
“En el tema de la droga ya llegamos tarde, porque uno ve en los barrios carenciados generaciones enfermas. Hay niños de seis años que consumen, ¿qué estructura tenés para sacar a ese chico?”, se pregunta el responsable de la Pastoral de Drogadependencia, el cura Fabián Belay, quien inauguró por estos días el Hogar del Padre Misericordioso, en Zeballos 668, para personas sin recursos económicos y chicos adictos en situación de calle.
Belay hace cuatro años que se ordenó sacerdote, y tuvo como primer destino la Catedral de Rosario. Allí participó de las salidas nocturnas semanales a distintos puntos de la ciudad y el testimonio de un pibe en la plaza de la Maternidad Martin lo volcó definitivamente a ocuparse del tema. “Me impactó mucho un pibe de unos 20 años que me dijo: «lo único que espero es morir en esa plaza, ¿qué otra cosa puedo hacer de mi?, ¿cómo hago para salir de esto ?»”, señala.
Primero abrieron una casa en barrio Cristalería, en Villa del Parque al 4300, y ahora un hogar en el centro. Belay es autocrítico y adhiere al duro documento elaborado por la Iglesia titulado “El drama de la droga y el narcotráfico”. “Estamos ante un círculo muy destructivo. En esto siempre luchamos con el pesimismo”, afirma.
Curas barriales como Edgardo Montaldo en Ludueña, Alberto Murialdo en Tío Rolo, o Joaquín Núñez en Bella Vista hace tiempo que denuncian en la soledad que trabajan para enfrentar el flagelo de la droga en su territorio y la cantidad de jóvenes que mueren en enfrentamientos o por la misma droga. “Es la población más dura y más frustrante para trabajar. Un adicto, para recuperase, necesita un «para qué» y necesita también gente que apueste por él y eso no existe. Muchos de estos chicos que están en la calle no tienen familia o hace tiempo que no saben nada de ellos. Un muchacho que está con nosotros, por ejemplo, estuvo cinco años preso y cinco en la calle, dimos con su madre, que hacía 10 años no sabía nada de él y lo creía muerto”, cuenta el sacerdote.
El Hogar Padre Misericordioso cuenta con profesionales y voluntarios, un plantel de psicólogos que también contienen y asisten a los padres en reuniones que se realizan en la sede los días miércoles desde las 19 y también voluntarios que recorren la ciudad una vez por semana desde las 21. “Vamos a las plazas, a la terminal de ómnibus, al Heca, la idea es acercarnos a ofrecerles comida, abrigo y tener una primer contacto. En el Hogar brindamos un tratamiento integral, similar a cualquiera que se pueda recibir en clínicas que tratan la adicción; estos tratamientos cuestan entre 8 y 10 mil pesos por mes, nosotros al trabajar con personas sin recursos económicos los ofrecemos totalmente gratuitos”, agrega.
El sacerdote usa el sentido común y señala que “así como el Estado se puso en campaña y se logró que hoy sea mal visto fumar en un lugar cerrado, debería poner el mismo énfasis para luchar contra la droga. “Yo como Iglesia me hago la autocrítica de qué puedo hacer, la Municipalidad debe hacer la suya, la provincia la suya, no reducir todo a que es competencia federal, y la Nación, ni qué hablar. Es decir, todos hemos sido responsables de este avance y hasta que no lo asumamos seguiremos cometiendo el mismo error de echar culpas”, concluye el sacerdote.
