Rosario, viernes 30 de octubre de 2026
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Rosario, viernes 30 de octubre de 2026

Villa Moreno muestra otra cara más allá del estigma narco

Por Agustín Aranda.- Un taller de bicicletas contiene a pibes del barrio, que acusa recibo de la intervención estatal tras el triple crimen.

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Menos de 50 metros separan a la capilla María Madre de los Pobres, ubicada en Dorrego al 3900, de la canchita de futbol Tirelli, escenario de las últimas exhalaciones de Jeremías “Jere” Trasante, Claudio “Mono” Suárez y Adrián “Patón” Rodríguez. Es lunes por la tarde y el bullicio infantil quita sacralidad a la habitación destinada a la liturgia dominical. Tomás lleva la casaca auriazul y desafía a Alejandro Cabral: “¿En serio? Bueno, te juego una piña”. El profesor y mecánico le explica que el asiento de bicicleta que el niño de 10 años tiene en su mano no necesita un collar, dispositivo para ajustar e impedir que varíe la altura. En cónclave con sus compañeritos, el niño descubre que es cierto. No necesita nada. Su bici, que semanas atrás se reducía a un cuadro color blanco proveniente de algún depósito judicial, toma forma en el taller de bicicletas de la capilla organizado por la provincia y el municipio. A los organizadores, un equipo multidisciplinario, no les importa en particular que los niños aprendan el oficio de bicicletero. Su objetivo es contenerlos, darles una actividad, propósito y pertenencia. Y más allá de que también sirve para relevar sí esos chicos están escolarizados (y en caso contrario buscan una solución con la familia), el taller pretende bajar los niveles de agresividad de los pequeños. “Así perciben ellos que los trata el afuera, con violencia. Y devuelven eso”, reflexiona Alejandro y limpia la grasa de sus manos. Jorge, otro de los profesores, ajusta un pedal y agrega: “Lo importante es que vean que pueden conseguir algo sin violencia, con esfuerzo y sin agresividad”.

La iniciativa que llegó en mayo a Villa Moreno es conocida en otros barrios como Empalme Graneros o Ludueña, con la excepción de que éste último se realiza en el predio de la ex Rural. El espacio de contención del Estado convoca a unos 15 chicos de Villa Moreno, un barrio que acusa recibo de ser estigmatizado como punto nodal de la trama narco local pero que no tiene nada de diferente de otros lugares de Rosario. Lo que la destaca, señalan algunos vecinos, es la violencia con la que lo trataron.

Elida De Sousa mira dentro de la capilla, transformada a bicicletería, y señala que durante el 2012 los taxistas no querían entrar al barrio porque era una zona conflictiva. Se encuentra contrariada. Reconoce que en la actualidad hay menos robos y la presencia policial es mayor desde los meses que siguieron a la muerte de los tres militantes del Movimiento 26 de julio. A la vez, lamenta que la intervención del municipio y la provincia llegara durante el mismo período y no antes. Elida vive hace 51 años en el barrio, que hasta mediados de la década del 80 era campito, casillas y algunos basurales. La apertura de calle Dorrego trajo urbanizaciones improvisadas que fueron formalizándose con el tiempo. La mujer trabaja en la capilla, donde funcionan otras actividades para la comunidad de Villa Moreno: cursos de percusión y murga, cumbia cruzada, carpintería y arreglo de ropa (con asistencia de la Ansés).

Como en otros puntos de la ciudad, las cloacas no llegaron todavía. Se requieren tareas de zanjeo, advierte Elida, y la apertura de calla Quintana hasta bulevar Oroño, que mejoraría la conectividad del barrio cuyo principal transporte es la línea de colectivo 112. “Hace poco limpiaron el basural que había. De a poco todo se hace. Lo importante es que tenemos que preocuparnos y participar como vecinos”, señala Elida, quien remarca el concepto de su experiencia como consejera del Presupuesto Participativo de su barrio.

