Rosario, lunes 26 de octubre de 2026
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Rosario, lunes 26 de octubre de 2026

Proteger la fauna antártica, el desafío

Varios países, entre ellos la Argentina y Chile, debaten desde ayer en Australia con la esperanza de alcanzar un acuerdo sobre la creación de santuarios marítimos en torno de la Antártida, a lo que se opone Rusia.

Varios países, entre ellos la Argentina y Chile, debaten desde ayer en Australia con la esperanza de alcanzar un acuerdo sobre la creación de santuarios marítimos en torno de la Antártida, a lo que se opone Rusia.

Los miembros de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, que cuenta con 24 países miembro, están reunidos en Hobart, en la isla australiana de Tasmania, para tratar de llegar a un consenso sobre el tema tras varios intentos fallidos.

El objetivo es, según palabras de los ecologistas, proteger los “últimos territorios marítimos vírgenes”, hábitat de unas 16.000 especies, entre las que se cuentan ballenas, focas, pingüinos y peces endémicos.

A medida que las poblaciones de peces disminuyen drásticamente tras décadas de sobrepesca, los barcos de pesca emprenden su búsqueda cada vez más al sur. Frente a esta situación, Andrea Kavanagh, director del proyecto de creación de santuarios en el océano Austral para el Pew Environment Trust, sostuvo que “es tiempo de actuar”.

“Los países pueden superar los intentos fallidos, poniéndose de acuerdo para proteger a estas regiones fundamentales”, añadió.

Un primer proyecto, liderado por Francia, Australia y Alemania, recomienda la creación de siete áreas marinas protegidas en el lado oriental de la Antártida, del lado del océano Índico, en una superficie de 1,6 millones de kilómetros cuadrados.

Estados Unidos y Nueva Zelanda quieren establecer un área marítima protegida en el Mar de Ross (suroeste del Antártico), que se extendería en una superficie de más de 1,25 millones de kilómetros cuadrados.

La superficie total de las áreas marinas protegidas sería un poco más pequeña que India y cinco veces más grande que Francia.

Para que estas áreas protegidas sean instauradas, deben recibir el acuerdo de todos los países de la Comisión, un organismo creado en 1982 mediante una convención internacional con el objetivo de conservar la fauna y flora marina de la Antártida.

Estas propuestas fueron discutidas en julio pasado durante un encuentro en Alemania, pero no se arribó a ningún acuerdo, debido –según las ONG– a la oposición de Rusia y Ucrania, que consideran costosas las restricciones sobre la industria pesquera.

“Siempre supimos que habría oposición de aquellos que tienen intereses relacionados con la pesca en la zona, o que piensan que los tendrán algún día”, declaró en septiembre el primer ministro de Nueva Zelanda, John Key.

Desde entonces, Rusia ha enviado señales confusas y las negociaciones son “difíciles”, según los expertos, que no tienen claro la dirección que tomará finalmente el gigante del Norte.

Para intentar resquebrajar la resistencia de Moscú, los países que defienden la creación de una zona protegida en el mar de Ross redujeron la superficie de más del 20 por ciento en relación con la propuesta inicial, una táctica de negociación calificada de “sorprendente” por el Instituto de Política Estratégica de Australia, un centro de investigación con sede en Canberra.

“Es difícil esperar un resultado positivo”, concluyó este instituto en un informe publicado el lunes.

“Como una de las últimas regiones vírgenes, la Antártida merece reconocimiento, respeto y un compromiso especial por parte de los gobiernos que han decidido gestionarla”, añadió el texto.

Los defensores de los santuarios marítimos, entre los cuales algunos trabajan en el proyecto desde hace ocho años, indicaron que no bajarán los brazos, incluso si se fracasa en Hobart.