Política

Berta Carranza, la hija de uno de los fusilados en Operación Masacre: «Defiendan los derechos que una vez defendimos nosotros»

Es una de las querellantes que declarará en el Juicio por la Verdad que se hará este año, la noticia de la elevación a juicio se dio hace apenas unas semanas

Quizás por su potencia, quizás por su magnetismo, a muchos se nos quedó grabada esta oración desde la primera vez que la leímos: “Nicolás Carranza no era un hombre feliz, esa noche del 9 de junio de 1956”. Podría ser un cuento —es el truco— pero es una de las investigaciones periodísticas más importantes de Argentina.

Sigue así: “Al amparo de las sombras acababa de entrar en su casa, y es posible que algo lo mordiera por dentro. Nunca lo sabremos del todo. Muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba, y en la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra”. Es la puerta de entrada a Operación Masacre, escrita por el periodista, escritor y traductor Rodolfo Walsh. Publicada, por primera vez, en entregas en 1957 y convertida en libro años más tarde. Hoy este libro forma parte de la evidencia más importante presentada ante el Tribunal Oral de San Martín en la causa que investigará los fusilamientos cometidos en José León Suárez en junio de 1956, nueve meses después del derrocamiento de Juan Domingo Perón y durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu.

Nicolás Carranza es primer personaje que presenta Walsh y en esas páginas, al describirlo a él y a su familia y su vida cotidiana, nombra también a Berta Carranza: ”Y ahora estaba sentado en el sillón del comedor, hamacando en las rodillas a Berta Josefa, de dos años”.

Ahora, setenta años más tarde, al otro lado de la línea, Berta atiende a este medio. Militante peronista de toda la vida, hoy es querellante y comparte cómo se siente ante el reciente anuncio de elevación a juicio de la causa que permaneció impune durante tantas décadas. Ya declaró en la etapa de instrucción y, ahora, cuando se anuncie la fecha de inicio, volverá a hacerlo.

—De mi padre no tengo recuerdos propios, los recuerdos que te puedo contar son lo que me contaron a mí. Mi madre, en la casa, me contó siempre lo que fue como padre y cuál era su militancia, que estaba en el gremio de la Unión Ferroviaria. Organizaba cosas en el barrio porque él era un militante social y militaba en el peronismo en el gremio donde él trabajaba. Y después hay unos compañeros de mi papá que sobrevivieron y tuve la posibilidad de charlar también, y nos contaron. No tengo fotos con mi papá.

Esos compañeros que conoció son Norberto Gavino, con quien militó su campaña para ser intendente en San Isidro en 1973, y Julio Troxler, asesinado por la Triple A.

Por desidia de la justicia y de los distintos niveles del Estado, la mayoría de quienes conocemos esta historia es por el libro de Walsh. Es también lo que dice Berta en la conversación. Cuenta que leyó el libro de joven y también vio la película de Jorge Cedrón (1973), pero dice que ahora le cuesta volver a esas páginas y terminar los capítulos. Le duele demasiado.

https://elciudadanoweb.com/despues-de-70-anos-por-primera-vez-habra-un-juicio-por-los-fusilamientos-narrados-en-operacion-masacre/

En relación al juicio, hay algo que la ilusiona, piensa que el caso podría tener más llegada:

—Que se lo declare un crimen de lesa humanidad nos va a dar la posibilidad de que esta historia sea contada en los libros también, que se tenga que estudiar esta parte de la historia. Porque más allá de que ellos eran peronistas, eran personas que defendían la democracia. Pedían volver al estado de derecho mediante unas elecciones, porque para eso era el levantamiento del general Valle. Y a través de las elecciones, el retorno de Perón.

El regreso de Perón del exilio fue una de las consignas que marcó la propia militancia de Berta, cuando de adolescente se sumó a las filas del peronismo. Muy brevemente acota que se tuvo que “esconder”, que fue el único momento de su vida en que no vivió en Boulogne, provincia de Buenos Aires: “Fue así, me tuve que esconder. Pero en esta instancia quiero hablar de mi padre y no de mí”.

