Se aproxima fin de año y uno tiende a hacer un balance de lo vivido: positivo o negativo y la maduración implícita, que enriquecerá nuestra experiencia de vida. Sin saber de contabilidad el libro de la vida es un debe y haber para dar como resultado un saldo de vivencias.
Por Silvia Buonamico
Mi experiencia más triste la tuve al enterarme de que mi hijo nacería con discapacidad. Al nacer él fue como el alba que asomó sus rayos débiles del sol naciente. Pero a medida que estaba a su lado me fue invadiendo esa fuerza que emanaba de él como el sol pleno de un mediodía de verano. La noche se transformó en día, el sol me cobijó en sus brazos, y yo supe de ahí en más, que no hay noche oscura que empañe mi vida, porque tendré el sol que secará el rocío de mis lágrimas.
Hace ya 20 años que como el yin y el yang, no hay tristezas sin alegrías y lo más importante, es capitalizar las emociones que me refuercen la idea: ES GRATIFICANTE SABER QUE HAY UN SOL QUE ILUMINA NUESTRAS VIDAS.
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