La economía brasileña sigue bajo fuego, enfrentando masivas salidas de capitales tras la pérdida del Grado de Inversión y depreciando su moneda al ritmo de la caída de la actividad. Analistas privados estiman que el producto interno bruto (PIB) caerá entre 2,5 y 3 por ciento en 2015, traccionado a terreno negativo por todos los sectores con la excepción del agropecuario, según un informe del instituto de investigaciones económicas de la Fundación Mediterránea, Ieral.
El documento elaborado por la investigadora Eliana Miranda mencionó que el dólar rompió el techo de los 4 reales durante la última semana de septiembre, lo que forzó al Banco Central a intervenir con fuerza en el mercado de cambios.
El gobierno de Dilma Rousseff se enfrenta ahora con un problema que está minando el consumo: la inflación superó en agosto el 9,5 por ciento interanual, y el alza del tipo de cambio podría empeorar esa situación.
El Banco Central de Brasil ha procurado detener el aumento de precios con el alza de la tasa de interés de referencia (Selic), que desde fines de julio se ubica en 14,25 por ciento. “Las nuevas presiones dificultan su descenso en 2016, complicando aún más el cuadro recesivo”, advirtió el Ieral.
El deterioro del real y el aumento de la inflación fueron acompañados por un empeoramiento de las condiciones crediticias. “Hay riesgos asociados a la capacidad financiera de las empresas para devolver esos préstamos, en caso de que perdure por varios trimestres más la recesión”, agregó el instituto.
Desde el plano político, los acuerdos que Rousseff y el Congreso logren serán clave para la estabilidad de Brasil. “El reequilibrio de las cuentas públicas es difícil de lograr, pero sería imposible si la oposición le bajara el pulgar al gobierno”, completó el Ieral.
El documento agregó que el Poder Ejecutivo brasileño se enfrenta con la imposibilidad de llevar las cuentas públicas al terreno positivo en el corto plazo. Y puntualizó que el 90 por ciento del gasto público es rígido, afectado a jubilaciones, asistencia social, educación, salud y gasto en personal. Por lo tanto, ante una desaceleración de la economía como la que se verifica en la actualidad, no puede ser ajustado.
El Ieral también mencionó que Rousseff tampoco tiene margen para aumentar los ingresos: la carga tributaria se ubica en 34 por ciento del PIB, superando por más de 5 puntos porcentuales a la mayoría de las economías emergentes.
“La solución pasa por hacer reformas estructurales que aseguren la solvencia del país en el largo plazo, con revisión de la estructura del gasto, de los sujetos que hoy reciben los beneficios, en la búsqueda de un mejor uso de los recursos”, aconsejó el instituto.
Y completó que la revisión también debe hacerse por el lado de los ingresos públicos, dado que no es sólo el nivel de la carga sino también la compleja estructura tributaria lo que hoy está afectando la productividad.
“Profundas reformas no sólo tendrán un impacto real en el largo plazo sino que además tienen el poder de torcer en el presente el rumbo de las expectativas”, mencionó el Ieral.
