A las irregularidades cometidas en River con motivo del Superclásico de una semana atrás, ahora se sumaron las respuestas en «La Bombonera», con un encuentro que fue «parado» para un «festejo».
En el caso de River, este martes el club deberá presentar su descargo y si no justifica doce puntos de contravenciones, el miércoles se podría dictar sanción.
Desde Boca se apuraron a explicar que la pantalla está tercerizada y que las fotos que se exhibieron en el partido frente a Rosario Central correspondían a la publicidad de una revista de Boca -«Solo Boca»-.
Asimismo, dijeron que los fuegos artificiales se tiraron desde una casa lindera al estadio y que la gente vestida de fantasma y subida al alambrado es responsabilidad policial.
Lo cierto es que el Comité de Seguridad venía siguiendo de cerca la posibilidad de este accionar del público boquense y había advertido al club.
El partido entre Boca y Rosario Central, disputado anoche en «La Bombonera», estuvo detenido varios minutos en el segundo tiempo por los festejos realizados por hinchas locales para celebrar el triunfo de la fecha pasada sobre River.
Simpatizantes disfrazados de fantasmas subidos a los alambrados perimetrales y fuegos artificiales lanzados desde una casa lindera al estadio obligaron al árbitro Diego Ceballos a parar el partido cuando se jugaban 28 minutos del segundo tiempo.
Asimismo, los seguidores del elenco de la ribera colocaron detrás del arco que da a Casa Amarilla una bandera contra el técnico de River, que rezaba: «Y Ramón, te diste cuenta que por esa gente sos de la B».
Además, los dirigentes boquenses se sumaron al poner en la pantalla electrónica del estadio una imagen de los futbolistas xeneizes festejando en el césped del Monumental, junto a la leyenda «decime que se siente».
Como consecuencia de esto, Ceballos otorgó 8 minutos de descuento.
Boca ya venía jugando mal en los minutos previos al parate, pero tras éste, se acentuó el dominio de Central, que terminó alcanzando el empate.
Mientras tanto, reventa de entradas, agresiones dentro y fuera del estadio y violación de la capacidad permitida, serían los cargos que tienen las autoridades para justificar una sanción a River, cuyo estadio Monumental, o al menos un sector, sería clausurado por el Ministerio de Seguridad.
Los motivos son la presunta existencia de 8 mil tickets no declarados, mientras que se registraron serias agresiones a espectadores identificados como simpatizantes de Boca y hubo –durante la desconcentración- un ataque a la delegación de dirigentes auriazules.
El fiscal penal, contravencional y de faltas de la Ciudad de Buenos Aires, Norberto Brotto, investiga las irregularidades que se habrían cometido, entre ellas el uso de pirotecnia.
La investigación apunta también a establecer si en el estadio hubo más de 61.300 personas, límite de capacidad.
Por otra parte, dos hechos graves ocurrieron durante el partido, primero en la tribuna Sívori alta donde un hombre que tenía el tatuaje de Riquelme fue advertido por un grupo de hinchas de River.
Esta persona fue atacada salvajemente y, aunque parezca una paradoja, se salvó de un final trágico por la intervención de la barra brava de los «millonarios».
En las redes sociales, incluso hubo hinchas de River que publicaron fotos y se burlaron de alguien que quedó tendido en el suelo.
Además, el hijo de Juan Carlos Crespi, vicepresidente de Boca, recibió siete puntos de sutura en una de las córneas luego de que el vehículo que transportaba a dirigentes «xeneizes» recibiera varias pedradas cuando se retiraban del estadio.
El pasado 4 de octubre, dos personas habían sido detenidas y se decomisaron 97 entradas, destinadas al partido de máxima convocatoria que se disputó el último domingo, por la décima fecha del Torneo Inicial.
En otro orden, Independiente podrá jugar con público el sábado frente a Crucero del Norte por la decimotercera fecha del Campeonato de Primera B Nacional.
No obstante se aplicarán máximas precauciones, después de que el partido con Unión, correspondiente a la undécima jornada, tuvo que ser suspendido cuando se detectó la posibilidad de un enfrentamiento armado entre «barras» del Rojo enfrentados.
