¿Qué más podía ocurrir en Brasil después de la “conducción coercitiva” de Luiz Inácio Lula da Silva, un virtual arresto de pocas horas, para que declarara por sospechas de corrupción? ¿Qué, después de los inquietantes enfrentamientos callejeros entre partidarios y detractores de éste? ¿Qué, después de que la oposición se juramentara para ir a fondo por el juicio político contra Dilma Rousseff? ¿Qué, además de la tensa espera de las manifestaciones que el domingo reclamarán, se espera que masivamente, la renuncia o destitución de la presidenta? Mucho, mucho más. El martes estalló una bomba en el corazón económico y político de este país.
La explosión fue la pena a 19 años y 4 meses de cárcel contra Marcelo Odebrecht, presidente de la firma que lleva su apellido, la mayor constructora de América latina y un emblema del capitalismo inducido por el Estado brasileño. El juez federal de Curitiba (estado de Paraná) Sérgio Moro lo condenó por corrupción, lavado de dinero y asociación ilícita en el marco del esquema de corrupción en Petrobras, un escándalo de desvío de al menos 2.000 millones de dólares que terminaron mayormente en las cuentas de dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT) y algunos de sus aliados.
El magistrado aseguró en su sentencia tener probado que la empresa pagó coimas a funcionarios de Petrobras por 108,8 millones de reales (29 millones de dólares al cambio actual), además de otros 35 millones de dólares para la obtención de contratos para la construcción de dos refinerías y un complejo petroquímico. En concreto, le atribuyó al presidente de la firma once delitos de corrupción activa y cincuenta de lavado de dinero, en gran medida sobre la base de datos provistos por “arrepentidos”. Junto con él, fueron condenados otros ejecutivos de la empresa: Rogério Araújo, Márcio Faria, César Rocha y Alexandrino Alencar.
Los abogados de Marcelo Odebrecht calificaron la sentencia como “injusta”. Y, obviamente, prometieron apelarla.
El abogado de Marcelo Odebrecht, Nabor Bulhoes, dio a conocer un comunicado en el que considera la sentencia “manifiestamente inicua e injusta porque no encuentra base en las pruebas producidas”. “Los delatores –continúa– eximieron a Odebrecht; los coacusados eximieron a Odebrecht; los testigos eximieron a Odebrecht; y los documentos producidos no vinculan a Odebrecht con ningún hecho ilícito investigado en la Operación «Lava Jato». Con el debido respeto, la condena impuesta sólo puede ser concebida como un grave error judicial. La defensa continuará luchando por su libertad y por su inocencia ante las instancias superiores, estando segura de que la Justicia prevalecerá con su completa absolución”.
Se entiende la alarma y el impacto que se perciben en Brasilia. Odebrecht es una de las mayores multinacionales de América latina, tiene presencia en 23 países, es el mayor empleador de Brasil y antes de que su nombre quedara enlodado en el Petrolao, facturaba unos 40.000 millones de dólares por año.
Marcelo Odebrecht tiene 47 años y pasó los últimos nueve meses en prisión. El juez Moro finalmente lo condenó, pero fue muy criticado por haberlo mantenido, para muchos extorsivamente, en prisión preventiva tratando de quebrarlo y de convertirlo en un delator. La negativa del entonces sospechoso a colaborar le valió este martes una pena impactante.
Siempre se dijo aquí que si Odebrecht habla, no sólo puede caer el actual gobierno, sino que habrá que revisar toda la historia política brasileña desde el retorno de la democracia en 1985. No por nada los fiscales de la operación Lava Jato (lavado a chorro) tratan de convencerlo de que cuente lo que sabe de los supuestos pagos ilegales a cambio de concesiones con los que se atormenta a Lula da Silva, sospechado de haber sido, antes de dejar el poder y después, un “lobbista” de la compañía. La prensa local dijo que la entrega de documentos podría revelar secretos de la era de Fernando Henrique Cardoso, de la de Fernando Collor de Mello y hasta de la de José Sarney.
¿Y si Marcelo Odebrecht finalmente habla? Una fuente de la compañía se negó en diálogo con Ámbito Financiero a desmentir esa versión, que circula ampliamente. Se entiende: el empresario pudo resistirse mientras la condena era una hipótesis, pero ahora que su futuro es sombrío, lo único que podría aliviarlo es la provisión de pruebas contra otros “peces gordos”.
El propio juez Moro dejó abierta esa posibilidad. “A pesar de los rumores sobre la posible negociación de un acuerdo de colaboración con los ejecutivos de Odebrecht, el hecho no impide el dictado de la sentencia ni un eventual beneficio posterior”, dijo. Según los medios brasileños mejor informados, Marcelo Odebrecht y Léo Pinheiro, este último titular de otra gran constructora y contratista del Estado, OAS, negocian entre sí y con los fiscales del caso el modo de convertirse en delatores a cambio de una reducción de condenas.
Los dos son conscientes de que las revelaciones pueden terminar por hundir a sus compañías, aunque salvarlas de ese modo puede terminar de dar por tierra con la clase política que ha gobernado en los últimos años. ¿Sólo la del PT? No. Las dos empresas se cuentan entre las principales aportantes a las campañas políticas de todos los sectores.
“No puede decirse que el dinero que Odebrecht, por ejemplo, le dio al PT es sucio y que el que le dio al PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña, principal impulsor del juicio político contra Dilma) es limpio. Lo que sí puede suponerse es una diferencia de magnitudes”, dijo el analista político Thiago de Aragao.
Algo más: en caso de confesar, ¿cómo evitaría Marcelo Odebrecht implicar gravemente a su padre, Emilio Alves Odebrecht, presidente del Consejo de Administración de la Organización? Ese sería, junto a lo políticamente explosivos que podrían resultar sus dichos, el motivo por el cual el hombre se ha mantenido incólume hasta ahora, afirman quienes siguen de cerca el caso.
El Petrolao derivó también en el arresto de los titulares de otras grandes contratistas, como Andrade Gutierrez y Camargo Correa. Asimismo, a poderosos políticos del PT, como el ex jefe de gabinete de Lula José Dirceu, el ex tesorero Joao Vaccari y, más recientemente, al gurú de las campañas electorales del partido, Joao Santana. ¿Mucho? Acaso esta historia no haya hecho más que comenzar.
