
“No es fácil ser gente mayor”, explica Nilda Marinozzi y evita el término políticamente correcto, “personas de la tercera edad”, al dialogar con El Ciudadano. “Por mencionar la atención médica, donde te dicen ‘venga en 20 días’. Veinte días puede ser mucho tiempo. Pero cuando llega mayo uno sabe que tiene este mimo”, continúa, y sonríe mientras espera en el hall del céntrico teatro municipal La Comedia para ver El último Elvis. Se trata de uno de los platos fuertes de la octava edición consecutiva del festival de cine para la tercera edad “Una mirada mayor”, organizado por el municipio.
Lejos en años y kilómetros está la mujer de su barrio natal, Empalme Graneros, desde donde tenía que caminar unas quince cuadras para llegar al cine Roca, el Ópera, el Select o alguna otra sala barrial ubicada sobre avenida Alberdi. A una de ellas, no recuerda bien, no iba junto a sus hermanas ya que se corría el rumor de que había pulgas. Junto a su madre, a quien responsabiliza de su amor al cine, Nilda asistía los lunes a estas salas ya que era día de títulos nacionales. Se pagaba una entrada y la función incluía tres películas argentinas. La costumbre no era casual debido a que su madre no sabía leer, sólo hacer las operaciones matemáticas para pagar las cuentas. “Le decíamos que había películas extranjeras muy lindas, pero no nos hacía caso. Ella decía que mientras pudiera ver a Mirtha Legrand, Luis Sandrini y Amelia Bence no necesitaba nada más”, recuerda ante la atenta mirada de Ana María Fenner y Marta Parés, ambas asiduas al festival desde hace años. Hace instantes, las tres mujeres disfrutaban de Subí que te llevo (1980) con el protagónico de Sandro. Previo a esto se proyectó un tributo al cantante, a cargo de AJ Lorente.
Es la primera o segunda vez que Ana María ve al gitano en pantalla grande. Enamorada del séptimo arte desde la década del 70, conocía sus canciones pero detestaba la locura que provocaba el astro en las salas de cine o los clubes en donde se presentaba con Los de Fuego. Luego de casarse, Ana María se mudó a Rosario y comenzó con una de las carreras más antiguas de la historia: bibliotecaria. “La gente se vuelve loca cuando escucha eso, porque piensa en otra profesión. Pero pensá que ya había trabajadores en la biblioteca de Alejandría”, comenta jocosa la antigua empleada de la Biblioteca Argentina.
Esa institución aloja un ciclo de cine todas las semanas, modalidad que nació de las cenizas de lo que fue la segunda ciudad con más cine de Argentina en el siglo pasado. Entre 1949 y 1958 funcionaban 48 salas cinematográficas en Rosario, tres cines parroquiales y cinco cines al aire libre. En la actualidad, casi la totalidad de esos edificios pasaron a ser estacionamientos, supermercados o templos evangélicos.
Esa merma no detiene a Marta Parés, que gusta de ir a ver de todo y hasta disfrutar del último revival del cine 3D en el complejo de cines Monumental. La mujer supo degustar pizzas dentro de la sala del cine Esmeralda, ubicado en Pellegrini entre Corrientes y Entre Ríos, en cuyo subsuelo vivía la familia que cortaba las entradas y mantenía el lugar.
“A mí no me molestan que coman en el cine. En nuestra época llevábamos comida porque nos quedábamos en las maratónicas funciones (tres películas) que tenían los noticieros en el medio”, opina Marta, quien considera que no existe cine para la tercera edad. Bélicas, acción, drama, son todos géneros igual de válidos para la mujer. De hecho, las jornadas del festival poseen temáticas no laxas: historias de contenido político, policiales y homenajes a filmes que en 2013 cumplen 20, 30 y hasta 50 años de estrenados.
Lo que no cambió fue el modo de armar la grilla de los ya tradicionales cuatro días de películas. “Títulos nacionales e internacionales, actores y actrices son propuestos por la gente mayor que se acercan durante el año a los centros municipales de distrito y centros de jubilados”, explica Nilda. Detrás de ella, un colectivo está estacionado sobre la cortada Ricardone. El último grupo de jóvenes se baja del vehículo contratado por la Dirección de Adultos Mayores municipal que se encargó de recogerlos por distintos puntos. No pudieron ver al actor John Mc Inerny cantar en vivo temas de Elvis Presley como fue prometido por la organización ya que éste tuvo problemas personales. En cambio, fascinante en la pantalla del teatro La Comedia, pudieron disfrutar del transpirado Carlos Gutiérrez, un obrero imitador del rey del rock, quien protagoniza el film de Armando Bo.
