No tuvo como precedente una tempestad ni inundaciones históricas como las del 19 y 20 de diciembre de 2012 que evidenciaron y agravaron carencias sociales reales y que persisten. Tampoco desbordó en masivos enfrentamientos ni se multiplicó en una sucesión de acciones como las que sacudieron Rosario y la región tras las lluvias y antes de la Navidad del año pasado. Pero sí tuvo un elemento común: un rumor sordo y persistente que hacía temer a dueños de supermercados, autoservicios, almacenes, y cualquier vecino de que algo se estaba cocinando. Y llegó: durante la lluviosa madrugada de ayer, medio centenar de personas se concentraron a metros de un supermercado de los llamados “chinos”. La razón era la versión –cuyo origen acaso jamás se pueda rastrear– de un supuesto ofrecimiento del supermercado de regalar la mercadería sobrante, la que no entrara en el transporte con el que se concretaría una mudanza hacia Córdoba. Nunca apareció con claridad si algo de todo eso era cierto, pero la situación de tensión que provocó fue subiendo de temperatura hasta estallar horas después, pasado el mediodía, en un choque de vecinos con fuerzas policiales y el intento de asaltar la boca de expendio, precisamente una de las que había sido vaciada y destruida en los incidentes de diciembre del año pasado. La nueva versión del cortocircuito dejó al menos cuatro heridos –dos de bala–, 63 detenidos, y un plan de contingencia con móviles y efectivos custodiando comercios como parte de un “plan de contingencia” para disuadir lo que lo que el gobernador Antonio Bonfatti identificó lisa y llanamente como actos de delincuencia (ver página 4).
El episodio central, que después amenazó con extenderse a otros comercios de Villa Gobernador Gálvez y de la zona sur de Rosario, ocurrió en el súper Huang Ding, ubicado en Soldado Aguirre y Nahuel Huapi, cerca del cementerio de la vecina localidad. Según vecinos de la zona, personas que “no son del barrio” se habían comenzado a reunir desde la madrugada en las inmediaciones, a la espera de la supuesta entrega de mercadería.
Horas después, el escenario parecía una zona de combate, en la que grupos de jóvenes arrojaban piedras contra efectivos y móviles policiales, en medio de un amplio despliegue de las fuerzas de seguridad.
“Entendemos que esto fue armado y articulado por varias razones que todavía no conocemos. Fueron grupos de chicos muy jóvenes con el objetivo de atacar a supermercados chinos y en zonas populosas como Villa Gobernador Gálvez y zona sur; es algo de lo que se venía hablando que podía llegar a pasar el 10 de diciembre, se anticipó y tuvo la misma modalidad que el año pasado. Esto no sucede en saqueos espontáneos, son robos, y aprovechando la necesidad de algunas pocas familias que se sumaron a esta situación, porque casi no hubo mujeres, ni niños”, evaluó el titular de la Federación de Tierra y Vivienda, Juan Carlos Rodríguez.
Despliegue
Tal como dijo el dirigente social, el efecto contagio se produjo: el siguiente comercio en ser atacado, pasadas las 15, fue el supermercado de la zona sur de Rosario ubicado en Ayacucho al 6200. También allí medio centenar de personas se concentraron cerca del comercio hasta que algunas de ellas forzaron la entrada e ingresaron para llevarse mercadería. Como consecuencia del hecho, la policía detuvo a dos personas, según confirmaron fuentes policiales.
Agustín es el encargado de compras del negocio de Ayacucho al 6200 y explicó a El Ciudadano que se llevaron tres cajas registradoras, impresoras, computadoras, alrededor de 2.000 pesos. También “algo” de lo que había en las góndolas.
“Toda la mercadería la vamos a llevar a un lugar secreto”, decía mientras a la par daba órdenes a los empleados: “Vamos, vamos, despacio, primero las botellas”.
“El año pasado también nos robaron, no sabemos si vamos a volver a abrir”, especificó.
Alicia es encargada del supermercado de Ayacucho al 6000, bajaron sus persianas y reforzaron sus puertas y ventanas por precaución. No fue la única. Hubo una fuerte presencia policial en toda la zona sur ya que se veían pasar varios móviles policiales.
“Todas las fiestas atendemos a la gente con un volquete adelante, este año se adelantó. Nos venían anticipando que podía llegar a haber saqueos. Hoy (por ayer) no vamos a abrir y veremos cómo se va desenvolviendo la noche y allí decidiremos. Esperemos que no pase nada. Es terrible la inseguridad con la que estamos viviendo, somos trabajadores y defendemos nuestra fuente de trabajo”, concluyó.
Miedo
No hubo, esta vez, versiones sobre misteriosos autos cuyos ocupantes promovían disturbios como distintas organizaciones sociales con presencia barrial llegaron a idfentificar el año pasado. Pero al caer la tarde de ayer el temor era palpable: todos los supermercados de la zona sur que pudo observar este diario contaban con una guardia policial con o sin móviles, y en varios habían trabajado herreros y soldadores reforzando rejas y persianas, asegurando la resistencia metálica a posibles intentos vandálicos. También había movilización de vecinos en las esquinas, y persistían rumores de blancos a atacar durante la madrugada.
“Avisamos a los compañeros no participar en ninguna acción de saqueo, porque no resuelve ningún problema de fondo, enfrenta pobres contra pobres y los muertos los pone el pueblo”, salió a advertir en ese marco otra organización social, la Corriente Clasista y Combativa, en doble mensaje hacia afuera y a sus propios militantes.
“Con la política del Gobierno Nacional crece la necesidad en los barrios. Nuestros reclamos los hacemos pacíficamente al poder político, que junto a los grandes grupos económicos saqueadores de la Nación, son los verdaderos responsables del hambre”, completaba la organización, que con la cercanía de las fiestas suele endurecer sus reclamos con acampes y movilizaciones.
Con otra visión, la Federación de Tierra y Vivienda acusó: “Esto no es hambre. Son meros delincuentes mandados por alguien. Con el correr de los días vamos a enterarnos qué pasó”.
Para entonces el gobierno provincial ya había asegurado que los ataques “no tienen un origen social” y están “organizados”, aunque no mencionó de qué sectores provenían las instigaciones, aunque sí que respondían “a una misma mecánica y una misma zona”. Y esperaba que el operativo desplegado resultara suficiente para la tensa noche que comenzaba.

