Camilo Scaglia es historiador recibido en la Universidad Nacional de Rosario, docente y ex funcionario de la Secretaría de Desarrollo Territorial durante la gestión de Omar Perotti, cargo que asumió a los 29 años, a dos meses de que se decretara la fase uno de la pandemia. Condujo el podcast La Rosario que supimos conseguir y produce contenido audiovisual sobre historia rosarina. Sostiene que la historia es una herramienta de la militancia y que su rol como divulgador no es guardarse lo que sabe, sino lograr que otros se interesen por el pasado.
En diálogo con el stream Política de El Ciudadano, Scaglia recordó su paso por la gestión provincial, pero fue en el cruce entre historia y política donde más se detuvo: el uso del pasado por parte del gobierno de Javier Milei, la construcción de un relato libertario que considera novedoso y contradictorio, y los desafíos del peronismo de cara al futuro.
Un gobierno que hace uso del pasado
“Todas las gestiones, sobre todo las nacionales, hacen uso del pasado para apropiarse del presente”, afirmó Scaglia. “Cada gestión le da una utilidad a nuestros próceres y a determinados acontecimientos y selecciona ese contenido. Y así desde Mitre, que es el primer presidente que escribe la historia oficial de nuestro país, hasta la actualidad”, agregó.
Sobre si el gobierno de Milei se parece a algún momento de la historia argentina, Scaglia fue categórico: “A diferencia de lo que hablo con muchas otras personas que dicen que no tiene historia, que está vacío, yo considero todo lo contrario. Él hace un uso del pasado que es bastante fuerte”.
A manera de ejemplo, explicó: “A veces busca recuperar la figura de Juan Bautista Alberdi, la cuestión de la Constitución, y tratar de ponerse como heredero de ese proceso revolucionario, porque tanto Belgrano como San Martín también hablaban de la cuestión de la libertad. La noción de libertad en 200 años ha cambiado y significa otra cosa completamente distinta. Ahora, él habla de una libertad individual, y lo que estaban buscando esos próceres era la libertad colectiva de un pueblo, de una comunidad que se estaba organizando”.
“Si buscamos en gestiones políticas nacionales que se parezcan, la verdad no hay nada. Es una novedad completamente absoluta. Por ahí, si me tirás de los pelos, me puedo ir a algún monarca posterior al contexto francés previo a la Revolución Francesa, que tenía algunas ideas delirantes en torno a su estilo de vida y su relación con las personas que lo rodeaban”, resumió.
“Él también hace una construcción histórica religiosa que va más allá, con una filosofía en torno a la fuerza del cielo. Es bastante paradójico y no se puede asemejar en nada a algo que tenga que ver con nuestra historia”, advirtió.
El peronismo y el riesgo de esperar la caída
“Yo creo que si esperamos que el peronismo gane porque pierde Milei, no tenemos nada que aportarle a la Argentina que se viene”, sostuvo Scaglia, ya puesto a considerar las chances electorales y el potencial armado peronista para competir en la próxima elección presidencial. “Para ser opción electoral hay que empezar a generar distintos puntos de encuentro. ¿Qué de futuro ponemos en el presente? Veo que hoy en día estamos todos muy concentrados en conservar la tribu y no pensar en el conjunto. Como argentino, uno no quiere que a otro argentino le vaya mal, pero tampoco podemos estar esperando que se caiga absolutamente todo, que se derrame este castillo de naipes que armó Milei para poder ganar nosotros. Faltan puntos de encuentro, una dinámica de concertación mayor, y eso va a empezar a generar opciones, formas y estrategias de gobierno”, resumió.
Scaglia profundizó en lo que considera una discusión pendiente dentro del peronismo: la aparición de un nuevo electorado que ya no responde a los parámetros históricos del movimiento. “Empezamos a encontrar un nuevo electorado. Actualmente el electorado tiene billeteras virtuales y hay una problemática en torno al endeudamiento, en torno a la forma de las transacciones que es completamente diferente al que entendíamos hasta este momento”, plantea.
También advirtió sobre el peso del contexto internacional: “Cuando Trump da un mensaje: ‘Si pierde Milei explota’, mucha gente piensa con el bolsillo. Hay que ver también cómo le va a Trump ahora en la elección de medio término para ver cómo repercute el año que viene en una elección a nivel nacional”.
Sin embargo, encuentra en ese escenario una luz de esperanza. “Dentro de todo eso también hay una noción de esperanza, porque vos ves que si estos mecanismos de cómo Estados Unidos tiene incidencia en los países latinoamericanos puede perder fuerza y al perder fuerza, y al ser tan dependiente Milei de la estructura de gobierno norteamericana, también puede flaquear. Y ese flaquear a nosotros nos tiene que encontrar fuertes. A todo el arco político que entiende que este modelo liberal actual que nos está llevando adelante Javier Milei nos termina haciendo chocar la calesita”.
Santa Fe: una lógica que se replica
Sobre Santa Fe, Scaglia señala que ocurre algo muy parecido a lo que pasa a nivel nacional. “Lo nacional se traslada a cualquier escenario local, lamentablemente, porque para el peronismo primero está la Patria. La noción de Nación es tan fuerte que por un lado puede ser ordenadora y por otro lado no. Esta tensión que se está viendo estos últimos años hace que repercuta inevitablemente”.
