El Checho volvió a hablar. Como si fuera una práctica más en su vida y ya cada vez más recurrente, el entrenador nacional emitió nuevas declaraciones. Y como suele pasar en la mayoría de los mortales, cuanto más se habla, más chances de meter la pata hay. | Por Federico Cánepa.-
Y eso se sabe, también permite quedar expuesto y preso de las palabras con mucha más facilidad.
Repasar cada una de las declaraciones llevaría mucho tiempo y sería hasta tedioso, porque casi desde que está al frente del seleccionado (desde agosto 2010, primero como interino y luego confirmado en el puesto) no pasó más de dos semanas sin tener algún tipo de diálogo con la prensa.
Es cierto que hasta aquí los resultados, con triunfos ante España, Brasil o Portugal, le han sonreído. Quizás eso de cierto tipo de impunidad para hablar. Pero tan cierto como que salvo escasos pasajes del partido ante los campeones del mundo (que vinieron a Buenos Aires más de festejo que otra cosa), el equipo quedó claramente en deuda en el juego que desde la dialéctica el mismo Batista pregona.
Pocos fueron los minutos donde el conjunto nacional fue protagonista a base de posesión y rotación de pelota. Lejos, muy lejos, quedó la idea al menos hasta el momento de jugar como el Barcelona. Una de las cosas que el técnico dijo, sin darse cuenta que en el conjunto catalán salvo el arquero Valdez y en alguna medida Puyol, todos tienen una técnica depurada y una concepción del juego en ataque que sólo un puñado de jugadores argentinos podría interpretar en la misma sintonía.
Messi, Di María y Pastore quizás sean los únicos argentinos capacitados para tener esa precisión, aceleración, profundidad y verticalidad que el Barcelona le imprime a cada uno de sus ataques en los metros finales del campo de juego.
Otra de sus banderas en este tiempo fue proclamar a los cuatro vientos que “Riquelme es jugador de selección y puede ser convocado”. Esto podría ser cierto, pero no en el contexto que se dijo. Allá por agosto de 2010 cuando estaba en plena recuperación, sin competencia y con una serie de lesiones que en estos dos últimos años lo tuvieron más tiempo fuera del campo de juego que en el mismo. Algo que al día de hoy se mantiene. Primero Riquelme deberá volver a ser importante en su equipo para después pensar en la selección.
Pero como al Checho le gusta hablar, ayer en declaraciones televisivas en TyC Sports fue por más. “El equipo nacional tiene que volver a ser prioridad para todos. Los clubes están muy bien con nosotros, nos dan a los jugadores para que practiquen con nosotros. Los presidentes y los entrenadores también. Tenemos mucho diálogo”, dijo quien hace unos días atrás permitió que Estudiantes no cediera a Enzo Pérez para poder tenerlo en el primer partido de grupo de la Libertadores, no una instancia final.
Por estos días, el Checho aprovecha las horas para trabajar con jugadores del medio local. Algo que cada vez que se intentó chocó con la realidad. Esa que muestra que los que hoy están acá, en seis meses no estarán más. O la que deja en claro que ante la real competencia, siempre se termina recurriendo a los jugadores que están en el exterior.
Y no está mal. Porque imaginar hoy desde la competitividad mediocre del fútbol argentino a Iván Pillud, Gastón Díaz o Ismael Quílez en el lugar que hoy ocupa Javier Zanetti como el entrenador piensa, suena cuanto menos a disparatado.
Pero el punto máximo de sus expresiones de ayer fueron al decir que “no puede ser que en Argentina Giovanni Moreno sea el de mayores cualidades. No puede ser que un colombiano sea el de mejor técnica en nuestro país”.
Quizás desconociendo y queriendo minimizar la pobreza que muestra nuestro torneo argentino hace ya unos cuantos años, buscó en esas palabras la forma elegante de decir que no sobresalen los jugadores nacionales de buen pie.
Aunque claro está, también mostró una alarmante falta de tacto. Porque dar esa afirmación y seguirla con esos parámetros sería no entender como en su tiempo Juan Pablo Sorín fue el mejor lateral izquierdo en Brasil, el país de los laterales; o Gabriel Batistuta el mejor goleador de Italia en el país del genial Paolo Rossi; o Daniel Passarella fue uno de los más destacados zagueros del Calcio en épocas del enorme Franco Baresi.
En definitiva, cuanto más se habla más posibilidades de quedar en evidencia hay. Y eso parece ser una propiedad en esta etapa de Sergio Batista. Por querer quedar bien con toda la prensa que lo “apoyó” en su llegada al seleccionado, sus declaraciones lo vienen dejando en “orsai”.
Mientras gane, quizás nadie se lo reproche. Pero pese a ello, sería mejor hablar menos y empezar a trabajar más. Porque sino, la idea de llevar a la selección el juego más parecido posible al Barcelona, quedará tan lejos como quedan Buenos Aires de Cataluña.
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