Rosario, martes 03 de noviembre de 2026
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Rosario, martes 03 de noviembre de 2026

Caso Caló: un oficialista que quedó con las manos vacías

Sobre las cenizas de la conducción de Hugo Moyano, un exultante Antonio Caló asumía como titular de la CGT oficial.

reflexiones

Sobre las cenizas de la conducción de Hugo Moyano, enfrentado a muerte con el kirchnerismo, un exultante Antonio Caló asumía como titular de la CGT oficial. Lo rodeaban, entre otros, el taxista ex moyanista Omar Viviani, el constructor Oscar Martínez y el empleado público Andrés Rodríguez. El metalúrgico, gremio que nuevamente llegaba a la conducción de la central obrera (aunque dividida por un Moyano que mantenía la rebeldía), asumía con las alforjas llenas de promesas. Pícaros, sus colegas sindicalistas con décadas al frente de sus gremios supusieron que seguir a Caló representaba una oportunidad única para acceder a beneficios generosos ante un gobierno que, se descartaba, buscaría congraciarse con la nueva conducción para diferenciarla del movimiento irredento que encabezaba el camionero.

La historia fue otra. La serie de fallidos de Caló en estos meses ya forma parte de la leyenda del sindicalismo argentino moderno.

Ganancias.

Caló había prometido y asegurado, sobre la base de infidencias oficiales, que su conducción sería la abanderada de la reforma definitiva del flagelo del mínimo no imponible sobre los trabajadores en relación de dependencia e ingresos medios. Hasta aseguraba que el anuncio sería uno de los premios de fin de año con que el metalúrgico se congraciaría ante sus pares. Finalmente, 2012 terminó sin ajuste y sólo el premio menor de un aguinaldo libre del tributo.

Muy poco.

Este año las esperanzas renacieron con la alternativa de la eliminación de la maligna tablita de José Luis Machinea. La mejora fue finalmente de un escueto veinte por ciento anunciado en abril. También un premio con gusto a poco. Caló hizo una última apuesta pública: que el medio aguinaldo liquidado este mes estuviera liberado. Tampoco pudo ser.

Listas

Uno de los motivos, quizá el primero, que provocó la pelea entre el kirchnerismo y el camionero Moyano fue la eyección del sindicalismo en las listas electorales de 2011. Caló prometía a los suyos que parte de la alianza con el gobierno se reflejaría en horizontes laborales a ganar en las legislativas que se vendrían. Finalmente, sólo Oscar Romero, número dos de los mecánicos de Smata de Ricardo Pignanelli, ocupa el puesto número 11 de la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires que encabeza el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde.

Romero, reconocen los popes sindicales, ganó el espacio por mérito propio más que como condescendencia a la CGT. El mal humor ahora es doble: falta de puestos y más espacio para los intendentes, enemigos básicos del sindicalismo ortodoxo en el peronismo moderno.

Obras sociales

Es el capítulo que más entusiasmaba a los colegas fans de Caló. La promesa de que lloverían todo o parte de los casi 11.000 millones de pesos que reclama el sindicalismo argentino al gobierno por este capítulo multiplicaba las sonrisas de los gremialistas en aquella asunción de octubre del año pasado. No sólo el gobierno no cumplió con la promesa, sino que la encargada de administrar este dinero es Liliana Korenfeld, amiga personal de Cristina Fernández de Kirchner y comisaria implacable de los fondos que reclaman los sindicatos.