El año de la intervención

Pese a ser tildado como epicentro de la violencia derivada del narcotráfico, entre 2012 y 2013 –cuando hubo más de 150 homicidios en toda la ciudad– se registraron cuatro asesinatos dentro o cerca de Villa Moreno. Y sólo dos podrían ligarse a la disputas por la venta o distribución de droga. El primero ocurrió el 31 de marzo, a pocos meses y cuadras de Villa Moreno, cuando una decena de disparos terminaron con la vida de Daniel Melían, un joven de 23 años que al momento de la balacera charlaba con otro joven en un tapial de un minimarket ubicado en bulevar Oroño y La Broca, calle que continúa a Cura. Pasado el mediodía cuatro personas a bordo de dos motos frenaron en la esquina y dispararon, hecho que fue calificado por los investigadores como “un ajuste de cuentas por motivos no precisados”. El segundo, ligado a la denominada “masacre de Villa Moreno”, ocurrió en julio de 2012. En Biedma y Balcarce, Facundo Osuna fue asesinado a balazos por quien semanas después asumiría la responsabilidad por el hecho en la comisaría 15ª, Lucas V., de 26 años, quien en la actualidad está procesado por la Justicia. Osuna fue, según testimonios que forman parte de la investigación, una figura clave en la trama policial y periodística de Villa Moreno que señaló al territorio como espacio de disputa narco entre dos bandas: la de Sergio “Quemado” Rodríguez –hombre vinculado a la barra brava de Newell’s a quien le endilga la venta de droga en la zona– y la del Negro Ezequiel Villalba, sobre quien revuelan rumores de que robaba esos espacios de comercialización ilegal. El 29 de diciembre del 2011 Osuna, quien era vinculado a la banda del Negro Ezequiel, fue baleado y terminó con ocho disparos en las piernas. El sospechoso era Maximiliano “Quemadito” Rodríguez, hijo de Sergio. La represalia llegaría en menos de 48 horas aunque no en jurisdicción de la comisaría 15ª. Durante la madrugada del 1º de enero, el Quemadito fue emboscado mientras manejaba su BMW y recibió un disparo en la cabeza. La banda del Quemado respondería minutos más tarde con una búsqueda por las calles de Villa Moreno. El objetivo, Villalba, supuesto responsable por el ataque al hijo de Sergio. En cambio, las balas alcanzaron a tres militantes del Movimiento 26 de julio: Jeremías “Jere” Trasante, Claudio “Mono” Suárez y Adrián “Patón” Rodríguez.

A fines de marzo, Villalba se entregó a la Policía y tras un juicio por el que se le imputaba el ataque al Quemadito la Justicia lo sobreseyó. La “ausencia” de Villalba fue interpretada por el secretario de Seguridad Comunitaria, Ángel Ruani, como la explicación para una serie de hechos irregulares –ostentación de armas y piedrazos entre vecinos– durante las semanas siguientes. En ese momento empezó la intervención a la Villa Moreno. Las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) comenzaron a patrullar la zona y hasta llegaron a escoltar a las familias de las víctimas. Los uniformados metieron mano en la labor que debía recaer en la comisaría 15ª, sospechada de connivencia con Villalba. El inspector a cargo de la zona, Eduardo Carrillo, fue relevado junto a otros oficiales e ingresaron en la causa judicial acusados de falencia policial.

En la Justicia

La causa por el Triple Crimen de Villa Moreno está en etapa de juicio. En abril la Justicia confirmó los procesamientos de Sergio “Quemado” Rodríguez, Daniel “Teletubi” Delgado, Brian “Damiancito” Romero y Brian “Pescadito” Sprio como coautores de tres homicidios en concurso real agravados por el empleo de armas de fuego, por la intervención de un menor de 18 años y por portación ilegal de armas de guerra. El quinto imputado es Mauricio Palavecino, quien enfrentará los mismos cargos pero como partícipe necesario. Fuentes judiciales indicaron que cuatro de los cinco imputados coincidieron en pedir a la Justicia un proceso oral. Sin embargo, para que el juez de Sentencia de la 4ª Nominación, Julio Kesuani, determine que el juicio no sea escrito la presentación de los imputados, más allá de quienes lo representen, debe ser unánime.