—Muchos piensan que la historia de lucha del movimiento peronista empezó en los 70 y eso no es así. Empieza con los bombardeos en 1955 y sigue con los fusilamientos en 1956. Los 70 son consecuencia de todo lo que pasó antes. Y eso es lo que nosotros queremos que se sepa también a través de este juicio.

Chicanea:

—Hay que contar la historia completa, como dicen los gorilas ¿viste?

Casi toda la conversación, Berta volverá sobre lo mismo: la sensación de que ellos fueron olvidados incluso por el propio movimiento del que fueron y siguen siendo parte.

—Durante muchos años pensábamos en hacer un juicio para que los culpables paguen. El tema es que nosotros no estuvimos acompañados por el Partido Justicialista ni por el movimiento, que son de quienes esperábamos eso. Fuimos abandonados por mucho tiempo. A esta historia la escondieron. Pero sale a la luz. Nosotros, los hijos, nos empezamos a juntar y formamos la comisión de las familias para empezar a exigir los derechos que no tuvieron las madres nuestras ni nosotros mismos cuando éramos chicos.

Cuando fue el 40° aniversario, en 1996, conformaron esta comisión. Recién en 2023 lograron, acompañados por la Comisión de la Memoria de San Martín, impulsar esta causa y exigir un juicio por la verdad.

—Pero siempre, siempre fuimos últimos en todo. Hasta en este juicio. Nosotros pedimos justicia desde siempre, desde hace 70 años. Mi madre se fue sin que le correspondiera un mínimo de justicia por lo que hicieron con su marido. Y nosotros, la propia familia, van pasando los años y nos vamos quedando en el camino. Estamos hablando de un hecho histórico. ¿Hasta cuándo vamos a seguir esperando que mínimamente hagan este juicio por la verdad? Creo que cada cual junta su molino. Nosotros nos tuvimos que conformar con el juicio popular. ¿Me entendés? Con eso nos tuvimos que quedar, con el juicio que hicieron los compañeros para nosotros, que para mí en lo personal fue reivindicativo hacia ellos, los fusilados. Pero de parte de los otros sectores, no tuvimos acompañamiento de nadie, y eso fue lo que supuestamente llaman la izquierda peronista.

Con esto último se refiere al asesinato de Aramburu el 1 de junio de 1970, hecho que fue reconocido por la organización guerrillera de Montoneros. Fue, de hecho, la carta presentación a la sociedad del grupo armado, durante la dictadura de Onganía y ya con 15 años de proscripción al peronismo. Lo sometieron a lo que llamaron “juicio revolucionario” y lo acusaban de tres hechos: los fusilamientos de 1956, la dictadura que impartió y el robo del cadáver de Evita.

Berta vuelve sobre la necesidad de narrar los cincuenta, que aquella década sea reconocida y entre en la tríada de Memoria, Verdad y Justicia que se viene construyendo hace tantos años. Piensa que los jóvenes de hoy tienen que interiorizarse en al historia del movimiento justicialista:

—¿Por qué nosotros defendíamos la política del general Perón? Porque los derechos que adquirimos fueron a través de la decisión política de él. Yo pediría que los pibes estudien y se metan en la militancia del movimiento y defiendan los derechos que una vez nosotros defendimos. La historia no empieza en los 70. Por favor, recuerden que en el 55, ese gobierno constitucional que teníamos fue violentado. Y también fue violentado el pueblo porque nosotros le dimos las armas al ejército y el ejército nos bombardeó como pueblo. Que sepan que la policía de la provincia de Buenos Aires fusiló a los compañeros civiles sin juicio. La ley marcial la instalaron después de haberlos fusilado.

Como buena militante, no escapa a la coyuntura y sobre el espacio político del que se sintió parte toda la vida dice:

—En el movimiento estamos destruidos y se están peleando entre ellos. Nosotros, los jubilados, ¿cómo llegamos a fin de mes? Con la ayuda de los hijos, porque no podemos llegar con la miseria que se cobra.

Habla de las jubilaciones, de la reforma laboral y su tono muestra cierta exasperación: ¿cómo es que la sociedad argentina está aguantando estos atropellos? Entonces, apunta como quien dicta una orden o espera hacer llegar su legado:

—Que los jóvenes lean la historia. Que defiendan los derechos que una vez defendimos nosotros.

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