Para Scaglia, esa fragmentación no es solo una cuestión de conducción, sino que responde a una dinámica más profunda: la dificultad de construir acuerdos cuando cada sector prioriza su propia supervivencia. “Cuando charlas fuera de cámara y del otro lado del teléfono, me parece que debería haber nuevos puntos de encuentro”, apunta. Y agrega: “Pasa incluso hasta en las gestiones que son gobierno. Vos querés resolverle algo a la gente y no podés porque no estás alineado con tal sector. Eso es lo que hay que empezar a romper”.
En ese sentido, rescató como modelo la experiencia santafesina de políticas de Estado que trascendieron los signos políticos. “Me parece saludable algo que se ve en la provincia de Santa Fe, que una cuestión esté por encima de cualquier diferencia partidaria, algo que a nivel nacional no está ocurriendo y desde los lugares más altos de la política tampoco se baja esa línea”, afirma. Y ejemplificó con la continuidad de proyectos como los Juegos Suramericanos o la reforma constitucional: “Hay toda una historia institucional de nuestra provincia, desde Estanislao López hasta la fecha, donde muchas veces la cuestión del bienestar común está por encima de cuestiones individuales”.
Malvinas: “Se acordó tarde”
“Cuando Milei tuvo la oportunidad en su gobierno de ponerse por encima de la causa malvinense, que fue en el momento del mundial que se juega contra Inglaterra, donde todo el mundo estaba mirando ese partido y los jugadores decidieron poner esa bandera inesperadamente, no lo hizo. Hizo todo lo contrario. Recriminó a los jugadores y se recriminó que se haya puesto la bandera que las Malvinas son Argentinas. Y tiempo después, por una cuestión de necesidad de Estados Unidos de mantener el eje del continente americano bajo la órbita yanqui, ahí se puso a favor de la cuestión Malvinas, porque hubo una tensión entre Inglaterra y Estados Unidos. Así que se acordó tarde”.
Rosario: una ciudad sin fundador
Consultado sobre la celebración de los 300 años de Rosario, Scaglia relativizó ese número: “El año pasado a los historiadores nos dio de comer. Uno celebra el debate, pero la realidad es que Rosario no tiene fundación ni fundador ni fecha, a diferencia de las grandes ciudades de nuestro país, pero eso no lo hace ni buena ni mala. Algunos sectores sienten como una orfandad no tener fundador y hay una necesidad de ponerle un día. Me parece que el espíritu de Rosario o la grandeza que tiene como ciudad se fue haciendo así, a la que te criaste. El no tener fundación ni fundador lo hace ser una gran ciudad latinoamericana, salvando las distancias: Ciudad de México, Lima, Cuzco, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, que son las principales ciudades, tienen fundación y fundador. Rosario no la tiene y aún así terminó siendo la segunda ciudad de nuestro país”.
Sin embargo, sí rescata un hito: “Lo que sí es un dato real es que en el año 1852, el 5 de agosto, el gobernador Crespo decretó a Rosario como ciudad y eso le permitió regularizar la aduana, normalizar el rol del puerto para el modelo agroexportador que venía siendo de manera ilegal en ese momento y donde Buenos Aires tenía una incidencia directa. Es lo que permitió hacer el primer puerto agroexportador a nivel mundial, superando incluso el puerto de Santos, el puerto de Nueva Orleans. Ese fue un hito para la ciudad de Rosario”.
La historia como herramienta de militancia
Sobre su vocación de divulgador, Scaglia contó: “Estuvo en suspenso durante 4 años que me enfoqué 100% en la gestión, pero nunca perdí de lado la divulgación histórica y observaba que tanto en la secundaria como en la universidad había un vacío orientado hacia la ciudad de Rosario. En la secundaria nos suelen enseñar qué pasó en la Primera, en la Segunda Guerra Mundial, algo de la Revolución Rusa, la posguerra, el estado de bienestar, la crisis económica de los 70, pero con un enfoque bastante europeo, dejando de lado todo lo que tiene que ver con la historia argentina. En la Universidad veíamos todo a través de un enfoque bastante porteño. Las materias son cuatrimestrales, había que en poco tiempo y en mucho paro tratar de enseñar la mayor cantidad de contenido posible, y siempre estaba centralizado en Buenos Aires. Rosario quedaba de lado. Entonces nos empezamos a preguntar qué pasaba en Rosario en 1810, qué pasaba cuando se crea la bandera, qué rol ocupaba Rosario en la provincia de Santa Fe y dentro del sistema político nacional y todo el siglo XXI. El podcast que hicimos en 2024, La Rosario que supimos conseguir, resume de alguna manera eso y trata de incorporar a Rosario con una mirada historiográfica y que a través de una herramienta cualquiera pueda escucharlo».
“Uno como historiador busca cuál es el rol del historiador o qué quiere hacer con la historia. Ir a mi casa, ponerme a leer y me voy a dormir y ya está. Mi interés pasa en que el otro sepa o que el otro se interese por la historia. A través de los videos hay gente que se entretiene, hay gente que aprende. Mucha gente me ha escrito diciendo: ‘Che, qué bueno que está esto, tenés que seguir haciendo más’. Uno trata de incorporar permanentemente material audiovisual porque es lo que los chicos actualmente consumen”, agregó Scaglia.
Sobre su paso por la función pública, Scaglia recordó: “Fue bastante complejo porque yo tenía 29 años y a los dos meses ya estábamos en fase uno de la Pandemia. Fue un recorrido de aprendizaje, un curso intensivo. Se habían cortado trabajos, se habían cortado changas, había sectores laborales que se habían perdido completamente y el Estado tenía que estar porque no había otro mecanismo para que la gente pudiera subsistir”, recordó.