Un análisis detallado de los sedimentos minerales alrededor del monumento descarta la opción de que los glaciares transportaran las piedras
Un equipo de investigadores ha aportado nueva evidencia sobre cómo llegaron los bloques de piedra que forman Stonehenge hasta el sur de Inglaterra, respaldando la idea de que fueron trasladados por personas en la prehistoria y no por glaciares. El estudio, publicado en la revista Earth and Environment de Nature Communications, se basa en el análisis de sedimentos y minerales alrededor del monumento megalítico.
Durante décadas, algunos científicos han sugerido que los glaciares que cubrieron Gran Bretaña en el pasado pudieron arrastrar grandes rocas desde sus lugares de origen en Gales o Escocia hasta la llanura de Salisbury, donde se encuentra Stonehenge. Si ese fuera el caso, los investigadores habrían encontrado restos minerales característicos de esas regiones en los sedimentos cercanos. Sin embargo, los nuevos análisis no han encontrado evidencia de ese tipo de transporte glaciar.
Para comprobar la hipótesis, los científicos examinaron más de 700 granos microscópicos de minerales como apatita y circón presentes en arenas fluviales alrededor de Stonehenge. Estos minerales contienen pequeñas cantidades de uranio, que con el tiempo se transforma en plomo. Midiendo la proporción entre ambos elementos, es posible estimar la edad de los granos y, por ende, su lugar geológico de origen.
Sin embargo, no se encontró ninguna coincidencia significativa, lo que sugiere que esos materiales no fueron depositados por glaciares en su camino hacia el sur de Inglaterra.
Con la hipótesis glaciar descartada, el estudio refuerza la idea de que fueron las personas prehistóricas quienes transportaron las piedras hasta Stonehenge. Este proceso se habría llevado a cabo entre aproximadamente 3000 y 1600a. C., durante el Neolítico y la Edad del Bronce.
Los megalitos que forman el círculo exterior de Stonehenge, conocidos como “sarsens”, son enormes bloques de arenisca con una altura media de 4 metros y un peso de alrededor de 25 toneladas cada uno. Estas piedras proceden de la zona de West Woods, a unos 25 km del emplazamiento de Stonehenge.
Las piedras internas, llamadas “bluestones”, son de dolerita y provienen de las colinas de Preseli, en Gales, a unos 300 km de distancia. Además, otro bloque significativo, la llamada piedra del altar, tendría su origen en formaciones tan lejanas como el noreste de Escocia, a aproximadamente 750 km del monumento.
Aunque el estudio no detalla con precisión los métodos utilizados, los investigadores y arqueólogos manejan varias hipótesis sobre cómo se pudo realizar este traslado. Las teorías sugieren que los bloques pudieron moverse por rutas marítimas en barcos o barcazas, combinadas con desplazamientos por tierra utilizando trineos, rodillos y sistemas de palancas.
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