
Un fiscal de La Plata caratuló como “homicidio” la causa de la muerte, en 2008, de un ecologista que fue encontrado con un disparo en la cabeza en su casa de la localidad bonaerense de Lobos y se espera que sean citados un grupo de policías a quienes se vincula con el asesinato.
Según voceros judiciales, la resolución la adoptó el fiscal de Delitos Complejos, Esteban Lombardo, en la causa por el crimen de Carlos Castello (62), cuyo cuerpo sin vida fue encontrado el 20 de octubre de 2008 tras un aparente suicidio.
Por el cambio de carátula, se produjo una reactivación del expediente y en los próximos días serían citados a prestar declaración indagatoria dos oficiales y dos suboficiales.
Se trata de policías que en el momento del crimen prestaban servicio en el destacamento de Laguna de Lobos, próximo a la vivienda de Castello.
Los efectivos, que siguen en actividad en dependencias de la zona, se sospecha que secuestraron, torturaron y asesinaron a Castello para después dejar su cuerpo en la casa que habitaba.
“La fiscalía también intenta determinar si los uniformados tuvieron protección judicial y policial para entorpecer la investigación y hacer pasar el homicidio por suicidio durante cinco años”, informaron los voceros.
Eduardo Castello, hermano de la víctima, se entrevistó la semana pasada con el titular de la Comisión Provincial por la Memoria, Hugo Cañón, para pedir la intervención del organismo por existir sospechas de que en el caso está involucrado personal en actividad de la Policía Bonaerense.
En diciembre pasado, Gendarmería revisó la casa de Castello y levantó muestras de sangre, retiró diversos objetos de importancia para la causa y realizó peritajes cuyos resultados descartaron el suicidio y avalaron la carátula de homicidio.
Los estudios determinaron que Castello “no se disparó y quedaron confirmadas lesiones en vida”, informaron los voceros consultados. También explicaron que por esos estudios “se llegó a la certeza de que el arma que le produjo la muerte es de un calibre mayor al encontrado al lado de su cuerpo”.
Otra cuestión que surge es que el orificio de salida de la bala en la cabeza de Castello “no se corresponde con el comportamiento que presenta usualmente la munición de calibre 32”, que es la encontrada junto a la víctima.
Los peritos señalaron que Castello nunca empuñó un arma, ya que no se hallaron restos de pólvora en sus manos, y que el disparo se lo efectuaron a una distancia de entre 10 y 15 centímetros. Los peritajes también determinaron que el lugar donde se encontró el cadáver no es el mismo en el que lo mataron, que la posición final del cuerpo no condice con el de alguien que se haya suicidado y confirmaron que la escena fue armada.
Castello tenía un disparo en la cabeza, una herida cortante en el antebrazo, golpes en el rostro y la vivienda estaba cerrada por fuera, según el expediente judicial.
Tiempo antes, el ecologista se había enfrentado con las autoridades municipales de Lobos por la privatización de una calle de ingreso a la laguna, que pasó a manos de particulares que cobraban un canon a los pescadores y turistas que querían ingresar al espejo de agua.
Por esta cuestión también había mantenido diferencias con policías bonaerenses que prestaban servicios en el destacamento Laguna de Lobos, al encabezar en varias ocasiones protestas de vecinos que no estaban de acuerdo con el cierre de la calle pública.
