El maquinista del tren siniestrado en Santiago de Compostela, Galicia, Francisco José Garzón, quedó en libertad con cargos luego de testificar durante dos horas ante el juez que instruye la causa por el accidente ferroviario más grave de las últimas cuatro décadas en España, en el que murieron 79 personas hace seis días.
Deberá comparecer semanalmente en el juzgado y devolver la licencia durante seis meses, con lo que queda inhabilitado para pilotar trenes hasta febrero de 2014.
En su relato, que comenzó en la tarde de anteayer en los juzgados de Santiago, el conductor admitió su responsabilidad en el siniestro.
Reconoció que entró a 190 kilómetros por hora en la curva de Angrois, un tramo limitado a 80, por “un despiste” y que esa fue la razón del descarrilamiento.
Evitó quejarse del trazado, las condiciones de la vía o el estado del tren, según fuentes judiciales.
En tanto, centenares de personas rindieron homenaje ayer a las 79 víctimas del accidente ferroviario de Santiago de Compostela en un funeral en la catedral de la ciudad, lugar célebre de peregrinación mundial que estos días se ha teñido de luto.
“Familias que habéis perdido a vuestros seres queridos: desde el primer momento os hemos tenido en nuestro corazón, como también os han llevado en su corazón Galicia, España y tantas personas más allá de nuestras fronteras”, dijo en su homilía el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, a los presentes, muchos cabizbajos y sin poder contener las lágrimas.
La adyacente plaza del Obradoiro, escenario desde el jueves de un homenaje espontáneo a las víctimas con flores, velas y ofrendas, se llenó poco a poco, mientras miles de personas seguían el funeral mediante una pantalla en la cercana plaza de Quintana.

