Rosario, domingo 01 de noviembre de 2026
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Rosario, domingo 01 de noviembre de 2026

Federico: aquel gran hombre con una conciencia sensible

Por: Calos Solero.- Personalidad multifacética, espíritu creador expresado en dibujos, canciones, composiciones musicales y obras teatrales.

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Entre los poetas españoles de la llamada generación del 27 tan pródiga en talentos, brilla con singularidad y luz propia Federico García Lorca. Nacido el 5 de junio de 1898 en la Villa de Asquerosa, conocida como Valderrubios, cercana Fuentevaqueros en la Provincia de Granada y fue fusilado por los falangistas alzados contra la II República el 19 de agosto de 1936 por su condición de librepensador siempre solidario con los oprimidos de todas las latitudes.

En efecto los esbirros de la reacción militar-eclesial nunca le perdonaron que en sus versos y obras de teatro, en sus conferencias y en todas las ocasiones manifestara su rechazo a las injusticias sociales de toda índole.

Personalidad multifacética, espíritu creador expresado en dibujos, canciones, composiciones musicales, y sobre todo piezas escénicas como Yerma (que indaga el drama de la mujer estéril), La zapatera prodigiosa, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, verdadero alegato contra el autoritarismo y la hipocresía de los terratenientes.

García Lorca encarna el talante a la vez universal y particular de la cultura andaluza, paradoja que se resuelve al revelar en la poesía las alegrías y tristezas de las mujeres y hombres del pueblo con la profundidad y la firmeza de una conciencia sensible.

En sus versos, aparecen con potencia y sin igual belleza metáforas como aquella del Romance de la pena negra en el que dice: “las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya” o Antoñito el Camborio que “tres golpes de sangre tuvo y se murió de perfil”.

Este Federico García Lorca, a quien no pudieron acallar sus verdugos, porque pervive en sus obras, visitó Nueva York y dejó plasmadas en sus poemas, sus impresiones, sus ideas de rechazo a la sociedad mercantil que todo lo tritura cuando escribe: “Los maestros enseñan a los niños/una luz maravillosa que viene del monte; pero lo que llega es una reunión de cloacas/donde gritan las oscuras ninfas del cólera. Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas; pero debajo de las estatuas no hay amor, no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo./El amor está en las carnes desagarradas por la sed, en la choza diminuta que lucha con la inundación; el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre, en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas y el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas”… “Porque queremos el pan nuestro de cada día, flor de aliso y perenne ternura desgranada, porque queremos que se cumpla la voluntad de la tierra que da sus frutos para todos.”

Gustav Courbet

El siglo XIX fue pródigo en cuanto a la emergencia de filósofos, escritores, poetas y pintores dispuestos a marcar sin vueltas las contradicciones generadas por el capitalismo. Injusticias, desigualdad social, en suma la opresión de las mayorías de campesinos y proletarios.

En algunos casos, los artistas, se posicionaban a favor de los humillados y ofendidos, aún contra su propia clase social de origen.

En efecto, es dable observar la radicalización de las actitudes, el coraje explícito y público de pintores como Gustav Courbet en Francia, en esa época personas de mediano origen como Pierre Joseph Proudhon precursor del anarquismo, autor del libro ¿Qué es la propiedad?, responde sin eufemismos y contesta “La propiedad es un robo” y sentando las bases del socialismo libertario moderno.

Voceros de los perseguidos no especularon con los beneficios que la nobleza y la burguesía otorgaban a los que doblaron su cerviz mansamente. Se enfrentaron a todos los peligros convencidos de la nobleza de su causa como parte del diario batallar de los desposeídos. Courbet nació en Ornans, Francia, 10 de junio de 1819, y murió en – La Tour-de-Peilz, Suiza, 31 de diciembre de 1877,desde su Juventud pintó el paisaje de su entorno. En 1840 emigró desde su aldea hacia París, sus padres lo soñaban abogado para escalar posiciones y asegurarse el futuro.

Gustav desechó esa opción familiar y eligió recorrer las callejas y los arrabales parisinos, donde estaban los seres verdaderos y sufrientes, lejos de los salones palaciegos con sus intrigas de cardenales, ministros, magnates y cazafortunas de alcoba.Viajó por Holanda y Alemania y como sus amigos el poeta de “Las flores del mal” Baudelaire, Corot , Daumier, Proudhon, puso distancia con el academicismo en boga. Cuando estalló el levantamiento popular contra la República Burguesa que traicionando a los obreros, luego de usarlos como carne de cañón contra Luis Felipe de Orleans, escamoteaba los derechos sociales y lanzaba la soldadesca, Courbet estaba en las calles y fue calificado de revolucionario peligroso.

Esta etiqueta de los escribas al servicio del poder bonapartista lo hizo blanco de diversos ataques y calumnias múltiples.

En 1855, Courbet decidió abrir una exposición independiente de sus obras junto al Campo de Marte, le importaba que sus cuadros los vieran las mujeres y hombres plebeyos, soslayando el juicio estulto de los atildados críticos aristocratizantes y elitistas.

Gustav Courbet es el máximo exponente del realismo pictórico, sus cuadros muestran todo aquello que la hipócrita sociedad desea ocultar. Desde el pubis de una mujer del pueblo, cuadro al que titula “el origen del mundo”, hasta escenas de la vida diaria de los marginados y explotados, o bien su propio estudio en el que se autorretrata junto a un niño que representa la ingenuidad de los honestos y la verdad por la que combatía paleta en mano o erigiendo barricadas con los obreros y obreras franceses en la insurrección de la Comuna de 1871, completan el cuadro una mujer cubierta de una sabana pronta a caer y un nutrido conjunto de personajes de la época. A un costado Charles Baudelaire medita mientras mira a su camarada pintando la verdad desnuda.