Sociedad

Balada para un Loco: el anticambalache que resiste con la cabeza gacha

Marcelo Bielsa volvió a quedar eliminado de un Mundial en primera ronda, esta vez el frente de la selección uruguaya: algunos apuntes de una mirada un poco más allá del resultado

Repetimos tanto lo de Loco que terminaste siendo el más cuerdo. Canalla como soy, reconozco que recé para que perdieras aquel partido que te tenía en la cuerda floja, en tu primera experiencia como técnico. Si Central ganaba el clásico te ibas y tal vez tu «suerte» hubiese sido otra. Pero Newell’s ganó cuatro a tres y mi suerte, que anduvo a las puteadas aquella noche en el Gigante, empezó a ser otra también.

Aquella noche empezaba a conocer a un tipo que en el discurso público se banca casi en soledad la pelea contra el cambalache de «es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el vive de los otros, el que mata, el que cura o está fuera de la ley». Como aquel otro, Enrique Santos, que sufrió el abandono y la crítica como pocos, y murió en la pobreza y la soledad.

Quiero escribir mi balada para un loco, a modo de agradecimiento, pero también de desahogo. Ahora, en el momento de un nuevo fracaso deportivo, una eliminación tempranera, como la de aquel 2002 con Argentina. Sé que no necesitás consuelo de nadie. El consuelo es para mí, que persigo la tentación de querer que la taba alguna vez caiga del otro lado.

¿Cómo hace un tipo que comprende el todo para convivir todo el tiempo con la expectativa exagerada de los que se aferran a la parte menos importante? ¿Cómo hace un tipo que comprende la importancia social de la belleza y de los valores de un juego amado por muchos para discutir con los miserables de la rapiña y la especulación? ¿Cómo hace un tipo que comprende que se debe a los más pobres que no pueden «comprar» la belleza y la alegría para discutir o polemizar con los hijos del cambalache discepoliano? ¿Cómo hace un tipo que desafía a los poderosos para ponerse a hablar con los engranajes obedientes y disciplinados de esos mismos poderosos?

Tal vez elijas mirar para abajo para buscar tu interioridad y no dejarte llevar por cantos de sirena que te obliguen a explicar lo inexplicable, a echar culpas en espaldas ajenas o a declarar lo políticamente correcto. Tal vez elijas parecer un poco loco, o muy loco.

En este tiempo de paradojas flagrantes, los cómplices de la deshumanización le reclaman cordura al tipo que defiende la esencia de lo humano. Y no resulta extraño. Siempre fue igual.

Pero cómo te vamos a extrañar el día que tu locura deje de abrir uno de los últimos agujeritos de humanismo que quedan en estos tiempos de inteligencia artificial y redes sociales. En medio de eslogans, publicidades calcadas y engranajes irrelevantes e inconscientes de una sociedad que, como decía el gran Leopoldo Marechal, hace todo lo posible para que el hombre vuelva al mono.

«Donde yo voy genero tensión», dijo alguna vez. «Mejor que yo no esté», agregó. Tal vez un día desaparezca esa tensión. Puede ser, pero no será nada bueno lo que pase, te lo aseguro.

Bienvenido sea un fracaso más, en el medio de otros tantos éxitos, también hay que decirlo. Sobre esa relación, dijiste alguna vez: «La relación éxito fracaso es una cuestión que ha sido central en mi vida. Yo he pensado mucho sobre lo que significa triunfar y lo que significa fracasar. Como primera medida yo pienso que éxito y felicidad no funcionan como sinónimos. Hay gente existosa que no es feliz y gente feliz que no necesita del éxito. Y la obligación que tiene todo ser humano es rentabilizar sus opciones para ser feliz. Nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción. Los seres humanos de vez en cuando triunfan, pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan y ganan de vez en cuando, muy de vez en cuando».

En esa tarea estás, mientras mirás para abajo y esperás. ¿Qué esperas? Tal vez, sólo tal vez, ese tiempo dorado donde el poeta pueda empezar la primera frase de cambalache anteponiendo el «no». Que cada uno haga el ejercicio. Ese tiempo donde nadie le llame meritocracia a la desigualdad, ni felicidad sólo al éxito. Mientras tanto, abrazo grande y a seguir dando batalla, desde dónde sea, pero dando batalla.

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