La Asociación Civil Alfabetización Santa Fe homenajeará al autor de Oración del remanso en la Facultad de Humanidades, a las 18.30, por su compromiso con la tarea de restaurar un derecho humano sin el cual los demás están vedados: la posibilidad de leer, interpretar y cambiar el mundo a la que no acceden los habitantes de los márgenes olvidados de la sociedad
Cómo hablar de igualdad si hay alumnos de escuelas secundarias que no saben leer o escribir, o lo hacen con mucha dificultad. Cómo declamar justicia y seguridad si nueve de cada diez personas privadas de libertad apenas cursaron la primaria, y la mitad de ellas ni siquiera pasó de tercer grado. Sin embargo, ya superado un cuarto del siglo XXI, esas son también postales de Rosario.
La Asociación Civil Alfabetización Santa Fe lleva más de una década en la tarea de restaurar un derecho humano que garantizan documentos, leyes y discursos pero no es universal. Porque es letra muerta en los rincones más vulnerados de una sociedad que, por eso y otras cosas, sigue girando en el círculo vicioso de la injusticia. Los más de cien voluntarios que le multiplican las horas de sus días para compartir ese tiempo en cárceles, escuelas, clubes, iglesias, centros barriales y hasta casas de familia designarán este lunes a su padrino. Lo quieren hacer, es un homenaje al compromiso de quien los viene acompañando desde su oficio: la música. El honor le corresponde a Jorge Fandermole. La cita es en la Facultad de Humanidades y Artes, a las 18.30. Y la invitación es para todos.
La Asociación no tiene apoyo económico de ningún estamento del Estado. Sus voluntarios sostienen la tarea de alfabetizar con lo que recaudan en festivales de música, peñas o choripaneadas y las cuotas que pagan unos pocos socios.
Leer y escribir, sostienen, trasciende una competencia individual en torno al lenguaje. Es una herramienta esencial para habitar el mundo con dignidad, entenderlo, cuestionarlo y cambiarlo. Es un derecho sin el cual los otros están vedados.
“Nacimos en 2013, en la cárcel. Antes tuvimos algunas experiencias en algunos barrios, pero sin buenos resultados”, cuenta los inicios Guillermo Cabruja, fundador y coordinador de Alfabetización Santa Fe.
Empezaron en la entonces Alcaidía de la Jefatura de Policía de Santa Fe, hoy Unidad Penitenciaria 6, en avenida Francia al 5200. Específicamente, a partir de los contactos con los referentes del Pabellón 9, uno de los varios para reclusos evangélicos. Y fue de la mano del programa Yo sí Puedo de educación popular que ideó en Cuba la pedagoga Leonela Relys. Es aplicado en muchos países, y en Rosario lo llevó adelante la Multisectorial de Solidaridad con Cuba.
«Ahí hicimos nuestras primeras experiencias, encontramos un mundo que desconocíamos. Queríamos ir a los lugares donde existían las mayores desigualdades y nos pareció que la cárcel era uno de ellos. Encontramos la cárcel de la pobreza, de la de la marginalidad, de los sin nombre y sin palabra». Ese primer año, recuerda, alfabetizaron a 18 jóvenes en la ex Alcaidía. En 2019, un relevamiento hecho en esa unidad penitenciaria arrojó que de las 501 personas que estaban allí alojadas, el 90% tenían como máximo la primaria, y de ellas la mitad solo había llegado a tercer o cuarto grado.
Hoy, la Asociación cuenta alrededor de 500 personas en condición de encierro alfabetizadas tanto en la Unidad 6 como en la Unidad 3, ubicada en el viejo edificio de Zeballos y Suipacha, y la Sub 3 en el Complejo Penitenciario de 27 de Febrero al 7800.
El último Censo Nacional del Indec, en 2022, contabilizó 67.172 personas no alfabetizadas en Rosario. En términos porcentuales parece poco, apenas el 1,1% de la población. La cifra, sin embargo, es un subregistro: quien no sabe leer y escribir es muy probable que no lo admita. Porque le da vergüenza y sabe que será estigmatizado por esa condición. En las cárceles, el porcentaje se multiplica. Es un poderoso llamador de atención que se pasa por alto o se ignora deliberadamente.
