Rosario, martes 04 de agosto de 2026
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Rosario, martes 04 de agosto de 2026

Carne de vigilancia: cuerpos, algoritmos y la fantasía del control

Cada vez más personas documentan en público su cambio de hábitos. Detrás de la promesa de recuperar el control sobre la propia vida, el algoritmo premia la continuidad, convierte el cuerpo en contenido y hace de la exposición una forma cotidiana de disciplina
Carne de vigilancia: cuerpos, algoritmos y la fantasía del control

Scrolleo y aparece: día 214. Un cuerpo que fue de un modo y ahora es de otro, la fecha como subtítulo de una épica de la exposición.

Sigue el scroll. Misma narrativa.

Ya no parece una excepción, no es un momento de inspiración, ya es un género o subgénero de redes sociales.

Documentar de manera pública la rutina se torna en un relato serializado, capítulo x capítulo, hasta un final que no se sabe cuándo ni cómo llegará.

Este no es un fenómeno nuevo. La televisión ensayó esta lógica mucho antes. Desde transformar casas y autos, a intervenir personas: de joven pueblerina a modelo fatal, de gordo amante del sillón a gym bro fit, de ama de casa vencida a sofisticada referente de elegancia. Un espectáculo de la superación, un show morboso del sí se puede, meritocracia de carcasa.

Pero el canal elegía a quien o a quienes, la productora montaba la exposición, y, según los números que devolvía el rating y el impacto en los programas de chimento, se decidía qué mostrar y cuándo cortar.

Hoy ese ejercicio, esos intermediarios, ya no están.

La persona se autoproduce. Es protagonista, camarógrafo y editor de su propio proceso. Y en esa autogestión nadie la vigila. Ella misma prende la cámara y se agacha, sonriente, para calzarse una suerte de tobillera de prisión: su fantasía de control.

No interesa si la razón es búsqueda de fama, monetización, motivación, ya que el dispositivo funciona igual sea cual sea la intención. Se puede empezar por una necesidad genuina y terminar necesitando al algoritmo para sostener la rutina que ya se volvió pública. La exposición no es un medio neutro para un fin propio: genera su propia lógica de continuidad. El cuerpo, sin buscarlo del todo, se acopla a esa demanda.

Ahí aparece el riesgo que menos se nombra. Más allá de que haya un equipo de profesionales que acompañe, los likes marcan el ritmo de la narrativa: «hace un reel», «mostrá el pesaje», «contá cuánto cambiaste». El conflicto, bajo esta línea de análisis, no es la ausencia de profesionales, es que el público entra a formar parte del proceso que no le pertenece.

No se trata de sospechar de quien decide mostrarse. Se trata de una pregunta: ¿quién termina modulando el proceso —el profesional que sabe, los tiempos propios del cuerpo, o la respuesta de los seguidores en tiempo real?

La tensión se torna porosa: cuando alguien publica un proceso de cambio de hábitos, no solo muestra un cuerpo: habilita opinión sobre él. Cada comentario, cada like, cada silencio también dice algo. Y esa mirada ajena —masiva, simultánea, anónima— empieza a competir con el propio criterio, o directamente a reemplazarlo.

La cámara que prendiste vos para vigilarte ya no te vigila sola: la acompañan miles de ojos que opinan, corrigen, felicitan o castigan en tiempo real. El panóptico, ese dispositivo que Foucault describía como una torre central desde donde alguien podía vigilar sin ser visto, se completa así de un modo nuevo: la torre ya no está en un punto fijo, afuera. Está distribuida en cada pantalla que mira, y en el medio, sosteniendo la cámara, estás vos, vigilando tu propio proceso, tu registro: rendición de cuentas para el algoritmo.

Quizás el problema no sea solamente que mostramos el cuerpo. Quizás el problema sea que aprendimos a convertirlo en evidencia. Cada día una prueba nueva. Cada día un registro nuevo. Cada día una confirmación de que seguimos dentro del proceso.

Por eso, ¿hiciste tu registro de hoy?

Registro diario- Carne de vigilancia ACÁ

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*Licenciada en Ciencia Política (UNR), militante por la diversidad corporal, anticapacitista, docente universitaria, trabajadora en la Secretaría de DDHH de la UNR. Contacto: rominasarti@gmail.com