El músico rosarino Fito Páez volvió a encender el debate político con duras definiciones sobre la coyuntura argentina y el gobierno de Javier Milei. Durante una entrevista con el conductor español Marc Giró en el programa Cara al show, el cantautor cuestionó la calidad institucional del presente, tildó a la gestión actual de «parodia» y sostuvo que el poder real dejó de residir en las urnas.
Consultado sobre su libertad para opinar e intervenir en la discusión pública, el autor de El amor después del amor fue contundente: “Yo me siento libre. ¿En qué momento alguien me va a venir a decir a mí qué tengo que hacer o no hacer?”.
Acto seguido, el artista ensayó lo que definió como un “desglose amable, inteligente y picarón” sobre el escenario social y político, recurriendo a la ironía al interpelar el discurso oficialista: “¿Querían la libertad? Aquí la tienen. ¿La sangre derramada? Aquí la tienen”.
«El cuentito de la democracia»
En su reflexión, Páez planteó un quiebre en la concepción del sistema representativo a lo largo de las últimas décadas. Si bien aclaró que la democracia sigue siendo “de todo lo que hay, lo mejorcito”, advirtió que el contrato social de postdictadura ya no opera de la misma manera.
Para Páez, la dinámica democrática global y local devino en una “parodia” atravesada por el deterioro del tejido social. “En esta comedia seguimos yéndonos por el barranco de la desintegración del espíritu humano y la comunicación de los seres humanos”, advirtió.
Frente a un panorama vertiginoso que definió como un “mundo de miedos”, el músico reivindicó la función del arte no solo como refugio, sino como un canal fundamental de vinculación social.
Para Fito, la música se posiciona como “el único canal por el cual podemos interconectar de una manera superior, en el sentido en el que nos recuerda quiénes somos, cómo somos y la pequeña cosita que somos en el universo”. En esa misma línea, remarcó la necesidad pedagógica de revisar las prioridades culturales del sistema educativo: “Atrapados en este mundo de miedos, nos olvidamos de que la música debería enseñarse en las escuelas”.
Las declaraciones de Páez cobraron rápidamente repercusión, ya que marcan un contrapunto respecto de análisis previos realizados en Madrid, donde el artista había enfatizado la necesidad de una autocrítica hacia los gobiernos anteriores y señalado los límites de los discursos dogmáticos de izquierda ante el surgimiento de las nuevas expresiones libertarias.