«Hay una vinculación entre delito, violencia, inseguridad y falta de educación. Nosotros decimos que acá no hace falta más seguridad (en términos punitivos), lo que hace falta es más educación. La educación es lo que trae la seguridad, la paz, la convivencia, la posibilidad de decidir», observa Cabruja.
La pregunta es ¿qué opciones de vida tiene quien no puede acceder a un trabajo medianamente digno porque no sabe leer ni escribir, que no puede descifrar un cartel porque solo ve dibujos, que hasta le cuesta salir del barrio porque no entiende las señales urbanas para guiarse en lugares que no conoce, ni las indicaciones en una oficina pública?
«Mis márgenes de decisión son muchos menores«, resume. Por eso, no se trata de una competencia técnica, poder dibujar y reconocer letras y números, sino de algo más profundo: «Dar la palabra, restituir un derecho humano, un acto de justicia«.
«Nuestra metodología es el encuentro. Enseñamos a leer y escribir encontrándonos. No existe alfabetización si no hay un encuentro previo«, remarca Cabruja. Comenzaron con el sistema Yo si Puedo, incorporaron la pedagogía crítica del brasileño Paulo Freire y sus palabras generadoras. Rescataron los materiales del Programa Nacional de Alfabetización y Educación Primaria para Jóvenes y Adultos Encuentro, ejecutado durante la gestión de Daniel Filmus como ministro de Educación. Pero no se ciñen a ningún esquema. Todo depende, explica, del contexto particular de alfabetización, de las personas con las que están.
«Ese encuentro implica respeto, humildad, amor, es necesario que la persona tenga ganas de verme, de estar conmigo. Generar un espacio de alegría, de simpatía, de convivencia, de comunidad. Es entonces cuando empieza a fluir el conocimiento, lo que la persona sabe, lo que recuerda y lo que nosotros compartimos con él«, describe un acto que no es unidireccional ni jerárquico.
Es, agrega, compartir momentos «donde el lápiz es el que va movilizando cosas«. Con risas, bromas, chistes, climas que se construyen diferentes en cada caso.
Por eso, tanto en las cárceles como en los otros espacios donde trabaja la Asociación, las actividades son múltiples. Talleres de oficios o de arte, apoyo escolar, meriendas y fiestas tradicionales compartidas. Y también festejos de cumpleaños. Este sábado, por ejemplo, hicieron una celebración colectiva para los niños y niñas que cumplieron años en septiembre y octubre.
Los voluntarios de Alfabetización Santa Fe están en varias escuelas, tanto primarias como secundarias y para adultos. Cabruja aclara: no pretenden reemplazar la educación institucional, y mucho menos a los docentes a los que valoran por tener que hacer frente a una presión social que los desborda por su magnitud.
«Para nosotros, los docentes son héroes, porque trabajan en los barrios más pobres de la ciudad, vulnerables, reciben casos de niños y niñas que han sufrido violencia, y todo eso lo recibe la escuela», aclara. E insiste en la defensa de una educación pública de calidad, con la inversión necesaria por parte del Estado que garantice la equidad. Hoy, más que nunca, en falta.
La Asociación tiene un local propio –alquilado– en Tucumán 5565, en barrio Ludueña. Allí dictan talleres literarios, alfabetización y apoyo escolar, acompañados de merienda comunitaria.
En el mismo barrio, colaboran con la escuela primaria Maestro Sergio Del Coro, de Solís 191.
También lo hacen en escuelas secundarias. «Cuando nos enteramos que hay adolescentes que llegan a segundo o tercer año de la secundaria y no saben leer y escribir, dijimos, ‘¿Cómo puede ser?’. Pero, a la vez, pensamos ‘qué bueno que esté contenido por la escuela’«. Es que, advierte, se trata de los chicos que habitan las periferias de la pobreza. Su horizonte inmediato, si no es la escuela, dice, es la cárcel. Si el Estado no los cobija en la institución educativa, los empuja a otro de sus dispositivos: el del encierro.
