
La cantante cubana Olga Guillot, conocida mundialmente como la reina del bolero, falleció ayer, a los 87 años, en Miami, a causa de problemas cardiacos. Con su muerte, se apaga la época de oro de la música cubana, que la tuvo entre sus mayores referentes.
“Después del cielo, Cuba, después de Cuba, Olga Guillot”, escribió Agustín Lara acerca de una cantante cuya impresionante trayectoria de más de cinco décadas es imposible de resumir en una biografía.
Guillot cantó, entre otros grandes de la música, con la inolvidable Edith Piaf, y Nat King Cole ensayó con ella sus canciones en español. Fue la primera latina en cantar en el Carnegie Hall, y su voz inconfundible llenó de boleros los reductos estadounidenses desde los años 50 hasta la actualidad.
La cantante se encontraba internada desde el viernes último en el hospital Mount Sinaí de Miami, después de que se sintiera mal durante el velatorio de Roberto Suárez, fundador de El Nuevo Herald. Fuentes allegadas a la cantante dijeron que desde el viernes, Guillot sufrió dos infartos.
Olga Guillot había nacido en Santiago de Cuba el 9 de octubre de 1922 y se mudó a La Habana en su adolescencia. Allí formó el dúo Hermanitas Guillot, con su hermana Ana Luisa. El músico cubano Facundo Rivero descubrió su talento y la ayudó a debutar como solista, en 1945, en el conocido Zombi Club de La Habana. Luego cantó durante temporadas en los cabarets Sans Souci, en Montmartre, y en el mítico Tropicana.
En la década del 40, fue la primera mujer cubana en cantar boleros, un género destinado a los hombres y que en la isla sólo se escuchaba en las voces femeninas mexicanas de María Luisa Landín, Toña La Negra y Chela Campos.
En 1946 grabó en español “Stormy weather”, y la Asociación de Críticos la seleccionó como “la cancionera más destacada de Cuba”. Pero su consagración llegó en 1954, con “Miénteme”, del compositor mexicano Chamaco Domínguez, grabada en Radio Progreso con la Orquesta de los Hermanos Castro. Sólo en Cuba, el simple vendió medio millón de copias, en México pasó semanas en los primeros lugares y de ahí al resto de América latina.
En 1954, 55 y 56 ganó el premio de la Crítica de Radio y Televisión a la mejor voz femenina de Cuba. En 1958 trabajó en Europa por primera vez, con giras por Italia, Francia, Alemania y España. Fue en el mundialmente famoso Casino de Palm Beach, en Cannes, donde compartió el escenario con la legendaria cantante francesa Edith Piaf.
Abandonó Cuba definitivamente en 1961 con su única hija, Olga María Touzet (también hija del compositor René Touzet), rumbo a Caracas (Venezuela). En el momento de su salida, era estrella invitada del show Serenata mulata, en el cabaret Capri de La Habana. El compositor José Sabre Marroquín la invitó a visitar México, y vivió por más de tres décadas en el país, al que consideraba su segunda patria. Televisa la contrató para hacer allí El Show de Olga Guillot, que se mantuvo por años, y del que surgió José José, su ahijado artístico.
“En Cuba silenciaron mis boleros, quemaron mis programas de radio y televisión, como si no hubiera existido nunca”, declaró Guillot en una entrevista hace dos años. “Eso me duele mucho”, completó.
En los 60 volvió a Europa, viajó por América latina, Asia e Israel. En 1963, la Academia de Artes John F. Kennedy de Hollywood le concedió el premio Golden Palm a la mejor bolerista, y el 31 de octubre de 1964, protagonizó una histórica función en el Carnegie Hall. En las últimas tres décadas vivió entre México y Miami, trabajó en 16 películas y grabó más de 50 álbumes. Sus canciones más conocidas son “La noche alegre”, “Campanita de cristal”, “Lágrimas negras”, “Bravo”, “Se acabó”, “Qué sabes tú” y “La mujer que te ama”, entre otras.
