Rosario, sábado 24 de octubre de 2026
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Newell’s y un gran año



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Por Mariano Faurlin / José Odisio.- Se coronó campeón en el torneo Final, llegó a semis en la Libertadores e impuso un estilo de juego muy elogiado.

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nobdentro

El 2013 será un año muy recordado por los hinchas leprosos. Si bien quedó algo de bronca por el título que se escapó en el reciente Torneo Inicial, no hay dudas que Newell’s fue el gran protagonista del fútbol argentino. Campeón en el Torneo Final, semifinalista de Copa Libertadores, candidato en el último certamen doméstico fueron logros que pusieron a la Lepra en lo más alto del pedestal local. Pero más allá de las estadísticas, lo más significativo fue que el equipo impuso una forma de jugar, un estilo vistoso y efectivo que lo llevó al elogio de propios y extraños, y provocó admiración en todo el mundillo del fútbol.

El primer semestre fue de ensueño. Tras un año en la conducción, donde sacó a la Lepra del infierno y lo tuvo muy cerca de la coronación en dos campeonatos consecutivos durante 2012, Gerardo Martino sabía que este 2013 debía ser el año de la consagración. El Tata había impuesto un estilo propio, haciendo de la paciencia, la posesión de la pelota y el juego ofensivo sus principales armas. Pero el entrenador sabía que de nada servirían los elogios si el equipo no conseguía un título.

“No es mi forma de pensar, pero en el fútbol pocas veces la gente se acuerda de los segundos. Por eso creo que conseguir un título sería una linda manera de recompensar a este grupo de jugadores valientes que tienen una convicción tremenda”, fue el pensamiento del Tata a medida que el equipo se consolidaba como candidato en el Torneo Final y la Copa Libertadores.

La apuesta era a dos puntas, con los riesgos lógicos de saber que ‘ir por todo’ a veces puede dejarte ‘sin nada’. Martino, fiel a su estilo, no especuló. Actuó con inteligencia en la rotación de jugadores y se mantuvo a tiro en el torneo local, sin descuidar la Copa.

Newell’s siempre demostró ser el mejor en el Torneo Final. Convencido de la idea del Tata, el grupo nunca se apartó de un libreto que proponía un juego vistoso, honesto y muy ofensivo. Nunca se tentó con el resultado, ni siquiera en los partidos decisivos donde ganar podía significar un título.

Hubo pequeños cimbronazos, pero allí fue cuando el equipo sacó chapa y dejó en claro que nada lo podía detener. Al 0-3 con Lanús en la segunda fecha (con un equipo de suplentes) y el empate 1-1 con San Martín en San Juan, respondió con cuatro victorias al hilo (Belgrano, Estudiantes, River y San Lorenzo).

Tampoco lo afectó perder 1-2 con Colón en el Coloso, otra vez con un alternativo. A la fecha siguiente aplastó a Tigre 3-1, inclusive jugando gran parte del segundo tiempo con un jugador menos.

Cada golpe en contra, tenía una respuesta de la Lepra aún más contundente. Cayó con Arsenal en la 12ª fecha, con el polémico arbitraje de Pompei empujando a Martino, y a la semana aplastó a Godoy Cruz. Empató un partido increíble ante Quilmes (Scocco erró un penal) y una semana después goleó con suplentes a Boca 4-0.

Y cuando All Boys le dio un mazazo sorpresivo a cuatro fechas del final, encontró su mejor versión goleando Unión (5-0) y Rafaela (3-0) y se coronó campeón.

El ciclo de Martino tuvo su premio. Con un Scocco intratable en la red, con un Maxi Rodríguez con nivel de selección, con Bernardi como cerebro y Villalba como su mejor lugarteniente, y casi sin fisuras, lideró la tabla, anotó la friolera de 40 goles, festejó una fecha antes del final y, lo más importante, consiguió el elogio unánime de prensa, rivales e hinchas. Una copa más en la vitrina, una estrella más en el firmamento leproso, un equipo que para muchos estará entre los mejores de la historia del club.

El ciclo pudo ser aún más exitoso, pero se quedó en la puerta de la final de una Copa Libertadores donde la Lepra fue de menos a más y casi consigue ese ‘doblete’ que parece imposible de lograr.

