Rosario, viernes 14 de agosto de 2026
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Rosario, viernes 14 de agosto de 2026

“Algo nos salvará”, el reciente libro sobre sueños de Pablo Bigliardi, extiende un puente sensible para habitar mundos más complejos

En su nuevo volumen, el autor propone dar forma a un universo delirante dejando a la intemperie todo tipo de acontecimientos en una singular lúdica narrativa donde las dobleces del yo –o el doble cuántico, Doble Q, como dio en llamarlo– interviene las temporalidades y las encrucijadas de todos los textos
Pablo Bigliardi

En el Libro de los sueños Borges dejó escrito que “los sueños constituyen el más antiguo y el no menos complejo de todos los géneros literarios”, tal vez influenciado por la consideración que tenía sobre los dichos de su admirado S. T Coleridge. Bueno, muchos intentaron –y otros aun lo hacen–, entrar en esa sustanciosa red, en ese teatro de operaciones, en esas extraordinarias atmósferas, ya una vez despiertos, para ejercer la rápida aplicación en frases o pasajes de lo que queda de ese tránsito mientras el cuerpo yace, o no tiene movimiento. Y tal vez, en algunas ocasiones, también memoria mediante, eso se convierte en literatura, en relatos, como un modo de hacer encajar esas piezas que fluctúan, que piden adoptar una forma, porque ya eso será poder ver algo más, ahora formateado en imágenes, personajes, (in) verosímiles, porque, ¿importa saber qué es verdad o no en un sueño?

Y ahí entonces, si adquiere la funcionalidad de un artificio literario, los múltiples dilemas y sensaciones de un sueño pueden convertirse en un divertido ejercicio, casi un desafío a la autoridad del azar que lo puebla y una promisoria exploración de sus potencialidades, que quizás nunca tengan final, pero si un medio y seguramente un nuevo e improbable principio.

Algo nos salvará (Homo Sapiens, 2026), el reciente libro de relatos de Pablo Bigliardi, se propone dar forma a ese universo vertiginoso dejando a la intemperie todo tipo de acontecimientos en una singular lúdica narrativa donde las dobleces del yo –o el doble cuántico, Doble Q, como dio en llamarlo el autor– interviene las temporalidades y las encrucijadas de todos los relatos, en tono desenfadado y hasta con pícara inmanencia, porque todo ocurre, aun las intrigas y las calamidades, dentro de los límites del mismo ser que cuenta.

En cada uno de los quince relatos de Algo no salvará –que, hay que decirlo, se leen de una sentada y no solo por su corta extensión, sino porque empujan a seguir leyendo– se desencadenan una serie de peripecias, se despliega un microcosmo que a veces es doméstico y otras, mundano, donde aparecen figuras extrañas y elusivas o pequeños detalles de la vida cotidiana que funcionan como obsesiones del narrador. Hay también un motor alquímico encendido y a un invierno de 1920 con “La Boheme” versión (Charles) Aznavour como banda sonora y el muy francés Barrio Latino, pueden sucederle el San Antonio Oeste del sur argento, pirámides de mil metros de altura y primos, tíos y nietos frente a un campo lleno de ovejas, donde no pocas ideas paranoicas campean sobre la insólita naturaleza pueblerina.

Por momentos los escenarios de un relato a otro parecen superponerse; los desplazamientos y saltos en el tiempo y alguna presencia espectral, forman parte de un universo inconsciente, una especie de espejo autoficcional –porque siempre volverse otro tendría una matriz especular– en el que el protagonista está siempre al borde de una catástrofe y a merced de que el Doble Q le tire una soga. Son también entretenidos los relatos de Algo nos salvara, porque están munidos de una dosis de desparpajo suficiente para que las digresiones y los desvíos se combinen de forma absurda y atrevida.

En su deambular el narrador-protagonista atraviesa y cuestiona la esencia de las relaciones que va estableciendo porque siempre todo podría ser de otro modo. Y ahí interviene lo conjetural, la sospecha y cierto misterio sobre el cambio de estatuto en las situaciones vividas, en las paradojas de estos relatos que parecen encadenados en una lógica ambiental, como si se contagiaran. Un pasaje del libro describe una situación consecuente en todos los relatos. En el relato “Cosecha roja” Bigliardi escribe: “Mi doble Q aparece de pronto, detrás de mí, y entra en mi cuerpo. No se deja ver, solo lo percibo. Entiendo que algo va a pasar en el cuerpo que habito…”.

Las impresiones que derivan del tono o clima que el autor consigue infiltrar nunca son ajenas a la estricta consumación de los hechos descriptos y es como si existiera un solo universo paralelo y simultáneo al que se accediera –de relato en relato– cruzando una membrana cristalina, donde las presencias incómodas o las familiaridades –amigos y conocidos del autor con nombres verdaderos– perturbadoras o cómplices, se entrelazan con el protagonista, en escenarios sembrados de lastre y dilación y casi entre las ruinas de un sueño.

Con una escritura precisa y llena de detalles y un narrador perdido entre el asombro, la vacilación y la sorpresa –emociones del sueño, se diría–, en Algo nos salvará Bigliardi extiende un puente sensible para habitar mundos más complejos, quizás en línea con aquella complejidad que mencionaba Borges, o como dice de otro modo la también escritora Susana Ibáñez en la contratapa: “…en un tiempo en que la narrativa parece haber olvidado el poder de la invención, estos cuentos recuperan la capacidad de maravillar”. Así, cada lector puede internarse a su manera en este libro, en sintonía con un modo singular de empatía –cualquiera sea– a la que la visión de ese lector aspire.