Se ríen mucho de ellas mismas, viven a pleno y confiesan que el haberse jubilado marcó un momento de alivio en algunas y otro de tristeza en otras. Pero todas coinciden en que hoy, con sus entre setenta y ochenta y pico de años, son felices y se permiten hacer lo que les gusta, más allá de las posibilidades económicas. Son mujeres integrantes del grupo Papelnonos, una formación que en Rosario lleva ocho años de existencia, “sin ningún hombre, porque son muy tímidos”, reclamó una de las integrantes.
Los Papelnonos es un resultado del musicoterapeuta Jorge Strada. El profesional creó una formación de jubilados y jubiladas en Mar del Plata con el fin de presentar conciertos con instrumentos realizados con papel, además de obras teatrales. Desde entonces, dispersó la idea por todo el país y llegó a Rosario hace ocho años.
“En Mar del Plata llegaron a ser unos 114 integrantes, mientras que en Rosario somos un grupo de unas dieciocho mujeres de 77 años promedio. “El objetivo de Papelnonos es encontrar un espacio donde canalizar, a través de la música, las ganas de hacer algo, en especial en personas mayores”, explicó Felisa Arelovich, una de sus integrantes.
Myriam Tkach fue la impulsora de implementar la idea de Strada en Rosario. “Ella fue nuestra primera coordinadora”, recordó Titina Sívoli. Estuvo casi cinco años al frente del grupo, y antes integraba el Centro de Jubilados del Arte de Curar según recordó Sívoli.
A lo largo de estos años, las damas se han presentado en geriátricos, centros de día, en el Hogar de Huérfanos, en hospitales, cumpleaños y aniversarios. “Vamos donde nos llaman”, resumió Amelia Passo, la más colorida, bronceada y vital del grupo.
A algunas se les llenan los ojos de lágrimas cuando recuerdan a las compañeras que “partieron de gira” en los últimos meses. “Pero hay que seguir adelante”, sostuvo una, sobreponiéndose a la agustia del luto.
“Nuestras canciones tienen melodías conocidas pero la letra está adaptada a historias de adultos mayores. También hay algunas canciones para los chicos”, comentaron. Al mismo tiempo, remarcaron que su trabajo es “algo diferente a todo lo que se ve”. “Nuestro vestuario consiste en pantalones negros y un chaleco que brilla mucho, porque eso es lo que buscamos: impactar, brillar e invitar a la gente a que se sume en nuestro espectáculo, que cante con nosotras, que baile o bien que se anime a hacer algo que le gusta en esta etapa de la vida”, expresaron. Además, Golde dijo emocionada: “Nuestros nietos ya se saben las canciones y están felices de ver a sus abuelas ensayando”.
Mostrando las ganas de vivir que las animas las integrantes de Papelnonos recuerdan a una emblemática del grupo, que participó del mismo hasta hace poco, teniendo 92 años: “Tuvo que dejar de ensayar por problemas en la vista; si no, hubiera seguido con nosotras, sin dudarlo”.
¿Qué las unió a Papelnonos?
“Soy farmacéutica jubilada. Cuando me retiré tenía ganas de hacer cosas que no había hecho en mi vida, como cantar, tejer, pintar. Tenía la farmacia, dos hijos, la casa, mi madre y mi marido, nunca tuve tiempo para mí. Ahora pinto, y desde que me sumé a Papelnonos no salí más”, dijo Titina (83). En tanto, Felisa (80), expresó: “Cuando nos reunimos a ensayar nos olvidamos de todo. Es como una terapia”, señaló Felisa, y enseguida agregó: “Cuando me jubilé me pude dedicar a la casa, a mis hijas, a pasear y a un coro del que me encantó participar. Y cuando conocí el grupo no dudé un segundo en sumarme”, dijo Felisa, quien, junto a su cuñada Golde tenían a su cargo la boutique Loreta Trapoteka. “Una vez que dejé de trabajar quise hacer todo lento”, señaló Golde.
A este grupo de mujeres emprendedoras no las para nada, ni siquiera la edad, y con las ganas de vivir que las empujan a hacer lo que les gusta intentan contagiar a sus pares en este camino a la felicidad. Hay veintisiete delegaciones de Papelnonos en Argentina, además de las de México, Ecuador y Chile. Todas con sus instrumentos de papel, todos con las ganas de salir adelante y permanecer en actividad. O bien, como dice una de sus canciones: “No sólo es bueno saber mirar atrás, también es sabio saber que aún hay más”.
