El ministro vinculó ese proceso con la posibilidad de sostener el crecimiento en el tiempo, algo que —según afirmó— Argentina no logra desde hace más de una década.
En materia fiscal, defendió con firmeza el rumbo del Gobierno y subrayó que el superávit fiscal es una condición innegociable, diferenciándose de experiencias anteriores. A su vez, planteó que la reducción de impuestos es un objetivo, pero que depende de una expansión económica previa: el camino, explicó, pasa por “recaudar más mediante el crecimiento y la formalización de la economía”.
En ese marco, introdujo el concepto de “inocencia fiscal” como herramienta para reducir la informalidad y sostuvo que, si el país crece entre el 6% y el 8% anual, “en sólo dos o tres años se podrían eliminar tributos distorsivos”, como las retenciones o el impuesto al cheque.