Tras una fase de grupos donde tuvo altibajos, con derrotas inesperadas y triunfos importantes, como el conseguido en Santiago ante Universidad de Chile, la Lepra sorteó dos series de play off complicadísimas. Primero dejó en el camino a Vélez en octavos, a pesar de caer en el Coloso injustamente. Luego sufrió con Boca en cuartos y tras dos 0-0, transitó una interminable serie de penales, que culminó en victoria. Tal vez la más festejada del año, inclusive por encima de las que le dieron el título local.

Con Mineiro le faltó poco. Ganó con contundencia en casa 2-0 y tenía el partido controlado en Brasil, pero algunos descuidos defensivos y un ¿inesperado? corte de luz lo pusieron otra vez en la suerte de los penales. Allí también estuvo dos veces en ventaja, pero esta vez no lo aprovechó y se quedó con la bronca de saber que el primer título internacional estuvo más cerca de lo imaginado.

La salida de Martino trajo a Alfredo Berti. Sin Scocco y Vergini, sin pretemporada, y con escasos refuerzos, la idea era un torneo de transición de 30 puntos, con la chance de foguear pibes.

Pero Newell’s venía con el envión del campeón, mantuvo su línea de juego a pesar de algunos cambios de nombres que propuso Berti, y casi sin proponérselo se encaminó al bicampeonato.

Llegó al clásico como cómodo líder y la derrota 1-2 fue un golpe inesperado que dolió. Pudo revertir rápidamente con Godoy Cruz, en un partido donde dilapidó 16 chances de gol y terminó igualando.

Allí empezaron las dudas, las lesiones se hicieron moneda corriente y el cansancio se sintió. Berti falló en sus decisiones y la racha negativa sin ganar puso en riesgo un título que parecía encaminado.

A pesar de estar 7 partidos sin ganar, el campeonato fue tan irregular que Newell’s llegó con chances ciertas de título hasta la última fecha. Pero no había fuerzas ni ideas y se quedó sin nada.

Obviamente este cierre de año desdibujado no podrá empañar un 2013 exitoso. El título será siempre un grato recuerdo, pero en la memoria de los hinchas leprosos estará grabado con fuego un equipo que en la cancha respetó una historia y llevó a Newell’s a lo más alto del firmamento.

El Tata de la gente (Por José Odisio)

Hablar de Gerardo Martino implica muchas veces caer en lugares comunes. Capacidad de trabajo, honestidad fuera y dentro de la cancha, valentía para imponer una forma de juego alejada de las mañas futboleras son apenas parte de un semblante de entrenador que desde un fútbol emergente como el argentino se catapultó a dirigir al mismísimo Barcelona.

Si algo le faltaba al Tata para ser un bronce viviente en el Parque era llevar a Newell’s al título. Y no fue una estrella más. Martino logró poner a la Lepra en lo más alto del firmamento con un estilo de juego que provocó admiración y elogios desmedidos, aunque casi siempre merecidos. Pero si hay algo que debe rescatársele es que para llegar a la gloria arriesgó prestigio y dejó atrás ofertas millonarias. Martino dijo sí cuando otros se escondieron. Y eso vale más que una estrella.

A la sombra de Martino (Por Mariano Faurlin)

Alfredo Berti siempre supo que estar a la sombra de Gerardo Martino no iba a ser nada sencillo. Las comparaciones iban a estar a la orden del día, los logros serían consecuencia del legado del Tata y los tropiezos serían exclusivamente su responsabilidad.

Sacar 31 puntos en su primera experiencia como DT es, desde lo estrictamente numérico, todo un logro. Sobre todo porque se esperaba un torneo de transición. Pero la forma en la que se dio el campeonato a Newell’s le jugó en contra: un arranque espectacular y un final flojíismo. Y perder el clásico también lo expuso a duras críticas.

Berti pareció claudicar ante el reclamo popular y tuvo que poner ‘a la fuerza’ a David Trezeguet y Hernán Villalba cuando había demostrado que sus titulares eran Diego Mateo y Fabián Muñoz.