El tenis de alto rendimiento exige una preparación integral donde la preparación física juega un rol determinante para sostener la intensidad de los partidos y la exigencia del calendario. Alejandro Lacour, preparador físico analizó en Saque y Volea las particularidades del entrenamiento en el tenis profesional y dejó recomendaciones esenciales para el universo amateur.
Formado inicialmente como profesor de tenis en Ramallo a los 13 años y graduado luego en Educación Física y Fisiología del Entrenamiento en Rosario, Lacour dio el salto al circuito internacional en 2009 convocado por Claudio Galasso quien fuera preparador físico de David Nalbandian. Desde entonces, ha trabajado con tenistas de primera línea internacional como la británica Heather Watson, el serbio Filip Krajinović, el británico Daniel Evans, el chino Zhang Zhizhen, el argentino Facundo Bagnis, el italiano Fabio Fognini (quien llegó a ser 16° del mundo) y el actual pupilo alemán Daniel Altmaier.
Del circuito ATP a la convivencia de equipo
Trabajar en el alto rendimiento implica convivir con el estrés de la competencia, constantes viajes internacionales y una dinámica exigente. «Es apasionante compartir con el jugador el día a día y el estrés de la competencia. A mí me encanta la competencia, aunque por momentos sea estresante. Tenés 80 o 90 vuelos al año y llega un momento en que ves el aeropuerto y salís corriendo, pero como todos los trabajos tiene un lado B y este es apasionante», destacó.
Respecto al vínculo con tenistas de renombre como Fabio Fognini, el profesional remarcó la importancia de la humildad dentro del equipo de trabajo: «Ellos son estrellas, nosotros no; hay que entender eso. Nosotros trabajamos con ellos y el jugador es estrella cuando se prende la cámara, después fuera de cámara es como todos nosotros. Fabio era muy terrenal en ese sentido, sin ego inalcanzable».
En cuanto a la rutina de entrenamiento de los tenistas profesionales, aclaró que se combina el trabajo en gimnasio con intervenciones en cancha adaptadas al modelo del entrenador principal. «En el profesionalismo hay mucho trabajo específico en cancha y mantención de las capacidades físicas. Varias capacidades ya están desarrolladas a un nivel muy alto, por lo que el trabajo se orienta a sostener la intensidad, la agilidad, la potencia y la intermitencia en la resistencia», detalló.
La reacción y la neurociencia: «No hay que esperar resolver todo con tres ejercicios»
Al abordar las cualidades físicas requeridas dentro del campo de juego, el preparador físico explicó que aptitudes como la reacción y la velocidad no son únicamente genéticas, sino que se entrenan y desarrollan mediante procesos continuos. «La reacción es una cualidad multidisciplinar y se trabaja. Hay un desarrollo de la fuerza, de la anticipación y la lectura visual. Hoy se aplican mucho las neurociencias en el tenis. Hay una predisposición biológica, un techo congénito, pero todo es posible de mejorar con trabajo. Lo que no hay que esperar es resolver todo con tres ejercicios de pique o una escalerita: la biología no funciona con la inmediatez», enfatizó.
En la actualidad, el equipo de Lacour organiza el calendario de competencias mediante bloques de entrenamiento y semanas de viaje alternadas, coordinando las tareas preventivas con kinesiólogos y entrenadores para garantizar la continuidad física del tenista en el circuito.
El consejo para el tenista amateur: amigarse con la fuerza y el gimnasio
Ante el notable crecimiento del tenis amateur en la región, Alejandro Lacour fue categórico sobre la preparación básica que debe mantener cualquier deportista no profesional. «Lo que no debe faltar nunca es la fuerza. No debemos perder los niveles de fuerza en la vida adulta. Le aconsejo a cualquier jugador amateur ir al gimnasio con un buen plan de trabajo guiado. La fuerza no solo permite jugar un deporte, sino sostener la salud y la independencia funcional», remarcó.
Asimismo, aconsejó complementar disciplinas como la gimnasia funcional o el entrenamiento en cancha con rutinas orientadas a la fuerza máxima, señalando su impacto preventivo frente a la pérdida de masa ósea y muscular con el paso de los años, especialmente en mujeres adultas.
