben ser lo mejor para el país y sus ciudadanos.

La situación, por otra parte, no admite burdas estrategias para sacar rédito político, pues de lo que se trata no es sólo de la trillada figura de la economía nacional, sino de la vida de todos y cada uno de los argentinos. Porque cada vez que se han conculcado los derechos del país, se ha sumido en la desgracia a sus millones de habitantes.