Rosario, jueves 05 de noviembre de 2026
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Rosario, jueves 05 de noviembre de 2026

Aquella fugaz primavera del Tío

Por Rubén Alejandro Fraga.- Se cumplen 40 años de la asunción presidencial de Héctor Cámpora, que abrió la puerta para el regreso de Juan Perón al poder.

fraga“Abrigo la esperanza de dar término a mis funciones acompañado por el afecto de mis compañeros y de mis amigos, y el respeto de mis adversarios. Sé que he de lograrlo, como ha sido hasta ahora, porque trataré, con honestidad, de hacer lo que el pueblo quiere”. Las palabras pronunciadas por Héctor José Cámpora al asumir la presidencia de la República, el viernes 25 de mayo de 1973, en el Salón Blanco de la Casa Rosada llegaron por los altoparlantes a la multitud concentrada en la Plaza de Mayo, que estalló de júbilo.

Era el primer paso para la concreción definitiva del “Luche y vuelve” que la resistencia peronista había puesto en marcha desde que un golpe militar derrocara a Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955.

Luego de casi 18 años de proscripciones, un candidato peronista volvía a ser el responsable de llevar las riendas de la política nacional. Los militares, en retirada, habían convocado a unos comicios en los que se mantuvo la proscripción del general Perón.

campora
Ilustración: Facundo Vitiello.

Bajo la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, el 11 de marzo de 1973, la fórmula del Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli), Cámpora-Vicente Solano Lima, logró el 49,5 por ciento de los votos, seguida por el binomio Ricardo Balbín-Eduardo Gamond, de la Unión Cívica Radical (UCR) con el 21 por ciento y Francisco Manrique-Rafael Martínez Raymonda, de la Alianza Popular Federalista (APF) con el 15 por ciento.

Por eso, aquel viernes 25 de mayo del 73, del que hoy se cumplen 40 años, no fue una fecha patria más. El sol que asomó aquella jornada puso marco ideal a un verdadero “día peronista” e iluminó a una marea humana (calculada en un millón de personas) que, radiante, recuperaba con su presencia bulliciosa la histórica Plaza de Mayo para el pueblo. Festejaba el pueblo peronista, pero sobre todo festejaba la juventud, que creía ver en la figura de Cámpora a quien haría realidad el sueño aquel de “Perón, Evita, la patria socialista”. Eran ellos, los jóvenes, los que más “bancaban” a Cámpora, a quien llamaban cariñosamente “el Tío”, por ser el hermano de “Papá” (Perón). Y al dentista oriundo de Mercedes, sonriente y campechano, le gustaba ser el Tío de esos muchachos ruidosos, quilomberos, y, algunos de ellos, amigos de los “fierros” (a quienes Perón llamaba “formaciones especiales”).

Cámpora había conocido a Perón en 1944 y desde entonces fue un incondicional del general y, sobre todo, de Evita. En 1971 fue designado delegado personal de Perón, en reemplazo de Jorge Daniel Paladino, y se encargó de reorganizar el movimiento, ganar las elecciones de 1973 y concretar el regreso al país del viejo caudillo.

Entre los asistentes a la ceremonia de su asunción del mando sobresalieron los presidentes socialistas de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós Torrado. La Juventud Peronista se adueñó del acto e impidió a los militares realizar el desfile tradicional. Coreaban “Se van, se van, y nunca volverán” e imaginaban que la nefasta alianza entre el poder económico más concentrado, la jerarquía eclesiástica y el autoritarismo cívico-militar no tendría nunca más cabida en el país.

En ese marco, el presidente de facto, general Alejandro Agustín Lanusse, entregó los atributos de mando a Cámpora en medio de una enorme movilización popular que abucheó a los gobernantes salientes y luego, por la noche, rodeó la cárcel de Villa Devoto y forzó la liberación de los presos políticos.

Recordando aquel día, José Pablo Feinmann escribió hace unos años : “La plaza es una fiesta sin límites. Es la jornada más triunfal de la izquierda revolucionaria en la Argentina. Cámpora dicta la ley de amnistía y todos los presos salen a la calle, a festejar, a vivir la primavera. Allende, por televisión, dice: «¿Cómo no le habrá de ir bien a este gobierno? Vean ustedes el apoyo de masas que tiene». Le faltaban tres meses para caer. A Cámpora, 45 días”. Es que el peronismo de 1973 ya no era el mismo de 1945, tal como lo había pronosticado John William Cooke en la década anterior. El peronismo de 1973 ensillaba a la historia y la subía por izquierda y más tarde, trágicamente, la bajaría por derecha.

En ese contexto, los nuevos ministros de la naciente gestión camporista conformaron un gabinete heterogéneo que trató de mantener algún tipo de equilibrio entre los distintos sectores peronistas en pugna: entre ellos, Ricardo Otero (Trabajo), Ángel Federico Robledo (Defensa), Jorge Alberto Taiana (Educación), Esteban Righi (Interior), Juan Carlos Puig (Relaciones Exteriores), José Ber Gelbard (Economía), y el tenebroso José López Rega (Bienestar Social).

Con todo, la breve gestión camporista llevó adelante una serie de medidas que fueron muy importantes en términos políticos y sociales, en el marco de un proyecto de reconstrucción nacional.

Pero, semanas después de asumir la presidencia, Cámpora viajó a Madrid para acompañar a Perón en su regreso definitivo, y allí sufrió desaires por parte del líder del justicialismo, su esposa Isabel y el “brujo” López Rega, un personaje siniestro que no se separaba nunca de la pareja de exiliados.

Mientras tanto, el impulso revolucionario liderado por la JP, que el 25 de mayo había humillado a los militares en la Plaza de Mayo, siguió en las semanas siguientes a la asunción de Cámpora bajo la forma de ocupaciones de todo tipo de espacios públicos: universidades, oficinas, escuelas, hospitales. Era una prodigiosa manifestación de la presencia de la civilidad revolucionada, convencida de que la sociedad justa estaba allí, al alcance de la mano, aunque no supiera muy bien cuál era el camino para construirla, y confiara plenamente en que Perón la conduciría. Era, también, el comienzo de la feroz lucha de tendencias dentro del movimiento peronista triunfante.

El 20 de junio del 73, Perón y sus acompañantes volvían al país cuando el avión que los traía no pudo aterrizar en Ezeiza. Un tiroteo entre facciones peronistas convirtió lo que iba a ser una fiesta multitudinaria en una trágica masacre con una cifra de muertos que nunca fue especificada. Luego de Ezeiza, la política de calles se limitó a dirimir la lucha de tendencias dentro del peronismo: las calles, vacías ya de manifestantes, empezaron a llenarse de cadáveres.

Finalmente, el 13 de julio de 1973, Cámpora y Solano Lima renunciaron a sus cargos para permitir nuevas elecciones, que Perón ganó con más del 60 por ciento de los votos. La fugaz primavera camporista había terminado.