Los voluntarios concurren al colegio Marcelino Champagnat, de Rueda 4498, para ofrecer apoyo escolar en nivel secundario, o en preparación de pruebas. También al colegio Soldados Argentinos de San Juan 3652. Y en la Escuela de Educación Técnica 2061 Nazaret, de Humberto Primero 2401, en Ludueña, para adolescentes y adultos que ofrece terminalidad en oficios.
Es alfabetización y apoyo que se desarrolla en variadas instancias. nada predeterminado, ni mucho menos esquemático. «Nos piden matemática, inglés, y si nosotros podemos resolverlo, damos una mano. Estamos trabajando la lectoescritura y nos dicen ‘Tengo una prueba de matemática y polinomio’, entonces nos metemos con eso, estamos al servicio de ese alumno o alumna, porque el objetivo es que no interrumpa su actividad escolar«.
No hay requisitos para ser voluntarios del colectivo. «Tenemos desde directoras de escuelas secundarias o primarias, jubiladas y en actividad, docentes, contadores, amas de casa, empresarios, comerciantes, adolescentes de secundaria que se están sumando, estudiantes de las facultades, de de todas las carreras, muchos de Trabajo Social o de Comunicación», enumera sin agotar la lista Cabruja.
Y sigue: «Profesionales de de distintos tipos, no no no hay una la condición que te habilite a hacer esto o que te lo impida, cada uno aporta desde su lugar». Entre ellos, «gente que han ocupado cargos en el Conicet como investigador, y están alfabetizando con nosotros. La directora de una escuela muy conocida de la ciudad también».
El aprendizaje pedagógico, explica, se da en parte en la misma acción de alfabetizar, aunque hay una capacitación previa.
La Asociación también interviene, y colaboró con su desarrollo, en el Programa de “Alfabetización y Acceso a la Justicia” del que participan las facultades de Ciencia Política, Derecho, Psicología y Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Colaboran con «ciclos de formación o charlas sobre alfabetización, educación popular y procesos populares relacionados con la educación y la transformación de la realidad sociopolítica o socioeducativa de Latinoamérica».
Este lunes, los voluntarios se darán un gusto: homenajear a Jorge Fandermole, que los viene acompañando desde hace años. Lo designarán su padrino.
«Tan débil soy que cantar es mi mano alzada/ Y fuerte canto / No sé más qué hacer en esta tierra incendiada / Sino cantar». El canto del autor de esos versos es bien amplio. Participó en recitales para recaudar fondos, difunde las actividades de alfabetización, se compromete. El 12 de junio pasado, fue uno de los músicos del Festival por la Alfabetización y la Educación Popular que la Asociación organizó en el Centro Cultural Refi, de barrio Refinería, junto al tucumano Juan Quintero y al compositor, bandoneonista y cantante de tangos Leonel Capitano, entre otros artistas.
El vínculo con el autor de Oración del remanso fue a través del contrabajista y compositor Carlos «Charli» Pagura. Lo conocieron a través de su padre, el fallecido obispo metodista y referente de los derechos humanos Federico Pagura.
«Charli estaba en el Quinteto de Cuerdas y nos conectamos porque su papá me acompañó en las primeras caminatas en la Unidad 6. Con él fundamos allí una biblioteca, él donó los libros, y luego le pusimos su nombre«, rememora Cabruja.
Charli comenzó a participar en los encuentros de la Asociación, en las graduaciones en los barrios, con el Quinteto, incluso en talleres de música en las cárceles. Y es amigo de Fandermole. También lo entusiasmó a él, que se acercó hace dos años para actuar en una primera de varias peñas. Es una sintonía en todo sentido, se entusiasma Cabruja. «Sus letras tienen mucho que ver con las márgenes de Rosario, con las márgenes del Río, con la cultura popular. Hay comunión entre lo que él dice y lo que nosotros hacemos, y mucha admiración de nuestra parte hacia lo que representa, un artista popular que desde su palabra y sus canciones pelea por la justicia social, por la dignidad del hombre», abunda. Y entonces, dice, «Nos pareció oportuno agradecerle».
La cita es el lunes en la facultad de Entre Ríos al 700. Será «un encuentro, como todos los que hacemos, pero especial». Allí estarán, además de autoridades de la casa de estudio y el propio Fander, integrantes de las instituciones y organizaciones sociales con las que trabaja la Asociación.
La invitación es abierta.
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