La justicia italiana decidió ayer mantener en prisión a Nunzio Scarano, también conocido por la prensa italiana como “monseñor 500” por su manía por los billetes de 500 euros. El prelado, ex jefe de contabilidad de la agencia que administra el patrimonio del Vaticano, fue arrestado el 28 junio pasado, sospechado de haber servido de “pantalla” para transferencias de dinero procedentes de Mónaco efectuadas a través del Banco Vaticano, IOR. Scarano está acusado entre otros cargos de corrupción y de tentativa de blanqueo de dinero, y seguirá encarcelado en la prisión romana de Regina Coeli.
El tribunal rechazó la petición presentada por los abogados sobre el arresto domiciliario de su cliente, quien “quería encontrarse en una situación (…) que le permitiera oficiar la misa, a saber en una parroquia”.
El Vaticano anunció por su parte anteayer “la congelación de los haberes” a nombre de monseñor Scarano al Instituto para las Obras Religiosas (IOR), conocido como el Banco Vaticano.
Scarano, ex jefe de la contabilidad de la Apsa, la agencia que administra el patrimonio del Vaticano, suspendido hace un mes por el papa Francisco, escondía “al beneficiario real de las operaciones (realizadas a través de cuentas que controlaba) y obstaculizaba el rastreo de esas sumas de dinero”, según la Policía.
Scarano también habría utilizado cuentas bancarias del IOR para efectuar transferencias a cuentas de sus amigos, sobre todo para repatriar de Suiza 20 millones de euros procedentes de un fraude fiscal para una familia de armadores napolitanos.
Desde junio pasado, Francisco lanzó una operación para controlar el IOR, nombró a monseñor Battista Ricca, uno de sus hombres de confianza, y creó una comisión para inspeccionar el Banco Vaticano.
Se viene la visita papal
La cuenta regresiva para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) ya comenzó. En una semana, el Papa Francisco encarará su primer viaje internacional, el lunes 22 de julio. El encuentro congregará a 2 millones de jóvenes en Río de Janeiro, entre ellos, unos 40 mil argentinos. Francisco llegará semanas después de las protestas que estallaron mientras se jugaba la Copa Confederaciones, en contra de la corrupción y los millonarios gastos para el Mundial de 2014, y en demanda de mejores servicios públicos.
