Los habitantes calibraban este viernes la magnitud de los destrozos, delante de los barrios recubiertos de fango tras la decrecida de las peores inundaciones en casi 40 años.
La retirada de las aguas dejaba al descubierto calles enteras, casas y oficinas de un lodo pegajoso y nauseabundo.
«Hay mucho dolor cuando la gente vuelve a ver por primera vez su casa y su calle», declaró Anna Bligh, primera ministra del estado de Queensland (noreste). «Animo a todos a hacer un esfuerzo para ayudar a amigos y familias».
Unas 30.000 viviendas o empresas resultaron dañadas por las peores inundaciones que la ciudad ha vivido desde 1974.
Los camiones de la basura regresaron a las calles. El alcalde, Campbell Newman, pidió a los particulares y empresas que dispongan de medios de limpieza que ayuden a limpiar esta ciudad de dos millones de habitantes con el fin de que esté cuanto antes en estado de funcionamiento.
«La prioridad esta mañana y todo el día es intentar reabrir las vías de paso», declaró en la televisión. «Limpiar los escombros y el barro y reabrirlas a la circulación», declaró a los habitantes.
La primera ministra australiana, Julia Gillard, anunció este viernes la duplicación del número de soldados dedicados a las operaciones de salvamento y limpieza, hasta 1.200, en el noreste del país.
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